Actualizado: 20/10/2017 18:43
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Dos filmes, dos enfoques narrativos, dos resultados opuestos

Mother! ha dividido a los críticos entre los que la aman y los que la detestan, mientras que Moka ha sido ignorada por muchos y apreciada por unos pocos dichosos

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Mother! y Moka son dos filmes completamente diferentes, tanto en su enfoque narrativo, como en su mercadeo y en sus ambiciones.

Mother! es la obra más reciente de Darren Aronofsky (Brooklyn, 1969), cuyo primer largometraje, Pi (1998), fue una obra desigual pero interesante, que prometía el despegue de un gran director una vez que se les quitaran las manías narrativas de todo graduado de la escuela de cine de Harvard. Demasiado fría y oscura a la fuerza, no fluía. Después hizo Requiem for a Dream (2000), que defraudó bastante, pues era una pieza pontificadora que bordeaba con el panfleto en su descarga contra las drogas. Le siguió la olvidable The Fountain (2006) y cuando ya muchos se empezaban a olvidar de su promisorio comienzo, produjo y dirigió The Wrestler (2008), un excelente estudio existencial del mundo orillero de la lucha libre de poco pago. Pudo además demostrar que Mickey Rourke todavía podía actuar.

Pero entonces Aronofsky se pasó al cine comercial convencional y dirigió la aceptable Black Swan (2010) y la frustrante Noah (2014), con la que quiso obtener éxito de taquilla mediante una narrativa conservadora pero repleta de referencias y reinterpretaciones bíblicas. La temática bíblica parece haberlo seguido persiguiendo.

Aronofsky, con toda la arrogancia y la pasión de un fanático, en Mother! ha creado un filme excesivamente ambicioso, lleno de referentes bíblicos, recargado de símbolos políticos y literarios muchos de ellos demasiado obvios y redundantes, que intenta ser una admonición sobre los males del fanatismo, del culto a la personalidad, la avaricia y la dilapidación de los recursos naturales (entre otras cosas). Pero el producto es un cine histérico, gritón, de extremos y de un guion gratuitamente enrevesado. Es una parábola burda que se acerca más a la pancarta pedestre que a una denuncia seria y bien pensada. Para parábolas, prefiero la Biblia.

Es ridículamente pretenciosa, usando las facultades histriónicas de Jennifer Lawrence (en el papel de Madre) para someterla a efectismos tremebundos. Una película de pretendida intelectualidad, pero cuyo nivel artístico expresivo se limita a hacer que Javier Bardem ponga cara de carnero degollado para que eso se interprete como meditación profunda. Por cierto, Bardem se ha convertido en la materialización del intelectual o el malvado hollywoodense y se ha hecho millonario y famoso limitándose a esos dos papeles de poco espectro dramático, que los puede hacer mientras se desayuna. Todo director que se cree se va a hacer respetar, se lo disputa para uno de esos roles.

Mother! es la historia de una pareja de innombrados (Bardem y Lawrence), que viven en una mansión que quieren convertir en paraíso, aislada en medio de un idílico bosque, a la que empiezan a llegar desconocidos, primero atraídos por la fama del ahora bloqueado poeta (el personaje de Bardem) y después no se sabe por qué, los cuales nuca quieren irse y a pesar de las protestas de la mujer, el poeta se niega a expulsar. Aronofsky echa mano a técnicas del thriller, del cine de horror, del cine político y hasta le roba un poquito a su admirado Buñuel, pero el exceso de detalles y de alusiones pierden la trama y su sentido, convirtiéndola en un bodrio predecible. La puerilidad y la falta de sutileza de las metáforas hunden este filme que concluye como la arenga de un pontífice que presagia el fin de la humanidad, condenada a repetir sus ciclos de inutilidad.

En contraste, Moka llegó a los cines casi sin anunciarse. Es un drama individual, narrado en tono de thriller, que se centra en una mujer que acaba de perder a un hijo en un accidente en el cual el victimario se dio a la fuga. Tras usar a un investigador privado a espaldas de su marido, cansada de la ineficiencia policial, consigue unos cuantos datos y da con quienes piensa son los culpables. A partir de ahí se dedica a acechar a la pareja y la película se va desarrollando de manera inquietante hasta su inesperado final.

No hay muchos fuegos artificiales aquí. Es un drama sutil y contenido que presenta además un duelo de actuaciones sosegadas entre dos veteranas extraordinarias del cine francés: Emmanuelle Devos como la madre perseguidora y Nathalie Baye como la mujer de la cual sospecha cometió el crimen. A pesar de su baja intensidad, los encuentros entre las dos mujeres llevan un crescendo que los hacen incómodos al espectador. Utilizando sin muchas pretensiones los recursos elementales del cine comercial, no hay concesiones en el guion. No se le hacen guiños a la audiencia. No va a haber descanso en el argumento que se desarrolla con un ritmo natural y con dramatismo sobrecogedor.

Frédéric Mermoud es un artesano casi desconocido, que ha trabajado en la televisión suiza y que, con este, realiza su segundo largometraje. Ha sabido aprovechar la suerte que le tocó en trabajar con dos de las mejores actrices del cine francés y las ha dirigido con mano segura, sacando lo mejor de cada una. Con pocas ambiciones artísticas, Mermoud ha conseguido realizar una pequeña obra menor, procesando sin indigestión la influencia de Claude Chabrol, perfectamente construida, oscura sin esforzarse, a la cual quizá le hubiera hecho falta una dosis de ironía para que fuera más completa.

Mother! ha dividido a los críticos entre los que la aman y los que la detestan, nadie ha sido imparcial con ella. Mientras que Moka ha sido ignorada por muchos y apreciada por unos pocos dichosos.

Mother! (EEUU, 2017). Guion y dirección: Darren Aronofsky. Director de fotografía: Matthew Libatique. Con: Jennifer Lawrence, Javier Bardem, Ed Harris y Michelle Pfeiffer. De estreno amplio en todo Estados Unidos.

Moka (Suiza/Francia, 2016). Dirección: Frédéric Mermoud. Guion: Frédéric Mermoud y Antonin Martin-Hilbert, basado en la novela de Tatiana de Rosnay. Director de fotografía: Irina Lubtchansky. Con: Emmanuelle Devos, Nathalie Baye y David Clavel. De estreno limitado en algunas ciudades de Estados Unidos.


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