Actualizado: 20/05/2022 11:41
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Juguete, Literatura, Literatura infantil

El derecho a elegir juguete

Las noruegas Kari Tinnen y Mari Kanstad Johnsen abordan de manera sencilla, amena e inteligente el tema de los patrones sexistas que los padres imponen a los hijos

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Milo es un niño que cumple cinco años. Para celebrarlo, su papá ha comprado un pastel que pone sobre la mesa. Enciende las cinco velas y le dice a su hijo: “Si logras apagar todas te compraré lo que quieras en la juguetería”. Eso alegra mucho al chico: ¿De veras le comprará lo que él quiera? Y ¡haaa, pfuh!, apaga todas las velas de un soplido. El padre está orgulloso, no hay dudas de que su hijo ya es grande. Y le sirve un trozo de pastel.

Así comienza Barbie & Milo. Una historia de amor (Niño Editor, 2016, traducción de Mariana Windingland), un estupendo ejemplo de la literatura que hoy se escribe para el público infantil. Sus autoras son las noruegas Kari Tinnen (1975) y Mari Kanstad Johnsen (1981). La primera es escritora para niños. La segunda también lo es, aunque es más conocida como ilustradora. Algo que le viene de familia, pues su padre y su hermana menor también lo son.

Milo y su padre van a la juguetería, que es grande como una piscina cubierta y está llena de cosas bellas, Milo sabe muy bien lo que quiere. Pasan delante de los monos de peluche, los cachorros de león, las pelotas saltarinas, los bates de béisbol. El padre se pregunta qué escogerá su hijo. Este sabe muy bien lo quiere y no demora en decírselo: “¡Ahí está! Una caja rosa, con letras rosas y un corazón rosa. ¡Oh, quiere bailar! Qué bella es. —Quiero una Barbie”.

Lo que a partir de ese momento se narra tiene que ver con lo que sucede cuando los deseos de Milo se oponen radicalmente a los de su padre. Este le insiste en que lleve una pistola de policía grande y reluciente, y muestras se la muestra dispara a un muñeco de peluche. Pero ningún argumento lograr hacer cambiar de parecer a Milo: él quiere una Barbie, para la cual ya tiene una cama de lo más bonita.

En medio de la discusión, aparece Diego, un chico que se dedica a abusar de los niños en la escuela. Lleva un bate de pelota y un mono de peluche que, al final, destroza. Está con su padre, que se niega a estrecharle la mano a Milo cuando él se la extiende. Este y su papá mantienen entonces este diálogo:

“—¿No puedes llevar algo que le guste a Diego?, pregunta papá.

“—No… No, responde Milo. Prefiere que sea algo que le guste a él.

“—¡Algunas personas pueden ser tan tontas!, dice papá. Y con una pistola harán lo que tú les digas.

“—¿En verdad?, duda Milo.

“—Sí, responde papá.

“—¿Tú también?, pregunta Milo.

“—Por supuesto, contesta.

“Milo se levanta decidido.

“—Entonces llevamos una pistola”.

Una industria sexista y retrógrada

Barbie & Milo aborda de manera sencilla, amena e inteligente el tema de los patrones sexistas que los padres inculcan e imponen a los hijos. En este caso, eso se ilustra a través de la elección de los juguetes. Estos, como ha comentado Diego Trerotola, son producidos por una industria “que, en general y muy en particular, sigue siendo sexista y retrógrada a niveles insoportables, con la estricta disciplina de los roles de género inscripta en cada uno de los productos”. Hace notar, asimismo, que, “de hecho, cada juguetería tiene sectores para separar los juguetes para niñas de los para niños, para sobre explicitar el sexismo ya implicado en la fabricación en cadena de cada artículo”.

Al querer un juguete diseñado para las niñas, Milo se aparta de los parámetros hegemónicos que decretan qué es lo masculino y qué lo femenino. Eso constituye un desafío a la mercadotecnia que se empeña en fijar esas divisiones. Pero al final, Milo demuestra que el deseo de cualquier chico es capaz de imponerse sobre el sexismo e invertir el rumbo recto que se espera de él. No acepta que su papá quiera obligarlo a llevar una pistola, cuando le había prometido comprarle lo que él quisiese.

Hay un aspecto de Barbie & Milo que resulta pertinente destacar, pues en el mismo reside parte de su originalidad. Sus autoras no están tratando el tema de la identidad u orientación sexual del protagonista (conviene recordar además que este solo tiene cinco años). El conflicto que se crea no viene dado por su deseo de que su papá le compre una muñeca, sino por la conducta patriarcal de este de obligarlo a que lleve una pistola de policía. Algo que se pierde en el título de la traducción al español, que no corresponde exactamente al original en noruego: Barbie-Nils & Pistol Problemet. Es decir, “el problema de la pistola”, que es justamente de lo que Tinnen y Kanstad Johnsen quieren hablar.

El libro cuenta con una muy atractiva edición. El breve texto encuentra su correlato adecuado en las estupendas ilustraciones, que lo complementan y duplican su encanto. Estas son un verdadero derroche de imaginación, y recrean con estilo desenfadado y libérrimo la sencilla pero enjundiosa historia. En resumen, una delicia de cuento, que además tiene el mérito de atreverse a tratar un tema complicado.