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Abakuá, Música, Música cubana

El Abakuá: trovadores, soneros y danzoneros

La influencia del “ñañiguismo” en la música y los espectáculos públicos de la sociedad habanera, amén del ambiente conspirativo después del Pacto de Zanjón

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Los aportes de la herencia musical, cantos y bailes abakuás y su cultura en general, están aún por develar su dimensión en sus aportes a la identidad de lo «cubano» en todas las manifestaciones del arte. La cultura y la sociedad cubana, no negada, pero si estigmatizada por la propaganda antisocial de sus hijos abakuá, llamados despectivamente como “ñáñigos”, en sus inicios surgida como Hermandad Secreta de Ayuda Mutua, como organización protectora contra la discriminación y los atropellos de la colonización española en La Habana y a posterior ampliada a la vecina provincia de Matanzas.

La política colonial de España y después de Estados Unidos vieron en estos hombres su carácter rebelde e independentista en la capital, difundiendo el miedo de su carácter belicoso y anticristiano de su comportamiento social, sin dudas sabiendo que en los templos abakuá y también masónicos fueran ambiente propicio de conspiración sin ser delatados en sus aspiraciones, bajo el sagrado juramento de sus militantes.

Los orígenes se pierden ciertamente en el tiempo por su carácter “secreto”, pues siendo traicionados en “encerrona” en una de las islas del río Cross, que divide al calabar de otras tribus, los carabalí llegados a la Habana, juraron no ser traicionados nunca más. Por esta causa, mucho antes de su fundación oficial, en 1836, fueron encontrados antecedentes abakuá en la fracasada “Conspiración de Aponte” de carácter independentista, en 1811, liderada por José A. Aponte jerarca del cabildo Shangó–Teddun[1] de ascendencia, mayoritariamente, lucumí-carabalí de sus afiliados.

Desde el primer siglo de la fundación de San Cristóbal de La Habana en tablaos, mesones y tabernas era de común practica —véase La música en Cuba de Alejo Carpentier— las rumbas y cantos de ventanas, así llamadas a las tradicionales “serenatas” españolas derivadas en criollas, practicadas a la luz de la luna a una doncella por conquistar; así como los bailes de salón bellamente descritos por Cirilo Villaverde en su obra Cecilia Valdés han llegado hasta nuestros días en la creación de géneros y ritmos autóctonos de nuestro archipiélago cubano en las guitarras y voces de nuestros cantores, las tandas de trovadores en cualquier cabildo, patio o sala de un hogar habanero tenía refugio seguro, de esos afamados cantores y/ o trovadores se recuerdan muchos de militancia abakuá, Juan de la Cruz Hermida, Manuel Corona, Rafael Zequeira, Ramón “Nano” León y los directores de orquestas Enrique Peña; Juan de Dios Alfonso y Armenteros, su orquesta integrada, mayoritariamente, por músicos abakuá de Guanabacoa, fueron conspiradores y participes de los sucesos del Teatro Villanueva, cuando la sanguinaria represión española en abril de 1869 en apoyo al ejercito independista, al grito de ¡Viva Cuba libre!; así también se destacan, los hermanos Pablo y Raimundo Valenzuela, Alberto Zayas “El Melodioso”, Juan de Dios Echemendía, Miguel Failde, entre muchos otros.

Sin lugar a duda uno de los más innovadores habaneros fue Ignacio Piñeiro Martínez (1888 & 1969, Efóri Komó), quien desarrollo su propia manera de hacer la canción trovadoresca, creando el género musical de Clave Ñáñiga o Marcha Abakuá, con acompañamiento de guitarra, claves y voces, mezclando viejos cantos en lengua carabalí con los textos en castellano, revolucionando y permeando de tradición ancestral los cantos trovadorescos y la cancionística nacional cubana, con obras como: Los cantares del Abakuá; En la Alta sociedad; Dichosa Habana ó Iyámba Beró; Sobre una tumba, una rumba; Marcha Carabalí, etc.; Muchas de sus creaciones musicales fueron interpretadas y algunas de ellas grabadas por los más connotados trovadores y cantantes liricos de la primera veintena del siglo XX, a saber, el Terceto Nano, dúo María T. Vera y R. Zequeira, Dúo Pablito y Luna, Trio Villalón, y las pioneras orquestas charangas danzoneras se inspiraron en su rumbas, sones y claves ñáñiga, como Felipe B. Valdés que grabara el danzón Los Roncos[2] en honor a su okobio y director del afamado orfeón de Pueblo Nuevo y de la autoría de E. Grenet, amigo de infancia de Piñeiro. Además, el ilustre abakuá y cornetista del Ejercito Libertador a las órdenes de Antonio Maceo, Enrique Peña, compuso y llegó a grabar en 1916 su danzón intitulado El Ñáñigo.[3]

