Actualizado: 22/10/2021 20:51
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Cine, Arte 7

El demonio interior

Post Mortem es una película difícil, pero artísticamente bien lograda

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Su primera película pasó casi desapercibida. Fuga (2006), se distribuyó mayormente en el Cono Sur y no tuvo mucha aceptación, ni de crítica ni de público. Tony Manero (2008), su segundo largometraje, se convirtió prácticamente en una película de culto y recibió desde las más elogiosas reseñas hasta, en el otro extremo, los calificativos de “grotesca”, “perturbadora” y “gratuitamente violenta”, entre muchos otros. Con este filme, el director, productor y guionista Pablo Larraín (Chile 1976), dijo que intentó echar “una mirada crítica a una sociedad que es incapaz de enfrentarse cara a cara con su pasado… una sociedad cuyas manos están cubiertas de sangre pero trata de lucir estilizada y a la moda…”. La trama se desenvuelve en el Chile de unos años después del golpe de Pinochet, cuando aún imperaba el toque de queda y el estado de sitio, y se centra en un impávido sociópata cuya única obsesión parece ser el personaje que interpretó John Travolta en Saturday Night Fever, pero que más bien parece una caricatura del Tony Montana que protagoniza Al Pacino en Scarface, un asesino en serie completamente insensibilizado, incapaz de expresar sus sentimientos a no ser al compás de la música de los Bee Gees. Con sus tiros de cámara muy al estilo de los hermanos Dardenne, sobre todo el de Rosetta, la crítica social y la alegoría política se diluían en la existencia miserable de su repulsivo personaje central.

En su obra más reciente, Post Mortem, Larraín vuelve al Chile de Pinochet, esta vez durante el momento del derrocamiento de Allende. De hecho, Larraín ha declarado que la película se construyó “a partir de la autopsia de Salvador Allende… es prácticamente una autopsia de Chile”. Pero de nuevo, su centralización en un personaje despojado de sentimientos, excepto por su obsesión con su vecina de enfrente, vuelve, por suerte, a diluir el elemento politiquero en el conflicto de los personajes.

Mario, protagonizado por Alfredo Castro, el excelente actor que fue también la figura principal en Tony Manero, trabaja como oficinista en la morgue y lleva una vida frugal y rutinaria. Es un hombre aplacado cuya único interés parece ser su vecina Nancy Puelma, impecablemente interpretada por Antonia Zegers, otra veterana de Larraín. Nancy es una mujer ya ajada, bailarina principal en una especie de grupo burlesco, que es un espectáculo más lamentable que un circo de provincias. En su casa, su hermano lleva a cabo reuniones con carácter clandestino de individuos que apoyan a la Unidad Popular allendista, que parecen vivir emboscados.

Sin muchas aclaraciones históricas ni preámbulos, sucede el golpe de Pinochet y a la morgue traen el cadáver de Allende para una autopsia y aquí se desencadenan los sentimientos políticos de algunos personajes, se manifiesta la violencia política gratuita y los personajes empiezan a ubicarse en el paisaje social tratando meramente de salvar sus pellejos, callando o replegándose de forma oportunista. Mario no expresa ninguna afiliación política, lo suyo es Nancy por encima de todas las cosas, aunque timorato al fin, a pesar de que aparentemente la conoce desde hace tiempo, nunca le había dirigido la palabra. La casa de Nancy es registrada y destrozada por los militares y tras estar perdida unos días, regresa a ella y busca un escondite en un sector de la vivienda. Mario se ofrece a protegerla durante el tiempo que necesite encubrirse y parece regocijarse en esta coyuntura.

Mario continúa su trabajo y sus rutinas sin ser afectado por su entorno, solamente su obsesión por Nancy crece, la alimenta y la visita cada día. En una de estas visitas descubre que ella oculta a un amante y ahí se desata el monstruo que lleva reprimido dentro de si. Al sentirse traicionado opta por el crimen de la manera más perversa posible. La bestia se presenta ante nosotros sin apenas mover un músculo del rostro. Lleva a cabo su tarea aniquiladora y vengativa con minuciosidad de amanuense.

Esta vez Larraín utiliza un método narrativo diferente. Dice haber filmado en 16 mm. Utilizando unos lentes rusos “antiguos y anamórficos” que le dan una paleta surreal al retrato hiperrealista. Hizo esto porque, según expresa, “no viví esos días… jugué con un imaginario”. Utiliza el estilo de enfoque del cineasta taiwanés Tsang Ming-liang, en el cual la cámara, como un observador pasivo, se planta estacionaria y los personajes entran y salen de su campo, consiguiendo no solo un extrañamiento brechtiano, lo cual acentúa con una gran mayoría de planos medios tomados a gran distancia, sino además una atmósfera de impotencia ante lo que se ve en la pantalla. Para restar la posibilidad de que el espectador se involucre emocionalmente y a la vez despojar de sentimentalismo la trama, los personajes nunca son filmados en el mismo plano durante momentos íntimos. Durante su único encuentro sexual con Nancy, solamente la enfoca a ella en la cama, presentando su rostro a cierta distancia, mientras responde a los embates de Mario. También juega con el tiempo de la película, que aunque narrada cronológicamente, en un momento dado hay una secuencia en la morgue, a menos de la mitad de la película, en la cual aparece el cadáver de Nancy listo para la autopsia. Las causas de la muerte no se esclarecen hasta el final.

Post Mortem es una película difícil, pero artísticamente bien lograda. Larraín demuestra haber superado los defectos que se le pudieron encontrar en Tony Manero, y a pesar de sus intenciones políticas, lo que nos muestra es el demonio interior que puede residir en todos nosotros. La película puede verse como un filme de horror cotidiano, ya que su entorno y su desarrollo son totalmente ominosos. Es un thriller que uno nunca sabe a dónde va a parar. Incómoda en cada secuencia. Lo que se concluye en ambos filmes es que el hecho político promotor del ascenso del totalitarismo, se resuelve siempre en el hecho personal. Es el individuo y ese demonio interior el que lo hará ulteriormente posible, ya que tanto lo político como lo sociológico, están conformados por la fibra del sujeto y sus fantasmas.

Post Mortem (Chile 2010). Guión y dirección: Pablo Larraín. Con: Alfredo Castro, Antonia Zegers, Amparo Noguera y Jaime Vadell. De estreno en New York y Los Ángeles.


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