Actualizado: 20/10/2017 18:43
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Pintura

Dos artistas, dos visiones

Una instalación de la escultora y pintora María Brito y una exposición de pinturas y dibujos de DEMI: difícil encontrar al mismo tiempo dos exposiciones de este calibre

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El pasado 23 de enero abrió en una de las galerías del museo Frost de la Florida International University una instalación de la escultora y pintora cubano-americana María Brito. Hace unos días, la galería Salamatina en Manhasset, Long Island, también abrió al público una exposición de pinturas y dibujos de la cubano-americana DEMI. Es raro hoy en día encontrar durante el mismo periodo dos exposiciones de este calibre, aunque separadas por la geografía.

María Brito pertenece a la generación de artistas definida por el difunto Giulio Blanc como “La generación de Miami;” aquellos que llegaron al exilio a principios de los sesenta siendo adolescentes y recibieron su educación artística en los Estados Unidos. Ya en 1980 Brito comenzó a exhibir sus assemblages, los cuales se transformaron en instalaciones esculturales a escala humana, mientras que al mismo tiempo pintaba obras de caballete que filtraban la tradición renacentista con una sensibilidad pos-feminista. Desde el principio su obra fue personalísima, reflejando los traumas del exilio, su identidad como hija, esposa, madre, mujer divorciada, etc. Rara vez su obra incursionó en lo político (una excepción es El jardín y la fruta de 1987). A partir del 2000 lo político apareció en su trabajo de manera deliberada e intensa. Los balseros y las guerras del régimen de Bush y Cheney aparecen en obras como Pero sin amo, Crop y Of Mice and Men. Su actual instalación en el Museo Frost, As Of 24-03-07 continúa y profundiza lo que ya apareció en las obras anteriores: el rigor formal y técnico está al servicio de una narrativa que nos sacude y desnivela.

La pieza no tiene título, solo una cita del psicólogo William James en una de las paredes de la galería: “Lo verdadero es aquello que se prueba bueno en lo que a creencia se refiere, y bueno también por definidas y asignadas razones”. En sí misma, la obra parece por fuera una de esas sencillas casetas que encontramos en los patios de las casas, donde se encuentran tiestos y utensilios asociados con la jardinería. Cuando entramos a la caseta descubrimos un laboratorio siniestro donde seres humanos, todos calvos y de gran variedad étnica, son creados de una cruda piedra que es molida y convertida en polvo. Este polvo se mezcla y produce estos extraños seres. Cabezas con largas colas son el producto final de este proceso. Las colas son cortadas y las cabezas puestas en una especie de bandeja. ¿Para qué servirán? ¿Cuál es su razón de ser? Sin duda alguna las respuestas a estas preguntas serán horrorosas. En esta extraordinaria y compleja pieza Brito nos entra al mundo actual donde la mentalidad de masas, la manipulación genética y el terrorismo (sea de grupos marginales o del Estado) se sintetizan en una pesadilla distópica. En esta obra, con su oficio deslumbrante de escultora, dibujante y carpintera, María Brito nos muestra el terror de nuestros días y prueba, una vez más, que es una de las más poderosas creadoras contemporáneas.

El lienzo Angelito negro de DEMIFoto

El lienzo Angelito negro de DEMI.

DEMI comenzó a pintar en España en 1983. Su única orientación técnica se la dio su marido, el pintor Arturo Rodríguez. Desde entonces ha desarrollado una obra cuya visión es única y cuya factura pictórica se hace cada vez más compleja y rica. Su muestra en la clásica y minimalista galería Salamatina consiste en 16 acrílicos en lienzo y un pequeño grupo de dibujos en técnicas mixtas. Esta es la primera vez que la artista exhibe sus dibujos en público y son sencillamente maravillosos. Con lápices de colores, variadas plumas, acuarela y tinta, las líneas de DEMI recorren desde lo sutil y delicado hasta lo encrespado y fuerte. Las composiciones de estos son abiertas y flexibles, mostrando el dibujo como aventura sin dogmas y recordándonos un poco a ese lírico genial que fue Paul Klee.

Las telas son grandes y complejas, pobladas por esos niños extraños de DEMI que parecen ancianos sabios o retrasados mentales que en realidad son iluminados. Su obra no es sentimental ni cursi, al contrario. Existe una resistencia alucinante dentro de ellas que es dura y fuerte, que desmantela las visiones simplistas y graciosas de la niñez. Me atrevo a decir, sin preguntarle a la artista, que su pintura también es profundamente espiritual: en ella veo una preocupación con el espacio que ocupan los seres humanos; ese que existe entre la tierra y el infinito, y la relación sacramental entre figura y ambiente. Vemos en obras como la que da título a la exposición, Un día más en la tierra, una batalla entre los hijos de la luz y los de las tinieblas. La inocencia es la fuerza de estas niñas calvas, y esta se visualiza en luz, la cual se convierte en armas para batallar a las siniestras figuras oscuras en el extremo derecho del lienzo. Dos extraordinarias telas se roban la exposición en la opinión de este crítico: Quién le teme al oso grande negro y Angelito negro. La primera representa a unos niños jugando en la oscuridad de un cuarto, mientras un enorme oso —un muñeco de peluche— los observa desde el fondo de la habitación. La paleta consiste en una variedad de carmelitas, ocres y rosados. Los niños nos miran y miran al oso. Estamos frente a un misterio, que anuncia el futuro terror del mundo, la pérdida de la inocencia y el comienzo de la experiencia.

Angelito negro es una tela digna de la colección de un museo. La inocencia rodeada de las infinitas posibilidades del color blanco, es lo que es esta obra. El niño evoca la inocencia salvífica del niño Jesús y por supuesto refleja la identidad africana de la cultura caribeña en la que nació la artista. Más allá de esta interpretación icnográfica, es sencillamente una pintura con mayúscula, donde DEMI se las juega, apuesta y gana. Lo que pudo haber sido una dulzona imagen manierista, se convierte en un icono de la inocencia, de nuevo, como fuerza.

Rechazo las comparaciones que han hecho otros en el pasado entre la obra de DEMI y la de Frida Kahlo. La pintura de Kahlo es materialista y torturada. La de DEMI es espiritual y redentora. Su mundo es único. Hay que verlo.


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