La herencia abakuá en el ambiente musical del habanero

Con la llegada a La Habana de los lotes de esclavos africanos de la región del Calabar, vilmente traicionados por otros de su misma región, en 1836 se reconoce en los poblados marítimos de la bahía habanera las primeras cofradías de ñáñigos[4] y con ellos su maestría en los oficios, músicas y pensamiento religioso, influyendo en todas las actividades de la sociedad cubana hasta nuestros días, destacándose por sus numerosos aportes a nuestra cubanía.

Ya para 1880 era inevitable la influencia del ñañiguismo en la sociedad habanera, con mayor influencia en la música y los espectáculos públicos, amén del ambiente conspirativo después del Pacto de Zanjón, con lo cual las aspiraciones independentistas seguían latentes, muchos de los ñáñigos formaron parte de los grupos conspiradores y del ejercito libertador en las guerras del 1968 y del 1995, esta presencia se expresaba en los ritmos y bailes de moda, deleitando a la aristocracia, que veía con impotencia la cubanización o africanización de nuestro panorama musical, pero que para las clases más humildes eran componentes básicos de su salsa musical. “…Bailemos, si, bailemos todos, blancos limpios, blancos sucios, mulatitos y negritos, muchachos y viejos, rindiendo culto a la malanga, al oso y la rumba…” ¡Viva el ñañiguismo aristocrático![5] Refiriéndose al artículo de M. Arias Carvajal, Cheíto Calandraca, aparecido en la publicación La Lotería del 2 de enero de 1886, en la Habana.

En la década de 1880 a 1890 proliferaban en la Habana, disímiles formatos instrumentales en la música popular, desde los dúos de tiple y güiro hasta las orquesta “típicas” entre las que sobresalía la de los hermanos Raimundo y Pablo Valenzuela[6], nombrada “La Típica de Valenzuela” caracterizada por la rítmica ñáñiga llevada por el contrabajo, el timbal y el güiro, referido a esta orquesta: «…El 23 de marzo, en El País apareció otra gacetilla donde se dice que en el Liceo de Regla, La orquesta de Valenzuela dejará oír sus sones…”».[7] Junto a esta se encontraban de moda las orquestas de Félix Cruz, de Pepe Urbizu, de Arango, de Espinosa, de Brindis de Salas, de Faustino Valiente, de Felipe B. Valdés, de Nicolás González “El Güinero”, de Miguel Faílde y el destacado clarinetista y director de la orquesta La Flor de Cuba (1800), Juan de Dios Alfonso y Armenteros, nacido en el pueblo de Regla, militante Ñáñigo, conspirador e independentista. También Juan de Dios Echemendía, destacado músico de Santi Espíritu, creó el coro “La Yaya” en su pueblo natal en 1890 ya había vivido en La Habana entre 1860 al 1890 y era militante Abakuá, es por eso que los tambores de cuñas utilizados, en el coro “La Yaya”, son por su fundamento carabalí, aspecto que lo diferencia del resto de esos Coros existentes hasta nuestros días.[8]

Ignacio Piñeiro se jura en la Potencia Abakuá «Eforí Enkomó».

