Actualizado: 19/06/2019 13:53
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Artes Plásticas

El dedo en la llaga

El libro 'Nuevo milenio. Artistas cubanos contemporáneos' aborda el conflicto entre los poderes económico y político que vive el arte en Cuba.

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Bajo el título Nuevo milenio. Artistas cubanos contemporáneos (Pontón Facsímiles, Guadalajara, 2006), acaba de aparecer un volumen de textos de la crítica y editora de arte Carina Pino Santos.

Se trata de un libro que amplía el trayecto recorrido por su autora en la edición Fin de milenio. Nuevos artistas cubanos (2005). A partir de estudios monográficos, en esta nueva propuesta Pino Santos se adentra en la poética de 25 artistas cubanos contemporáneos de diferentes generaciones y poseedores de heterogéneos planteamientos estéticos.

A través de la exploración de los discursos preeminentes de creadores como Abel Barroso, Iván y Yoan Capote, Carlos Estévez, Kadir López, Lidzie Alviza, Roberto Fabelo, Rubén Alpízar o Sandra Ramos, entre otros, la autora ejecuta una sonata de sutiles reflexiones mediante la que emergen algunos de los síntomas y características más interesantes de la producción simbólica insular de los últimos años.

Este compendio de ensayos y artículos críticos abre sus páginas con una crónica directa, narrada en primera persona y a manera de anécdota, del proceso de creación y producción de Manual de instrucciones, una de las exposiciones más polémicas y mencionadas de la novena y última Bienal de La Habana.

Útil en medio de la precariedad

Desde el canto coral a un proyecto que marca la recuperación de una dinámica de colaboración extraña en el arte cubano de los noventa, y de un proceso que valora la figura del dealer como ente fundamental en la promoción y comercialización del joven arte cubano, Pino Santos se adentra, aun sin planteárselo directamente y dejándolo expuesto entre líneas, en uno de los fenómenos más habituales dentro del campo informal del arte cubano de las dos últimas décadas en su trasiego por la denominada "nueva situación de mercado".

La reivindicación de esos actantes que dentro del campo regulan imaginarios y juegan con la validación y cotización de las obras y los artistas, desempeñando funciones que claramente no ha podido asumir eficazmente la institución Arte en Cuba, pone el dedo sobre la llaga en lo concerniente a un conflicto entre poderes (económico y político), que vive de forma traumática el contexto del arte en la Cuba de hoy.

Además de acceder a las particularidades de la obra de diferentes autores, Pino Santos finaliza su compendio con un texto que a vuelo de pájaro realiza un paneo por la Historia del Arte en Cuba desde el período colonial. Se trata posiblemente de un ensayo apresurado, pero indiscutiblemente útil en medio de la precariedad historiográfica que presentan las narrativas sobre el arte nacional.

Los trasiegos de la institucionalización del campo artístico cubano, la emergencia de discursos y lenguajes plásticos con incesante afán de subversión y renovación vanguardista, son algunos de los elementos que analiza la autora en ese breve recorrido por la imagen y la visualidad de la Isla.

Como toda selección, la ubicación de determinados artistas en el volumen puede ser cuestionable: ausencias y presencias insólitas. De cualquier modo, Nuevo milenio. Artistas cubanos contemporáneos es un libro necesario, que junto al texto trae las imágenes de obras que han quedado ancladas en la memoria de un consciente colectivo que se refugia en el recuerdo ante la dificultad de empresas editoriales que dejen testimonio gráfico de la producción simbólica contemporánea en Cuba.

Una vez más la voluntad de historiar, compilar y finalmente concretar editorialmente llega desde fuera, dotando de imágenes esa memoria que vive en medio de la oralidad.