Actualizado: 09/12/2019 13:16
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El barroco carcelario

Lezama Lima y la revolución, 40 años después de 'Paradiso'.

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Al filo del fin del segundo milenio, la prestigiosa revista Times realizó una encuesta para dar a conocer los eventos más sobresalientes del siglo XX, donde "se encuestaron a 1.245 personalidades, se revisaron más de 456 artículos y se procesaron alrededor de 841 bases de datos en todo el planeta".

Resulta extremadamente sorprendente que entre los diez libros más votados aparezca Paradiso, de José Lezama Lima, en un quinto lugar, junto a Ulises y Retrato del artista adolescente, de James Joyce; La montaña mágica, de Thomas Mann, El guardián en el centeno, de Salinger; El viejo y el mar y Por quién doblan las campanas, de Hemingway; Las brujas de Salem, de Sartre; El principito, de Saint Exupery, y El nombre de la rosa, de Umberto Eco, según la encuesta: "los libros más difundidos en este siglo, unido a la connotación mundial de los mismos, así como a la influencia que han ejercido sobre el resto de los literatos en el orbe".

Paradiso, como Ulises o Finegan Wake de Joyce, pertenece a esa extraña y excelsa estirpe de obras más conocidas que leídas por el gran público. Acaso el propio Lezama, consciente de su singularidad, de su extrañeza, escribió: "El Paradiso será comprendido más allá de la razón. Su presencia irá acompañada por el nacimiento de los nuevos sentidos".

En el momento de su publicación en 1966 —al igual que su antecesora, el Ulises de Joyce—, sufrió no pocas incomprensiones, hasta el punto que, interrogado en la Universidad de La Habana, el propio Fidel Castro se vio obligado a reconocer que Paradiso no era una obra contrarrevolucionaria.

Vísperas del ostracismo

Más allá de sus incuestionables méritos literarios y, sobre todo, de su consustancial extrañeza y originalidad, que se encargó de divulgar Julio Cortázar en un oportuno artículo, Para llegar a Lezama Lima, que disparó inmediatamente al etrusco de La Habana Vieja al centro mismo del Boom, esa atmósfera inicial de prohibiciones y recelos favoreció la avidez por su lectura. A contrapelo de la más elemental política editorial, Paradiso no se reeditó en Cuba hasta muy avanzada la década de los ochenta. Incluso, el famoso capítulo ocho, de enfático contenido erótico, motivó que el propio Lezama, irónicamente, dijera para atacar a los lectores superficiales: "Esos son lectores del capítulo ocho".

Sin embargo, cuatro años después, en 1970, Lezama, a la sazón vicepresidente de la UNEAC, conoció en vida, y por primera (y última) vez en su patria, el reconocimiento que se merecía: fueron publicados ese año, la importante Valoración Múltiple, que le dedicó Casa de las Américas, Poesía completa y La cantidad hechizada, este último reunión de sus más importantes ensayos inéditos, donde Lezama completa su teoría sobre su Sistema poético del mundo, las Eras imaginarias y el Espacio gnóstico americano.

Era la víspera de su ostracismo. Como es conocido, Lezama había sido jurado, junto a Manuel Díaz Martínez y a otros importantes jurados extranjeros, del controvertido Premio de Poesía Julián del Casal otorgado a Fuera del juego, de Heberto Padilla. Es significativo, en primer lugar, porque Padilla, en 1959, había iniciado una verdadera batalla en contra de José Lezama Lima, con su artículo "La poesía en su lugar", desde las páginas de Lunes de Revolución. Allí afirmaba, por ejemplo, que Lezama padecía de "una imposibilidad esencial para la captación del hecho poético", antes de sentenciar: "Lezama terminó ya…".


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