Actualizado: 18/10/2021 10:15
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Teatro

Del aire en Ayestarán

En su montaje de Aire frío, Carlos Celdrán sitúa a la legendaria familia Romaguera en un tiempo y un espacio que, por ser tan habituales, se tornan sublimes, sustraídos precisamente de todo contexto preciso

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Alrededor de estos primeros meses del año, sobre los cuales vagan fechas conmemorativas de sentida trascendencia, el país inaugura oficialmente las deferencias artísticas por el centenario del natalicio de Virgilio Piñera, quien desde su reposo quizá todavía continúa ofreciendo muecas no solo para escribientes, sino para creadores todos, deudores de una de las obras más importantes de la dramaturgia cubana, la de un poeta lanzado siempre al abismo de la Isla que lo vio nacer en la provincia de Matanzas.

Si solo bastara con opulentos homenajes o decadentes pulcritudes de textos reeditados, para traer a colación al autor de La Isla en peso, entonces daríamos por enterrado de una vez el asunto de la recordación, por ser éste propósito leve a la hora de sopesar las reliquias culturales del mencionado autor en comparación con el breve y cortés cumplido de nuestra dirección cultural. Pero afortunadamente, los cien años de Virgilio Piñera son celebrados de maneras diversas por artistas de la escena. Entre ellos, el director de teatro Carlos Celdrán, quien con su grupo Argos Teatro repone la obra Aire frío, de un Piñera en el país que actualmente siente calores diferentes a las exhalaciones de hace medio siglo atrás, justo cuando Humberto Arenal la estrenara.

Una vez más, la pieza es traída a las tablas cubanas, en esta oportunidad a las de Ayestarán y 20 de mayo, sede de la agrupación que ha ido consolidando un tipo de teatro realista, con el que los espectadores han ido, asimismo, vigorizando la mirada hacia obras tratadas de esta manera. Celdrán arriesga con Aire frío públicos ya marcados por demasiadas crisis, predispuestos hacia otras realidades similares a las cotidianas. Por ello, representa el texto dramático desde la conjunción de elementos propiamente escritos y elementos escénicos, con los cuales propone una puesta donde la continuidad de las escenas, sus transiciones y signos, complementa la recepción de los espectadores, a los que se les propone conflictos y personajes sintetizados de la sociedad cubana, ¿contemporánea?. Solo si se desea identificar como tal a las circunstancias de vida de la familia Romaguera, que pueden ser las de cualquier hogar de este país.

Sobre el asunto mucho se ha discutido. Luz Marina desea por sobre todas las demás aspiraciones, un ventilador, que le purifique no solo el cuerpo, sino un espíritu encerrado en las cuatro paredes de una casa deteriorada, donde todos sus habitantes acumulan propósitos y en la que constantemente se desbordan voluntades quebradas, para al final dejar que transcurran las tempestades y sus calmas en constante enfrentamiento. Así, sus padres Ángel y Ana conviven para sostener el núcleo familiar. Su hermano Oscar, poeta, no desea emplearse en otro oficio que no sea su escritura. Otro hermano, Enrique, se abstiene ante la obligación de ayudar económicamente a la familia. Mientras que Luis, mayor de los hermanos, regresa de New York sordo, para confirmar que los problemas planteados tendrán que resolverse en la casa.

Percibo la falta de recursos frente a las necesidades de Luz Marina, por ejemplo, quien tiene calor y quiere comprar un ventilador, pero no puede porque su hermano Enrique no le ayuda económicamente, porque necesita dinero para sostener la casa, porque desea ayudar a su hermano Oscar en su libro de poemas, porque quiere vivir y no puede. Por lo que reacciona de manera agresiva ante cualquier enfrentamiento, a la vez que afirma racionalmente que un pez no puede nadar en el asfalto, o se reconoce en una estrofa de Oscar, cuando este señala en un verso que ve rodar las lágrimas de su hermana. Así, su irritación contrasta con situaciones pasionales como el extravío quimérico de ganar la lotería, o con momentos de tranquilidad, mientras afirma adormecida su deseo de comer al día siguiente carne con papas.

Estas oposiciones traen consigo otro de los conflictos, la preservación de la unidad familiar frente al ejercicio de las voluntades personales como expresiones de un sentido de vida. Así, la relación de Ángel con su sobrina Beba atenta contra la sostenibilidad de la familia. La poca ayuda económica de Enrique ocasiona seguidos enfrentamientos con Luz Marina, quien trata en todo momento de hacer explotar la intimidad. El viaje de Oscar a la Argentina para encontrar dónde sostenerse, mientras se despide del hogar en una escena donde los enfrentamientos de la familia ceden a la verdad del amor, climatiza la inercia familiar. La voluntad de Enrique, además, de enfrentar la ociosidad de Oscar, agrediéndolo por su condición de poeta, resquebraja e impulsa a su vez el hogar.

