Actualizado: 20/10/2017 18:43
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«Dios es más grande que Elvis»*

La historia de la actriz Dolores Marie Hicks y de la monja y abadesa Sister Dolores

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A ver, hagamos un poco de ficción:

Usted, querida y muy joven amiga, es mujer y ha besado apasionadamente, en más de una ocasión, a Montgomery Clift, Anthony Franciosa, George Hamilton, Jeff Chandler, Robert Wagner, Stephen Boyd, Hugh O’Brian y…, y a Elvis Presley, el que, por demás, se ha enamorado locamente de su sonrisa y de sus ojos, o por lo menos eso ha dicho.

Pero, además, quizás debimos haber comenzado por ahí, su presencia como actriz de cine se va haciendo cada vez más sólida, más respetada, se le reconoce abiertamente su belleza y su talento y se le solicita su presencia con frecuencia creciente en las nuevas producciones de Hollywood, de la televisión y de Broadway.

¿Qué usted haría?

Pienso que la respuesta habitual tendría mucho que ver con el agradecimiento al público, el trabajo duro, el constante estudio actoral, la cuidadosa selección de papeles, las buenas compañías, el ejercicio físico, la dieta estricta y un sinfín de cosas que junto al talento innato y la férrea vocación hacen a una estrella.

Pues bien, eso no, repito, no fue lo que hizo la talentosa y bella actriz norteamericana Dolores Hart (nacida Dolores Marie Hicks, 1938). Dolores…, pues Dolores renunció a todo lo que había logrado, que ya era mucho, y a los 25 años de edad entró en la abadía benedictina de Regina Laudis, en Bethlehem, Connecticut, y se convirtió, para siempre, en monja de clausura.

Como lo oye, Sister Dolores, que así pidió llamarse en su nueva vida, abandonó en serio el mundo y se dedicó en cuerpo y alma a servir a Dios y a guiar religiosamente a las pupilas del convento, llegando incluso a ser la abadesa principal, cargo que ocupa hoy en día.

Aunque Dolores actuó en diez producciones cinematográficas, hoy se le recuerda fundamentalmente por haber sido la contraparte de Elvis Presley en su mejor película: King Creole, de 1958. Su performance como Nellie, la joven que apoya incondicionalmente a Elvis en su enfrentamiento con los bajos fondos de Nueva Orleans, es considerado por muchos críticos como una descollante actuación que elevó el trabajo artístico del propio Presley. Ya había actuado junto a él en la cinta de 1957 Loving you, el primer film en que ella participó y una de las tantas películas del Rey que pasaron a la historia y el olvido. Era todavía demasiado joven e inexperta, casi una niña, pero ese no sería el caso un año después.

El famoso beso de quince segundos de duración (eso es mucho en la pantalla, por lo menos para el año 1958) que se dan Elvis Presley y Dolores Hart en King Creole aparece en todas las antologías eróticas del cine. Es un clásico, por lo menos en la historia de los besos.

Come fly with me (1963), una incursión en el alma adolescente fue su última producción para Hollywood y es considerada hoy como una película de culto. Dolores Hart no fue una improvisada; su padre, Bert Hicks, había sido un actor de cierto talento y era sobrina política de Mario Lanza. Pero todo esto es historia pasada.

¿Por qué Dolores abandonó una carrera que parecía imparable para encerrarse en un convento de clausura? Ni ella misma lo ha explicado con claridad. Algunos dicen que el papel de Santa Clara en la producción San Francisco de Asís, de 1961, tuvo algo que ver, pero eso no deja de ser una teoría sin asidero real. ¿Cuántos artistas de Hollywood han actuado en películas de corte religioso y no han terminado en un convento?

En el año 2011 aceptó participar en el documental Good is the Bigger Elvis, dirigido por Rebecca Cammisa, que fue nominado para un premio Oscar al mejor corto (37 minutos de duración) de ese año. Se estrenó en el año 2012. Pero, aunque agradeció con su habitual sonrisa y parsimonia el interés del público en su historia, se despidió de todos y rápidamente regresó a su querido convento, a sus huertos y a sus rezos de madrugada.

Lejos del mundanal ruido, como dijo Fray Luis de León.

Pero no, no vive completamente aislada del mundo. Es activista del movimiento pro ayuda a las personas que padecen de neuropatía periférica idiopática ocular (ella padece la condición) y, asómbrese, es la única monja con derecho a voto en los Premios Oscar de la Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas de los Estados Unidos.

Sí señor, ve las películas propuestas y vota.

Así que, si usted tiene aspiraciones a ganar un Oscar, estimado lector, debe saber que el voto de Sor Dolores cuenta.

Suerte.


* Dolores Hart.


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