Actualizado: 20/10/2021 13:39
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Ballet

Desidia institucional

¿Cómo consiguen los revendedores un abanico de entradas para el Festival de La Habana si sólo se venden dos por persona para cada día?

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¿El últimooooo…? Si aún no ha marcado en una cola de venta de entradas para ver alguna función del XX Festival Internacional de Ballet de La Habana, le alertamos, ya está algo tarde. Ojalá no tanto. Hace unas semanas comenzaron las colas, o la cola (aún no está definido el número), para comprar boletos. El evento tendrá lugar del 28 de octubre al 6 de noviembre, pero meses antes un grupo de revendedores comienzan a "organizar" los turnos de una cola, supuestamente para adquirir asientos en el Gran Teatro de La Habana (GTH), que es la sede de este clan mafioso tanto como del Ballet Nacional de Cuba (BNC), la compañía que convoca al festival.

Si por ingenuidad, o por necesidad, se atreve usted a marcar el mismo día de inicio de las ventas le vaticinamos un disgusto. ¿Por qué no deja de trabajar y duerme noches en el teatro para velar por la seriedad de la cola? Invitan las revendedoras. A la dirección del Gran Teatro no le importa, sus trabajadores "se limpian" con una frase que de tanto repetirla se ha convertido en cliché: "de la puerta hacia fuera nada nos interesa, es que no tiene que ver con nosotros", declaran abiertamente a cualquier persona que indague o reclame.

Y no cabe dudas, basta echarle una ojeada al portal para notar que nadie, hace mucho tiempo, se acuerda de su existencia. Aunque la actividad que desarrollen en el otrora elegantísimo portal, consustancial a la histórica acera del Louvre, sea ilegal en un país que dice defender la igualdad de oportunidades para ¿todos? sus habitantes.

Resulta que no todos los cubanos tienen en el bolsillo uno, cinco o diez dólares. Y mucho menos, si los tiene, puede disponer tranquilamente de estas pequeñas sumas para comprar entradas con el fin de ver una función de ballet. La economía promedio de las familias cubanas normales no son aptas para cubrir necesidades espirituales. Tan siquiera son capaces de satisfacer las materiales. Cuando un individuo o familia consigue reunir estas cantidades la destina a satisfacer carencias primarias, como la falta de aceite de cocina, jabones de lavar y de baño, detergente y alguna bobería de comida. Ver ballet a este precio se vuelve un lujo.

Quejas ignoradas

Si algo positivo hay que reconocerle al gobierno de Castro es que ha permitido que el pueblo acceda a los teatros por precios admisibles: cinco o diez pesos cubanos son aceptables de acuerdo con los salarios que paga el Estado al ciudadano cubano promedio. Pero desde hace más de cinco años, según espectadores habituales de los teatros, una hornada de revendedores y revendedoras de entradas invadieron el portal del Gran Teatro de La Habana y dedican bastante tiempo a marcar con días de antelación a la fecha de venta para acaparar un bulto de las mejores entradas, lo cual representa las mejores posiciones dentro de la sala.

Luego, en los días de función, despliegan una red de negociadores que se le abalanzan sin pena al primero con apariencia de extranjero o fanático desesperado por el riesgo de perderse a su artista favorita. Le ofrecen entradas por precios que varían según el evento: gala, festival, los protagonistas del día y hasta la hora. Mientras más se aproxime el inicio del espectáculo, más suben los precios, si el elenco es genial como el de los festivales. O a lo mejor nos ponemos de suerte y lo bajan un poquito. Eso, según el tacto de los líderes mafiosos.

¿Cómo consiguen un abanico de entradas si sólo se venden dos por persona para cada día? Los trabajadores del teatro no tienen idea, esta es la respuesta que emplean. ¿Por qué nunca han detenido a nadie? ¿No trabajan estas personas? O será adecuado preguntar: ¿para quién o quiénes trabajan?

A juzgar por la bajeza del aspecto y el intelecto, debe ser para alguien que padezca de descaro y egoísmo exacerbado, alguien que aunque vistiera trajes estaría a la altura.

Espectadores asiduos, víctimas de esta y otras dictaduras, cuentan que la problemática ha sido planteada, aunque con cierto disimulo, en algunos medios de prensa, mas la dirección del BNC y el GTH han ignorado las quejas. El ballet como manifestación artística ha conquistado el cariño de un numeroso sector del pueblo. Tal es la pasión, que un sector del público sí marca con días y meses de antelación, para comprar, en el momento debido, la cantidad de entradas que pueda. Pasa madrugadas en vela, pierde horas de su trabajo y paciencia, discute con estas personas, les habla en vano de honestidad y respeto al prójimo y aplaude luego con lágrimas en los ojos a los artistas de su preferencia, ignorantes del sacrificio que exige tanta admiración.

Ah, cuidado, otra alerta: las entradas del Festival, por su rango internacional, ¡uhao!, son mucho más caras, mucho. Para esta edición ya se anuncia la presencia de estrellas como Ángel Corella, Julio Bocca, Maximiliano Guerra, Carlos Acosta, José Manuel Carreño, Agnes Letestu y Carla Fracci, entre otros favoritos de los cubanos. Así que apúrese y pida el último ahora. Tal vez esté a tiempo de alcanzar segundo balcón. No demore. Y que la suerte lo acompañe.