El conflicto implícito de la homosexualidad

Precisamente, alrededor de la homosexualidad de Oscar, conflicto implícito en la obra, se esconde otra de las temáticas del texto. No solo a su familia colocó Virgilio en Aire frío, sino a su propia esencia, más allá de envoltorios de celofán o de caricaturas hiperbolizadas de un poeta, que por ese entonces y por este acá, cómo no, era y todavía continúa siendo “medio raro” para la sociedad, sexualmente hablando. A quienes conocemos testimonios relacionados con la vida personal de Virgilio Piñera se nos hace muy fácil comprender la sexualidad de Oscar en esta obra, alter ego dramático de su escritor. Pero el lector general, sépase sin necesidad u obligación de saber detalles privados del autor, se le propone un carácter que comienza enseñándole a su hermana, desde la escritura, el verso “El pez de la torre nada en el asfalto”. Poesía modernista, dice Oscar, pero Luz Marina no lo entiende, aunque después rotundamente afirme que la familia es la familia. Luz Marina le pregunta por el amigo que no viene a comer hace unos días. Queda sugerida de esta forma la sexualidad de Oscar, quien fuera de su tendencia literaria evidencia señales que apoyan la opinión hacia la homosexualidad.

El propósito de no trabajar en nada que no sea su escritura, la relación de complicidad con su hermana, los enfrentamientos con los personajes masculinos de la obra como Enrique y Ángel, complementan la afirmación de su inclinación. Para Virgilio no es necesario dilatar los diálogos como terapias sicológicas respecto al apoyo o no de la familia hacia este tema, sino exponer la homosexualidad tal es reconocida con ese mismo proceder en la sociedad, que esconde y a la vez apoya la diferencia. Por eso nos damos cuenta de los signos textuales que a veces están implícitos en una frase poética u otras se cubren en un diálogo como en el que el padre afirma su afición por la guerra mientras el hijo dice que lo suyo es la poesía, sencillamente. Han quedado sosegados tres conflictos que tienen validación en el texto, tres temáticas a las cuales me acerco porque las considero motivadoras y todavía capaces de cubrirme con emociones.

La estructura de la puesta, en escenas consecutivas sin la separación en los tres actos del texto original, dinamiza el argumento al condensar todas las circunstancias en un gran acto. En este, Celdrán teje su lenguaje escénico con varios signos identificadores del discurso textual y de su propio objetivo como director. De ahí, el diseño de luces de Manolo Garriga, quien ambienta el interior de la casa a través de dos persianas de aluminio por donde entran los rayos del sol o la penumbra de la noche. Colocada una en la pared del extremo izquierdo, y otra en un pasillo al costado derecho de la pared frontal, ambas ventanas propician una atmósfera realista. El espectador, incluso, puede detenerse por un segundo y sentir cómo la dimensión de las luces sobrepasa toda mímesis al lograr una identificación tal que pareciera estar asistiendo a la mirada de una mañana resplandeciente, de un mediodía sofocador, o al silencio lunar de una noche por la que pasean personajes a hurtadillas.

De igual forma, el trabajo actoral iguala en calidad con el diseño de luces. Yuliet Cruz en el personaje de Luz Marina controla sus movimientos en escena, justos y precisos en la interpretación. Su voz puede desgarrarse en ocasiones y contenerse en otras, pero nunca pierde las cualidades expresivas de su carácter actuado. Pancho García, en el papel de Ángel, mantiene la demostración de un actor marcado por la sapiencia de Teatro Estudio, de cuyo seno supo beber para hacernos expresar sencillamente ¡bravo! ante sus pasos seguros y una cadencia vocal real, sin intromisiones representativas ni burdas entonaciones fuera de lugar. Ambos actores son apoyados por caracterizaciones como la de Waldo Franco, en el rol de Luis, quien distingue por el tono vocal agudo, hilarante para el público. Similar en caracterización, Alexander Díaz como Oscar representa un amaneramiento un tanto equívoco, aunque sus intenciones por momentos hacen obviar este detalle. Mientras que Verónica Díaz como Ana, José Luis Hidalgo como Enrique, y Rachel Pastor y Edith Obregón alternando a la vecina Laura, maniobran con actuaciones un tanto fuera de lo que la escena y los otros personajes desean trasmitir, pero igualmente valederas por sí solas, aunque esta diferenciación cause absurdos que pudieron ser eliminados. Por otro lado, el actor Michaelis Cué fue invitado especialmente para que interpretara a Benigno, personaje que llega de visita al hogar de los Romaguera con el propósito de patentizar un invento de inodoro, cuya representación en La Habana confía a su amigo Ángel.

Más allá de una interpretación propia de Aire frío, Carlos Celdrán afirma en las notas del programa de mano: “Encontré así el camino de la versión, deseché la construcción de un dispositivo de época para centrar la acción en cualquier tiempo cubano, y abrir el horizonte a comportamientos y caracterizaciones libres de arqueologías, donde los actores pudieran acercar los personajes a nuevas resonancias”. Y es que exactamente fue este su sentido, proponer una familia legendaria de la dramaturgia cubana en un tiempo y un espacio que por ser tan habituales se tornan sublimes, sustraídos precisamente de todo contexto preciso.

La habanera calle Ayestarán resguarda poesías. Virgilio Piñera vivió en Panchito Gómez 257. Argos Teatro vive en un edificio masónico, ahora teatral, en 20 de mayo. Las coincidencias son motivos que se tuercen en verdades cada día más constantes. De ellas nacen obras de teatro como Aire frío, que no solo es la historia de una familia cubana, sino el devenir de un país extraordinario, tan real como una casa en ruinas, como personas inconstantes, o como el llanto a oscuras de una familia que vuelve siempre al inicio.


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