Actualizado: 03/12/2021 11:36
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Cine ucraniano, Cine, Arte 7

Demasiado «Déjà Vu»

No es falta de originalidad el peor defecto del filme, sino el hecho de que las secuencias, por repetitivas y largas en si mismas no trasmiten bien las ideas del director

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En el mundo postsoviético, Ucrania se ha convertido en el punto de fricción entre las potencias de la antigua división este-oeste. Rusia desafía con su anexión del este del país, más proclive a la nostalgia de la era soviética y la cultura rusa, en contraste con el resto del país, en el cual la mayoría desea un acercamiento al mundo y los valores de Europa Occidental, al capitalismo y a la influencia de Estados Unidos.

Atlantis es la propuesta ucraniana a la competencia de los óscares por el mejor filme extranjero. Viene precedida de críticas positivas y altamente respetuosas. Es un filme que toca todos los temas que agobian a esa nación, con un tratamiento sutil, que evade el documentalismo y la propagada obvia. Tampoco incursiona en el análisis político. Se centra en las consecuencias del conflicto.

La trama comienza en el año 2025, “cinco años después de la guerra” y se ubica en la región del Donbass, al este de Ucrania, escenario de recientes escaramuzas bélicas. Los personajes centrales son dos antiguos soldados que no saben adaptarse a la vida civil. Uno trabaja en una gigantesca fábrica metalúrgica y el otro reparte agua potable en lugares en donde esta no existe y además ayuda a una ONG que se dedica a recuperar y tratar de identificar a los soldados ucranianos muertos en combate.

Pero este es un filme de ambiente y de composiciones visuales. Hay poco diálogo y el argumento se narra de manera episódica y elíptica. El ritmo es lento. El director, Valentín Vasianovich, utiliza largos planos secuencias, con la cámara fija, para mostrar el agobio de un mundo distópico en el cual los seres humanos tienen pocas opciones.

Lo trágico de muchas situaciones es mostrado con gran ironía, al contrastar, por ejemplo, la nefasta labor de rescatar e identificar cadáveres, con la conducta abúlica de quienes llevan a cabo la tarea. Todo se desenvuelve como un trance rutinario. Hay composiciones visuales que recuerdan lo mejor del cine mudo.

Pero las secuencias a veces son demasiado largas y esos paisajes aborrecibles de decadencia industrial y de esterilidad de posguerra, ya han sido utilizados muchas veces en el cine, en el caso ucraniano y recientemente, por Serguei Loznitsa (My Joy, Maidan) con más efectividad. También ese estilo ha sido muy visitado por el cine postsoviético de Rusia, Bielorrusia y otras repúblicas de la antigua unión. Asimismo recuerdan, quizá demasiado, al cine de Bela Tarr y de Aki Kaurismaki. Tampoco falta el inevitable toque de Tarkovski.

No es falta de originalidad el peor defecto del filme, sino el hecho de que las secuencias, por repetitivas y largas en si mismas no trasmiten bien las ideas del director y prueba de ello es que a veces tiene que recurrir a diálogos explicativos para exponer las ideas de que en una realidad como esa, escapar de ella es la única solución y que, los que insisten en habitarlas, son seres enajenados incapaces de vivir en otra parte. Uno de los personajes le dice al protagonista Serhiy, que “tomó más de diez años limpiar de las mentes de la gente de esta región todas las mentiras y los mitos soviéticos, cuánto crees que va a tomar ahora que hay que limpiar la polución y restaurar la tierra al periodo de antes de la guerra”.

Vasianovich escribe, dirige, fotografía y produce el filme, por lo cual es el máximo responsable de sus aciertos y defectos. Tiene buenas ideas e intenciones, pero no todas salen bien. Al filme le sobra casi media hora. Su talento para el encuadre y el enfoque de los planos es excelente. Los pocos diálogos son buenos, pero el ritmo del filme y la repetición de lo evidente lo lastra mucho. La fotografía de poco contraste, que parece que está filmada en blanco y gris, es muy buena.

Las actuaciones no se destacan particularmente. Los actores casi no tienen primeros planos y la cámara evita enfocarse en sus expresiones para restar emocionalidad y aumentar el sarcasmo. Ninguno está mal y casi todos son debutantes.

Quizá trama y argumento necesitaban un mejor acoplamiento entre el diálogo, la fotografía y el ritmo narrativo. El tema es interesante y merece observarse con detenimiento. Le valió a Vasianovich el premio al mejor filme en el Festival de Venecia, así como altos reconocimientos en otros prestigiosos festivales de cine.

Atlantis (Ucrania, 2019). Escrita, dirigida y fotografiada por: Valentín Vasianovich. Con: Andriy Rymaruk, Liudmila Bileka y Vasyl Antoniak. Disponible en streaming a través de Grasshopper Films.


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