Actualizado: 20/10/2017 18:43
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Literatura, Literatura cubana

El disfrute de pensar escribiendo (II)

Una antología de textos poéticos y narrativos del Grupo Diáspora(s) revela una de las muestras más singulares que pueden encontrarse en la literatura cubana desde la caída del Muro de Berlín, quizás desde mucho antes

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El Grupo Diáspora(s) tuvo una primera etapa, en la cual se dedicó a tener una proyección pública, mediante performances, videos, lecturas y charlas. En palabras de Aguilera, sus integrantes buscaban hacer “terrorismo con pedagogía, si es que uno y otra al final no son lo mismo”. En 1997 iniciaron una segunda etapa, que es propiamente la de la revista. A diferencia de las otras publicaciones culturales que entonces se editaban en la Isla, Diáspora(s) no era la revista de una institución, sino de un grupo orgánico, algo que hasta entonces no se había dado en todo el período revolucionario.

El primer número corresponde a septiembre de 1997; el último, a febrero-marzo de 2002. En todos, Sánchez Mejías y Aguilera aparecen como coordinadores. Pero el mismo año en que Diáspora(s) empezó a circular, Sánchez Mejías salió definitivamente hacia España. A partir de entonces, Aguilera y Marqués de Armas se encargaron de preparar cada número, aunque siempre se mantuvieron comunicados con Sánchez Mejías a través del correo electrónico. Acerca de ese punto, en la entrevista recogida en el libro Aguilera comenta: “Sería bueno subrayar que Rolando a partir de su salida hacia Barcelona nunca intentó imponer un índice en la revista, un orden. Al contrario, nos dejó todo el campo a nosotros. Y esto hizo que dentro de la trabazón que fue hacer Diáspora(s) en una Cuba tomada por el sinsentido la cosa fluyera bastante”.

Diáspora(s) era una revista independiente y se imprimía fuera de los cauces oficiales. El hecho de editarla representaba un desafío, pues como recuerda Sánchez Mejías la ley cubana castiga la edición de obras y publicaciones no legalizadas oficialmente con penas de hasta diez años de cárcel. Se hacía en fotocopias y su tirada era de pocos ejemplares (“hacíamos sesenta, setenta, creo que una vez se llegó a cien”, ha comentado Marqués de Armas). Su distribución era clandestina, a la manera del samizdat en Rusia durante el período soviético. Eso, sumado a la corta edición, hizo que llegara a un público muy limitado y que su radio de acción se redujese a La Habana. No obstante, algunas copias de la revista lograron llegar incluso al extranjero. En el breve texto suyo incluido en el volumen compilado por Cabezas Miranda, el ensayista y académico norteamericano Daniel Balderston expresa su admiración por la revista y añade: “Puedo decir que Ricardo Piglia también la admiró mucho”.

En las páginas de Diáspora(s) se hablaba además de temas que el estado no quería que se hablase. Entre otros textos, cabe mencionar ensayos de Rogelio Saunders (“El Fascismo”, “El lenguaje y el poder”), Ricardo Alberto Pérez (“La modernidad se contrae”), Sánchez Mejías (“Violencia y literatura”), Aguilera (“El arte del desvío. Apuntes sobre literatura y nación”), que difícilmente hubieran sido aceptados por las publicaciones cubanas. Otros autores que aparecieron en la revista, como el alemán Hans Magnus Enzensberger y el checo Milan Kundera, estaban prohibidos en la Isla. Y por su condición de exiliados, entonces también figuraban en el índex los cubanos Heberto Padilla, José Kozer, Carlos M. Luis, Lorenzo García Vega. Con la obra de este último, el grupo tenía muchas afinidades, lo mismo que con la de Virgilio Piñera, el otro heterodoxo de Orígenes. De García Vega aparecieron colaboraciones en los números 2 y 6; y a Piñera se le dedicó un dossier en el 7-8.

Ya desde la primera entrega, la traducción tuvo un importante peso en la revista. Eso permitió que sus lectores pudieran acceder a autores que en esos años eran poco o nada conocidos en la Isla: Jacques Derrida, John Ashbery, Joseph Brodsky, Gilles Deleuze, Thomas Bernhard, Daniil Jarms (de este último, no fue hasta 2012 cuando se publicó en español el primer libro suyo). Además de combinar la creación y el pensamiento, Diáspora(s) estimuló el diálogo con otras manifestaciones. Eso lo ilustran los textos del teatrista y dramaturgo italiano Carmelo Bene y la “Conferencia sobre algo”, del músico, poeta y pintor norteamericano John Cage.

Los editores también prestaron atención a la plástica cubana y la portada y la contraportada de la revista fueron ilustradas obras de Ezequiel Suárez, Luis Cruz-Azaceta, Eduardo Zarza Guirola, Carlos M. Luis y Rafael Zarza. Este último además fue objeto de una larga entrevista, realizada por Aguilera y Carmen Paula Bermúdez. Y en cuanto a los autores cubanos, aparte de los miembros del grupo en Diáspora(s) se dio cabida a textos de Juan Carlos Flores, Atilio Caballero, Emilio Ichikawa, Ernesto Santana, Duanel Díaz, Antonio José Ponte, Gerardo Fernández Fe, Jesús Jambrina.