A finales del siglo XIX, en 1895 producto a la guerra, las sociedades abakuá son reprimidas por las autoridades coloniales españolas prohibiéndose sus reuniones y ceremonias, es decir los “plantes”[9], recuerda que en el Ejercito Mambí había muchos okobios que luchaban y otros que conspiraban en los pueblos, reiniciándose las actividades después de terminada la Guerra del 95 y con la instauración de la república mediatizada, con la intervención americana. Así surge el 6 de agosto de 1906, la primera “Potencia”[10] del siglo XX, en la Cueva del Gato en Cojímar, la Potencia Abakuá Endibó Efó formada en su mayoría por antiguos miembros de la Potencia Abakuá Efó y apadrinada por la Potencia Ekoria Efó Taibá. Por los motivos de censura impuestos por la colonia española y mantenido contra todo lo que fuera negro y abakuá por el gobierno de la república mediatizada, es que el músico Ignacio Piñeiro, quien ya se destacaba en los coros de claves y de rumbas, con solo 20 años de edad se jura en “encerrona” en la Potencia Eforí Enkomó en el año 1908 junto a Saturnino Borduí y los hermanos Manuel y Patricio de la Torre.[11] Los hermanos De la Torre fundarían en 1932 en la calle Gloria nº 151 del barrio Jesús María, la Sociedad de Recreo “Sociedad Musical Septeto Nacional”[12] como muestra de estimación y hermandad con Ignacio Piñeiro.

La Potencia Abakuá Eforí Enkomó, fundada en 1840, dominaba el territorio del barrio Pueblo Nuevo donde Ignacito desarrolló toda su niñez y juventud, en ese entorno forjó su carácter rebelde, aprendió el lenguaje, la música y los bailes ñáñigos, además de los fundamentos para construir y ejecutar los instrumentos de la orquesta abakuá. Es por ello que el oficio de tonelero le aportó tantos conocimientos y su vocación por la música le motivo a penetrar en los secretos y el significado de la polirrítmia carabalí, de la cual aplicó e innovó muchos de sus elementos a la rumba y después al son. El encame Abakuá (canto alternante del Morúa Yuansa), el percutir del ekón (campana), el ritmo del bonkó Enchemiyá (tambor alto), los itones (palos de percutir) y las maracas —Erikundi—, son parte fundamental de la transición realizada por Ignacio de la orquesta abakuá y sus siete elementos instrumentales al formato de «Septeto» en el son habanero.


[1]https://www.ecured.cu/José_Antonio_Aponte (consultado 30 de abril de 2020).

[2] E. Grenet, Los Roncos, Danzón. Orquesta de Felipe B. Valdés /Co. C1149 – 38022 / La Habana. Cuba. 1910.

[3] E. Peña. El Ñáñigo. Danzón. Orquesta de Enrique Peña. Co. C1169-38035. La Habana. Cuba. 1916-17.

[4] Abakuá, Sociedad Secreta-Fraternal de origen africano en Cuba.

[5] Zoila Lapiqué Becalí. Cuba Colonial: Música, compositores e intérpretes 1570 – 1902. Editorial Letras Cubanas, La Habana, 2008. Pág. 251.

[6] Pablo y Raimundo Valenzuela. Músicos Orquesta La Típica de Valenzuela 880-90. Ñáñigos del pueblo de Regla.

[7] Zoila Lapiqué Becalí. Cuba Colonial: Música, compositores e intérpretes 1570 – 1902. Editorial Letras Cubanas, La Habana, 2008. Pág. 271.

[8] José Reyes Fortún. Entrevista del autor. La Habana, enero de 2014.

[9] Plante, término empleado para denominar las reuniones o ceremonias en los templos abakuá.

[10] Potencia, término empleado para denominar a sociedad secreta, logia o templo abakuá.

[11] Wilmaracio Orbeal, Abakuá perteneciente a la Potencia Eforí Enkomó con la Plaza de Abasí. Amigo y okobio de Ignacio Piñeiro. Entrevista realizada por Frank y Ricardo Oropesa en mayo de 2004.

[12] Sociedad Musical Septeto Nacional. Archivo Nacional de Cuba, código 006459. Registro de Asociaciones, expediente: 6120. 27 de octubre de 1932.


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