Actualizado: 24/11/2017 16:37
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Literatura norteamericana, Literatura, Jazz

El «bop» en las coordenadas narrativas de Kerouac

En el camino está edificada con una oratoria de contrabajo imperativo, piano oscilante y batería espoleada

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I

La novela On the Road, de Jack Kerouac (Lowell, Massachusetts, Estados Unidos, 12 de marzo, 1922 – St. Petersburg, Florida, Estados Unidos, 21 de octubre, 1969), apareció impresa por la editorial Viking Press de New York el 5 de septiembre de 1957: 60 años de vida de una fábula que fue la biblia y el edicto de la generación beat. “Ficción de culto” para algunos, un “clásico discutible” de la literatura estadounidense para otros. Se sigue imprimiendo en diferentes lenguas esta crónica de los viajes extraviados —a bordo de Cadillacs sufragados y Dodges maltrechos— del hipster Dean Moriarte (Neal Cassady) y el “escritor” Sal Paradise (Jack Kerouac). Destino incierto: New York, Chicago, New York. En el itinerario de regreso las agujas de la brújula apuntan siempre a New York. Substancias prohibidas, estupefacientes, liviandades, enajenaciones, zozobra y desamparo. América, territorio clandestino de la “libertad”.

Discurso frenético, impulsivo, quebrantado por un excesivo uso de comas: transcripción del estilo bebop que se imponía en aquellos años. Onomatopeyas. Gritos. El jazz estalla en salas subterráneas donde el humo del tabaco es una cortina negra que rebota en el techo y lo tiñe de espirales que siguen el walking de un contrabajo de cuerdas estiradas y anudadas en el hambre del festejo inacabado. América, región oculta de la emancipación. En los callejones las jeringas se cuartean entre las baldosas. La intemperie de las carreteras de Estados Unidos cobija a los desmantelados.

Año de 1947: el desenfreno del bop está volteando bocarriba a New York. Las trompetas suenan altivas, pero se sabe que un aire cansado las espolea. “Ornithology”, de Charlie Parker, brama y penetra las rendijas. Miles Davis susurra detrás de la trompeta con el antifaz asordinado del naufragio. Noches abrasadoras y furibundas en Central Avenue. Acordes que aúllan. Acordes que desordenan los pórticos. Acordes detrás de las cortinas y detrás de las claraboyas.

“Agachado en medio del frio viento lloviznoso yo lo observaba todo entre las nostálgicas viñas del otoño. Me invadía esa gran canción de Billie Holiday, ‘Lover Man’; en realidad tuve mi concierto privado entre los viñedos”, comenta en alguna parte el narrador de En elcamino. / El sax de Dexter Gordon es un ciclón triste, sino escuchen el disco The Hunt que grabó con Wardell Gray. Pulsaciones de un contrabajo que ejecuta un hombre corpulento y ansioso. Brota “C-Jam Blues”. Alguien llora bajo los conformes de “A Fine Romance”. Los compases lentos de “Close Your Eyes” se empinan sobre las evocaciones. Congo Blues, el fonograma de Dizzy Gillespie con Max West en la batería, se explaya sobre la soledad de reservados varones morenos. La noche se incendia. La noche es una vendimia. Bird vuela sobre la intercesión de la alborada. “En muy poco tiempo estábamos de nuevo en la autopista y esa noche vi desplegarse ante mis ojos todo el estado de Nebraska. Íbamos a ciento setenta y cinco por hora por rectas interminables, cruzábamos pueblos dormidos, no había tráfico y el expreso Union Pacific quedaba detrás de nosotros bajo la luz de la luna”. El sax y la trompeta silban en la travesía.

II

La máquina de escribir es antigua: en la noche se escuchan sus chillidos metálicos. Un escribidor afligido y azorado comienza a pulsar las clavijas, su cuerpo se deshace lentamente en palabras: largos sintagmas que describen pasajes evocados por las síncopas del alma. Inflexiones que buscan refugio en la sombra de un dolor modulado en los impulsivos e indómitos vuelcos de propensiones procaces sobre una melodía que busca la emancipación. Tres semanas sin descanso: Jack Kerouac mecanografió en tiempo de bebop la fábula que para muchos cambió la manera de entender la literatura moderna. En el camino: Parker humedeció las planas con sus lágrimas de pájaro deseoso planeando las invocaciones de todas las concordias posibles. “Visión indecible” de la vida, que encontró forma y manifestación en otra vertiente artística que surgía paralelamente a su propuesta, la cual llegó a hacer suya: la nueva variante del jazz, el bebop.