La dirigencia cultural prefirió hacerle el vacío

En la introducción al libro dedicado a la revista, Cabezas Miranda expresa que “su hábitat en los márgenes le proporcionó personalidad, polémica y cierta notoriedad, pero a la larga le restó visibilidad. En buena medida porque a la dirigencia cultural le molestó aquella modesta maquinaria de papel, desde donde, amén de cuestionar herencias del país y proponer nuevas escrituras, se censuraba un uso totalitario del poder; y prefirió hacerle el vacío, pero la revista supo resistir a su manera”.

Acerca de las dificultades y presiones a las cuales se enfrentaron, reproduzco este testimonio de Aguilera, extraído de la entrevista con Udo Kawassen: “Encontramos todos los contratiempos imaginables (imaginables en un país totalitario, claro está). Desde no tener computadora para tipear los textos hasta amenazas de la Seguridad del Estado; desde falta de papel hasta negativas para recibir permisos de salidas y viajar fuera del país. Estar en esa cuerda floja, creo, nos dio fuerza. La cuestión no era ir contra el Estado (¿de qué manera una escritura puede ir contra un Estado?), sino «pensar» las maneras en que éste se relaciona con las ficciones que tiene alrededor y mostrar cómo las secuestra, como les chupa la sangre. También, la manera en que estas ficciones devienen despotismo. Como ya he escrito en otra parte, no hay nada más corrompible que un escritor. Siempre está listo para ser «vendido», vuelto a utilizar”.

Como señala Aguilera, Diáspora(s) no pretendía ir contra el Estado. El grupo no seguía una agenda política y concibió la revista como un espacio que hiciera visibles las estrategias que venían materializando. Pero su gesto literario trascendía el campo de las letras y tenía mucho de proyecto civil. Solo que los escritores nucleados en torno a la publicación buscaban llegar a la sociedad civil no como experiencia política, sino de manera estética y filosófica. Sin embargo, tampoco debe desestimarse que, más que como una colección de textos, Diáspora(s) pretendía ser “una máquina de guerra, una suerte de territorio desde donde fuera posible pensar de otra manera, fuera de los estereotipos ad usum” (de nuevo cito a Aguilera). Y pensar de otra manera resultaba altamente disonante en un país donde se privilegia una sola línea de pensamiento: la adscrita al régimen.

En realidad, fueron pocos los textos de creación de los miembros del grupo que aparecieron en la revista. Hice un cómputo y he aquí el resultado de sus colaboraciones: Aguilera, dos (“Mao”, “Viaje a China”); Saunders, tres (“El mediodía del bufón”, “Un gato llamado Smith”, “Égloga de un bosque”); Marqués de Armas, una (“Poemas”); Sánchez Mejías, dos (“Zilla”, “Olmos”); Prieto, una (“Enciclopedia de una vida en Rusia”); González Castañer, una (“Crónicas”); Alberto Pérez, una (“Los rostros que me agasajan”). En cuanto a Radamés Molina, nunca publicó en Diáspora(s). Quienes deseen conocer esa faceta de los “diaspóricos” hallarán, pues, muy poco material en Revista Diáspora(s). Edición facsímil… Felizmente, ese vacío lo ha venido a llenar otro libro: ratas, líquenes, insectos, polímeros, espiroquetas: grupo Diaspora(s). antología (1993-2013) (cabezaprusia, Puebla, 2014, 395 páginas). Al igual que el otro título, lo compiló Jorge Cabezas Miranda, quien preparó una amplia muestra de la producción poética y narrativa de los ocho escritores.

La edición facsimilar de Diáspora(s) hay que agradecérsela a Radamés Molina, director de Linkgua, quien tuvo la osadía de acoger ese proyecto. Menos fácil de explicar es, en cambio, el que una editorial mexicana haya apostado por una antología de textos poéticos y narrativos de ocho autores cubanos que, para la inmensa mayoría de los lectores de ese país, son desconocidos. A esa cuestión contestó Gabriel Wolfson, editor de cabezaprusia, en una entrevista a propósito de la salida de ratas, líquenes, insectos… He aquí la respuesta que dio a la pregunta ¿Por qué una antología de Diáspora(s) en México veinte años después?:

“Entre otras razones: 1) Porque, aun si es cierto que los textos de estos ocho autores cobran otra dimensión leyéndolos en el contexto específico de Diáspora(s), también lo es que ni mucho menos se trata de puros documentos, registros curiosos de una geografía lejana y una época ida: son textos vigentes. 2) Para pagarme una especie de deuda: en los noventa, cuando yo empecé a leer más o menos en serio, me habría encantado saber de este grupo, sentirme contemporáneo de ellos, invitarlos a mi propia, mexicana conversación. 3) Me gustan e interesan muchas de las cosas –autores– que a ellos les gustan o gustaron en ese momento, gente como Bernhard, Bulgákov, Piñera, Canetti, o algunos a quienes conocí a partir de ellos, como García Vega”.

