Actualizado: 15/07/2019 10:30
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Libro, Cuba, Barcos

El almirante Cueto y sus proezas

Debido al trabajo realizado por el autor de este libro, merece que lo llamemos “El almirante Cueto y su flota de más de 100 barcos”

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Un buen libro debe comenzar con un título atrayente y una atinada portada: y así sucede con este, con una hermosa litografía de las que se usaban hace siglos en las cajas de tabaco en Cuba; notarán que las naves que aparecen en ella, un buque al fondo y delante, un pequeño bote, salen de Cuba, por la bahía habanera; el autor pasó trabajo, igual que lo pasé yo hace años, para encontrar una lámina en que aparecieran naves saliendo de Cuba; en casi todas, aparecían llegando a ella… Ojalá pronto abunden más las llegadas que las salidas… El posible romance entre el lector y un libro, comienza con la portada: si esta no es atractiva, por lo que enseña, o por el título, no hay compra; y esta, por su belleza y su texto, capta inmediatamente nuestra atención; y como todo buen pregón debe repetirse, el autor nos dice en la portada.

Primero que hablará de “Cien barcos en la Historia de Cuba”, pero por si acaso, agrega: “o Historias de Cuba en Cien barcos”. Y ya nos tiene, por supuesto, interesados en el tema; y logrado su objetivo: que es escribir sobre los cubanos, de adentro y fuera de Cuba; me parece que, hasta ahora, en un solo texto, eso no se había hecho…

La contraportada nos informa de los libros anteriores del autor, pero será en realidad la lectura de “Cien barcos” lo que nos demuestre la magnitud del trabajo investigativo casi increíble que conlleva esta obra, como bien señala y describe la excelente reseña sobre el mismo, de Alejandro González Acosta, titulada “El Capitán Emilio y su flota de 100 barcos”, y donde encontraremos detalles importantes de la trayectoria de Emilio Cueto en trabajos anteriores y en el presente.

Los barcos aparecen como los telones de una obra teatral, que es la historia de Cuba, en un relato vívido, veraz, atrayente, nada académico, que trae a nuestra consideración muchas veces páginas poco conocidas o desconocidas de nuestra historia, siempre con una pincelada oportuna de humorismo, con ideas para hacernos pensar… Hay extenso material gráfico, siempre de conformidad con lo que estamos leyendo… En una especie de prólogo al “Estimado lector”, nos avisa que: “He intentado escribir el texto en lenguaje claro, salpicado con anécdotas personales y notas de humor para que las travesías en estos barcos no te mareen… he eliminado las notas eruditas y las referencias bibliográficas a pie de página”. Y agrega más adelante; “He tratado que cada capítulo tienda a ser corto, pueda leerse por separado, sin que el lector se sienta perdido.”

El autor nos recuerda que Cuba no es una isla, sino un archipiélago de 1.600 islas, con 5.746 kilómetros de costa, por lo que, en su historia, hasta la llegada de la era del avión, el barco era esencial, y los caminos principales, los marítimos. Así narra con lujo de detalles sobre las tres naves del primer viaje de Cristóbal Colón, el descubridor; o nos cuenta como el acorazado Maine de la marina norteamericana, anclado en la bahía de La Habana, explota el 15 de febrero de 1898, cosa que sabíamos, y por supuesto que Estados Unidos achacó el evento a España, y esta a su vez, a los rebeldes cubanos o un simple accidente; pero en definitiva, provocó la declaración de guerra de EEUU a España, convirtiendo así lo que hasta ahora se conocía como la Guerra de Independencia de Cuba contra España, en “La Guerra Hispanoamericana”. Cueto trae detalles interesantes de la repercusión de ese evento en los Estados Unidos: Ha encontrado 158 composiciones poéticas y/o musicales con la palabra Maine en el título o subtítulo; podemos agregar que en los archivos de la Florida International University, hay prueba de mas de 20 grabaciones musicales sobre el Maine, algunas coetáneas al suceso, y otras grabadas tan tarde como la década de 1930…

En fin, que nuestra insularidad es narrada a fondo, a través del vínculo ineludible hasta hace menos de un siglo, que eran el mar, y las embarcaciones… Hay muchos más detalles interesantes que no repito, porque están bien descritos en la crónica antes señalada de Alejandro González Acosta, titulada “El capitán Emilio y su flota de 100 barcos”; pero estimo que por el trabajo realizado por el autor del libro, a mi juicio merece más bien que lo llamemos “El almirante Cueto y su flota de más de 100 barcos”.


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