Dizzy Gillespie se regodea en “Hot House”, Thelonious Monk y su “Round Midnight”, Charlie Parker se balancea en los signos de “Night in Tunisia”, Bud Powell y “Cherokee”… Kerouac silbaba “Ko-ko” de Parker; hacía pausas similares a la de “Epistrophy” de Monk; bailaba con “Un poco loco” de Powell. Preámbulo, introducción, A-B-A- INTERLUDIO-C-C-CODA. “Por la mañana me desperté y me di vuelta en la cama; se levantó una gran nube de polvo. Tiré de la ventana; estaba clavada. Tim Gray estaba en la misma cama. Tosimos y estornudamos. Desayunamos los restos de la cerveza. Babe volvió de su Hotel y recogimos nuestras cosas para irnos”, pulsa el narrador en la mañana después de una noche alucinante y agrietada. El bebop es fisura sobre el tiempo que se deboca. En el camino está edificada con una oratoria de contrabajo imperativo, piano oscilante y batería espoleada.

III

El bop significaba para el autor de Los subterráneos una manifestación de rescate en el sentido de expresión liberada, autónoma. El jazz se convirtió en su código de referencia existencial. Oído atento que se regocijaba con los anárquicos solos de Gillespie y de Parker. No olvidar que beat es para los instrumentistas de jazz el pulso del acento rítmico sobre el cual improvisan. “Generación Beat”: grupo de consternados, desairados y fatigados. Prosodia “subversiva e innombrable”: el bebop marcó no solamente a Kerouac sino también los gestos del poeta Allen Ginsberg y del narrador William S. Burroughs.

No quería Kerouac calcar el modo de vida de los grandes exponentes del bop: trasladó las ideas sustanciales de la nueva modalidad a su pronunciación en lo que llamó “prosa bop”: largos sintagmas en una marejada de animosa agitación en que la longitud de los parágrafos no tomaba en cuenta los preceptos sintácticos (escuche con detenimiento la estructura de un solo de Parker o de Monk o de Powell). Nadie puede soslayar que En el camino revolucionó la prosa dentro del panorama novelístico de Estados Unidos en los años 50/60.

La presencia del jazz en Kerouac no se sustrae sólo a la disposición del discurso narrativo: la trama de En el camino se supedita a la retórica del bop. El solo de un instrumentista de jazz logra instantes de enardecido arrobamiento (Parker, Gillespie, Monk…): viaje espiritual, búsqueda de un sentido místico: “Siempre hay algo más, un poco más, la cosa nunca se termina. [Los músicos] intentaron encontrar frases nuevas…; hacían grandes esfuerzos. Se retorcieron y angustiaron y soplaron. De vez en cuando, un grito armónico, limpio, proporcionaba nuevas sugerencias a un tema que quería ser el único tema del mundo y que haría que las almas de los hombres saltaran de alegría. Lo encontraban, lo perdían, hacían esfuerzos buscándolo, volvían a encontrarlo, se reían, gemían…”, especula Sal Paradise. Cántico que escolta un peregrinaje por un mundo que ya había perdido todo sentido. (No olvidar a Coltrane, unos años después, 1964, con “A Love Supreme”). “Procura estar poseído por una ingenua santidad de espíritu”: lema de Kerouac.

En México descubrió a Pérez Prado: “Esos tabaleos de tambores. Esas trompetas con riffs desesperados de lamentos grotescos y alegría inundada. Grito, imitación que me explicaron expresaba, ¡dilo! Esto es bop cubano. Furia de una marcha trazada por percusiones manchadas por clamores africanos. Y la gente baila mambo en contorsiones de alucinación desmedida. Los saxofones, sobre todo el barítono, cosen la jerga de voces rabiosas en el vientre de la noche”, dijo alguna vez Kerouac después de uno de sus éxodos a la Ciudad de México.

Coda

Escucho el álbum Bird & Diz con Thelonious Monk en el piano, Curly Russell en el contrabajo y Buddy Rich en la batería: New York City, 1950. Jack Kerouac comenzaba su destierro escritural. Me detengo en “My Melancholy Baby”, “Leap Frop” y “Mohawk”. Escucho la prosa de Kerouac retumbando en los horcones de mi casa. Parker escribe en las pupilas de la noche. Dizzy grita y desanda en los preámbulos del dolor. Kerouac llora a la intemperie.


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