Un bojeo por sus respectivas estéticas

La antología se abre con un texto del propio Wolfson, “Diáspora(s) en/ desde México y, digamos, Latinoamérica”, al cual sigue otro de Cabezas Miranda, “Presentación: unas palabras desde la España incierta del siglo XXI”. El cuerpo principal lo ocupan los bloques dedicados a cada uno de los autores, que reúnen textos escritos entre 1993 y 2013. La selección es bastante amplia y representativa de sus escrituras, y permite al lector realizar un bojeo por sus respectivas estéticas: “desde el incómodo lujo minucioso de José Manuel Prieto al irónico barroco hiriente de Radamés Molina, desde el piñerismo geometrizado de Ricardo Alberto Pérez al maniatado delirio de Rolando Sánchez Mejías”, según anota Wolfson. Al final del volumen se incluye una “Entrevista falsamente coral”, en la que el compilador reproduce respuestas que no aparecen en el otro libro y que se centran en el tema de la escritura.

En sus respuestas al cuestionario que aparece en la edición facsimilar, Gerardo Muñoz se lamentaba de que el momento de Diáspora(s) aún no ha llegado: “Ni la crítica norteamericana latinoamericanista, que es de donde me posiciono como investigador, ni dentro de la discusión cultural cubana, el grupo Diáspora(s) ha sido colocado en el espacio que merece”. La publicación de los dos libros de los que aquí se ha dado noticia indica que finalmente ese momento ha comenzado. A esos títulos se suman otras aproximaciones críticas e investigativas, que verifican el interés que aquel proyecto despierta en Cuba, Estados Unidos, España, Brasil, México. Sus propuestas inteligentes, renovadoras y valientes hicieron de esos escritores unos adelantados. Y hoy se puede afirmar, como comenta Cabezas Miranda, que su aportación significó “una palanca de cambio en la Isla, que dio más frutos de los que algunos creen y seguramente menos de los deseables”.

El compilador de ratas, líquenes, insectos… concluye su prólogo con esta invitación: “Es esta una de las muestras más singulares que pueden encontrarse en la literatura cubana desde la caída del Muro de Berlín, quizás desde mucho antes. Pasen, observen, comprueben por ustedes mismos, seguro de que desde hace tiempo no se topan con nada igual”. A modo de botón de muestra y para que quienes lean estas líneas vayan haciendo boca, reproduzco tres de los textos de la antología.

“Siestecita”

—A mí me hubiera gustado profundizar en la mecánica cuántica —dijo el padre de Olmo arreglando la llanta de una bicicleta—. Y en el espíritu de la Ilustración. Tralalí.

—Y a mí ir a París. Y cantar en la Scala —dijo la madre en su bata blanca—. Tralalá.

—Man muss gefährlich leben —dijo Vilo ensalivando la punta de un zapato—. Cada uno a su Salomé. A su metafísica del corazón. A su sombrero de jipi japa.

—Nadie cría un gallo para tuerto. Ni un niño para tonto —dijo Eulalia dándole a Olmo el biberón vacío—. Y nadie se topa un huevo colorao en nido de gallinas azules. (Rolando Sánchez Mejías)

“Ensayo crítico sobre las manos de mi padre”

Mi padre tenía unas manos perfectas

para aplaudir en el circo.

Más que del equilibrista,

yo gustaba de sus dedos danzando

en una pasión folclórica.

El dedón de mi padre

era un terreno elevado

donde escalaba cada día.

(fabricante de perfumes)

Regresó con la mano vendada:

el circo dejó de tener sentido para mí,

hasta el discurso de los políticos

parecía menos consistente. (Ricardo Alberto Pérez)

“El delirio de Orfeo”

Alejandro creyó que el pensamiento/

era cosa de un Pánfilo.

aquel/ ¿Un sirio, un Danilo?

No de amianto son, ay, sino de miento

las cuerdas de la lengua con que canto, o

tartamudeando, veo

al noto Idomeneo

(del núbil Livio, ídolo en adelanto)

en tierra, y sin estrofa, blasfemando

¡Qué Polifemo cárdeno!

Así, cuádriple, sin fe, Anaxi(m)and(r)o.

Preso, como útil Merlín, en la —¡oh, Félix,

dúctil como el molibden!—

mecánica profética de Otto Dix. (Rogelio Saunders)


Con la obra de Virgilio Piñera los miembros del grupo Diáspora(s) tenían muchas afinidadesGalería

Con la obra de Virgilio Piñera los miembros del grupo Diáspora(s) tenían muchas afinidades.

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PRESENTACIÓN

Jorge Cabezas Miranda editor de Grupo Diáspora(s). Antología 1993-2013

Palabras de Jorge Cabezas Miranda, para la presentación del libro “Ratas, líquenes, insectos, polímeros, espiroquetas. Grupo Diáspora(s). Antología 1993-2013.”

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