Actualizado: 22/11/2017 12:21
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Cine, Cine cubano, Arte 7

Delirio y realidad

Este filme es una fiesta para quienes, como Orson Welles, piensan que lo más importante es lo que se queda en el piso del cuarto edición, lo que se corta

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El documental Nadie, reúne a dos figuras de la cultura, que no se parecen a nadie. Rafael Alcides, el protagonista que se encarna a sí mismo, es un poeta ninguneado en Cuba, donde desde hace ya varios años es una no-persona, una persona non grata o una persona ingrata. Miguel Coyula, el realizador, es también una figura oficialmente inexistente en Cuba. Lo conocen todos los que están en el ambiente del cine, pero su nombre se susurra en los pasillos del ICAIC. Sus filmes no se distribuyen en la Isla. Ambos son víctimas de la poderosa censura que aún mantiene su supremacía en el empobrecido mundo intelectual cubano. Ambos también tienen en común una tozuda fidelidad a los principios que rigen su visión artística.

Alcides fue un hombre que compró la utopía que vendió Fidel Castro en 1959 y aún, contra toda esperanza y desdeñando la pedagogía de los hechos, sigue creyendo en las promesas de entonces, aunque no en el fenómeno al cual dieron lugar. Coyula creció bajo esas promesas. Ambos creen que, si esas promesas fueron tangibles alguna vez, hace tiempo que se evaporaron y dieron paso a una maquinaria de aniquilación.

Rafael Alcides (Barrancas, 1933), ejerció varios oficios, como panadero, exterminador de insectos, vendedor de seguros y otros, antes de 1959. Al triunfo de la revolución cubana, asumió cargos de importancia en el Ministerio de Relaciones Exteriores, hizo apariciones en la televisión como portavoz de ese organismo y luego, por más de treinta años trabajó como libretista, comentarista literario y director en el Instituto Cubano de Radio y Televisión. Publicó varios poemarios, en 1965 ganó mención en el concurso Casa de las Américas por su novela Contracastro, título que le acarreó problemas, aunque es engañoso, no es un libro anticastrista. En 1967 publicó el poemario La pata de palo y ahí fue la primera vez que cayó en desgracia. No publicó más hasta que apareció Agradecido como un perro en 1983. Publicó tres poemarios más, siendo el último casualmente titulado Nadie en 1993 y a partir de ahí fue desaparecido del mapa cultural de la Isla. Fue rescatado unos diez años después por escritores y publicaciones del exilio. En la Isla sigue sin existir.

Miguel Coyula (La Habana, 1977), estudió en la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños. Comenzó haciendo cortometrajes, debutando con Pirámide en 1996. Alrededor de 2002 obtuvo una beca en el Lee Strasberg Theatre Institute de Nueva York y aprovecha su estancia para filmar su primer largometraje, Cucarachas rojas (2003), un filme interesante que produjo con un presupuesto de $2.000. Más tarde, tras obtener una beca Guggenheim en 2009, realizó su segundo largometraje, Memorias del desarrollo, basado en la novela homónima de Edmundo Pérez Desnoes. Trabaja en silencio en la Isla y muchas veces completa sus proyectos en el extranjero. Se empeña en producir un cine antediluviano que le permita proteger su integridad artística, lo mantiene lo más alejado posible del aspecto industrial y del colaborativo, siendo usualmente director, editor, productor, guionista y camarógrafo de sus obras. Gira en su propia órbita y no tiene el menor interés en buscar el éxito comercial. Es un aristócrata del cine para quien lo más importante es el trabajo de edición.

No estoy comúnmente interesado en documentales, pero es que Nadie no es un documental tradicional. De hecho, se introducen muchos elementos de ficción en él. Hecho en el mejor espíritu godardiano, tiene principio, desarrollo y final, pero no necesariamente en ese orden. Es un one-man show. Alcides es prácticamente el único personaje, el único que habla. La actriz Lynn Cruz es introducida esporádicamente para leer un fragmento de poema, como numen del poeta o como una observadora del caos. Es un elemento de distanciamiento.

Coyula deja hablar a Alcides, aparentemente con gran libertad. Alcides es un juglar en la mejor tradición, es un hombre que sabe que puede controlar una audiencia sin esfuerzo y utiliza sus excelentes facultades histriónicas para narrar. En una bien manicurada anarquía, va haciendo una historia de lo que le tocó vivir de la revolución en el campo cultural. Coyula adereza el discurso con fragmentos de documentales y otros efectos especiales de obvia e intencionada apariencia barata e infantil. El recurso a veces funciona, a veces no, pero mueve la narración y aligera la gravedad.

Al director no le interesa establecer la calidad poética de Alcides, ni hacer una ordenada historia biográfica del personaje, ni siquiera cuestionar o enaltecer sus creencias políticas. Para Coyula, el poeta sirve como imagen y es de hecho una imagen de lo que en realidad le interesa expresar, el horror de la censura, la labor erosiva del totalitarismo, las nocivas mentiras de Fidel Castro y sus secuaces. Y eso lo logra sin pontificar, con la sutileza del verdadero arte.

Nadie es un filme más peculiar que perfecto. A veces parece hundirse en un ritmo prefabricado, pero de inmediato se recupera y explota, con la verborrea de su personaje y con el excelente trabajo de edición que realiza Coyula. Este filme es una fiesta para quienes, como Orson Welles, piensan que lo más importante es lo que se queda en el piso del cuarto edición, lo que se corta. Ciertamente, la edición es lo que da su particularidad artística al cine.

Nadie (Cuba, 2017). Escrita, dirigida, editada, fotografiada y producida por: Miguel Coyula. Con: Rafael Alcides y Lynn Cruz. El filme se exhibió clandestinamente en Cuba para unos pocos. Actualmente gira por algunas ciudades de Estados Unidos en presentaciones especiales.


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