Actualizado: 21/07/2019 2:08
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El concilio de Brian Lynch

El trompetista Brian Lynch es un enamorado del montuno afrocubano, algo que demuestra en su último disco

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El trompetista de Illinois, Brian Lynch (1956) aprendió que sin clave y bongó no hay son. El contacto con músicos cubanos y caribeños (el laudista Barbarito Torres —Buena vista Social Club—; los bateristas Dafnis Prieto y Horacio “El Negro” Hernández; los saxofonistas Yosvany Terry y Miguel Zenón; el percusionista Pedro Martínez, los congueros Marvin Diz y Giovanni Hidalgo; el vocalista Hector Lavoe; los pianistas Eddie Palmieri y Michel Camilo; el bajo John Benítez; Grupo Yerba Buena, el guitarrista Juan Carlos Formell…) ha sido determinante en su concepción del jazz. “Ser músico de jazz en nuestros días significa saber dibujar una amplia variedad de elementos que hace 30 o 40 años no se tomaban en cuenta. No es tocar un poco de esto o un poco de lo otro, sino fusionar lo aprendido, lo asimilado por la relación con músicos de otras culturas y transformarlo en una sonoridad singular que no sea imitación”, comenta el último trompetista de ArtBlakey & The Jazz Messengers.

Heredero del bebop, Lynch es un enamorado del montuno afrocubano. El espíritu de la clave cubana está en los soplos de este instrumentista que supo darle un aire latino al hard del pianista Horace Silver (Horace Silver Quintet), llevar el sax alto de Phil Woods a plazas del Latin Jazz (Phil Woods Quintet) y rumbear  el funk del saxofonista Benny Golson. Su estancia en Eddie Palmieri’s Caribbean Jazz derivó más tarde en  Simpático, ganador del Grammy  2007 como Mejor Álbum de Latin Jazz.

Fue en One More Once (1994) del pianista dominicano Michel Camilo, donde  por primera vez la trompeta de Lynch pisó terrenos latinos. Después, el trombonista Conrad Herwig lo invita a  Another Kind of Blue, Sketches of Spain y Qué viva Coltrane, tres proyectos consistentes en trasladar los universos sonoros de Davis y Coltrane a cauces armónicos afrocubanos.

Más de 15 álbumes como líder ―muchos de ellos nunca comercializados en México― y  aparece en las tiendas de discos mexicanas ConClave. BrianLynch Latin Jazz Sextet (Criss Cross Jazz, 2005). Concilio presidido por Lynch que reúne a Ralh Bowen (sax tenor), Luis Perdomo (piano), Boris Kozlov (bajo), Rubén Rodríguez (bajo), Ernesto Simpson (batería) y Roberto Quintero (percusión) en abierto diálogo con  consonancias caribeñas. 

En Qué Viva Coltrane (2003) las orquestaciones transfieren las pautas del modalismo coltraneano a costuras hilvanadas por la rítmica afrocubana;  sin embargo, ConClave asume el cubop de herencia gillespieana, con total conocimiento y causa: ocho composiciones que revelan el cosmos afro latino del instrumentista norteamericano. Clave cubana (3/2 a contratiempo) en papel protagónico; montuno, mambo y bop,  secundando las ofertas rumberas. “A partir de ahora mi música pude denominarse jazz con clave”, dice Lynch. Lo más interesante de este CD es que suena bebop, afro y latino al mismo tiempo: una suerte de cubop/hard  que mucho le debe a Paquito D’Rivera, Sandoval y Chucho Valdés.  Indiscutibles las reminiscencias de Bauzá y O’Farril, y asimismo los guiños a Arsenio Rodríguez, Chocolate Armentero y Chapottín.

La guajira “La sitiera” (R. López) se convierte en un cadencioso bolero con líneas de chachachá que la trompeta, el sax y el piano trenzan hasta concluir en un sabroso guajeo mambero. En “J.B’s Dilema” (Lynch), sax tenor, piano y trompeta se extienden en encabalgados ataques alternos con las percusiones y logran uno de los momentos más explosivos del álbum: coqueteos hard y apuntes free entrometidos en apeaderos afrocubanos. “Across The Bridge”: los fraseos de Lynch rinden tributo a Lee Morgan; el solo songuero del baterista, magistral.  Cónclave de ritmos (son, mambo, chachachá…). Prodigioso convite.  Seis anfitriones de primera.


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