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El folletín regresa

Falseamientos dramatúrgicos y políticos se juntan en 'Barrio Cuba', la más reciente película de Humberto Solás.

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En este filme se cuenta que alguien abandonó el país debido a su pasión por el dinero y los negocios aunque (aclaran enseguida) ha sido muy buen padre. Como si fuera necesario compensar con alguna virtud el vicio de la iniciativa económica. (La época revolucionaria ha agregado esa clase de subterfugios a la lista con la que ya contábamos: negro pero decente, maricón pero reservado, mujer pero hombre a todo…).

Alguien decide exiliarse y de inmediato comienza el reparto de culpas. Lo cual muestra a las claras que el exilio cubano no ha perdido su carácter político. (La sociología oficial trata de convencernos de que los cubanos emigran hacia el norte por las mismas razones que emigra también gente de Haití o de México. Razones económicas, afirma. Se huye de una economía maltrecha en busca de oportunidades. Sin embargo, en el caso cubano lo que se intenta dejar atrás es la criminalización de cualquier iniciativa. No una economía imposible, sino lo imposible de una economía).

'El culpable soy yo'

Apenas aparece una determinación de exilio, tiene que caer la culpa sobre alguien. "El culpable soy yo", afirma en Barrio Cuba el cabeza de familia. No deben acusar más a la nuera de llevarse con ella a esposo e hijos. Y claro que habría sido peligroso que esa culpabilidad saliese del ámbito familiar, así como se hace evidente lo hipócrita del encerrarla dentro de casa.

Según declaraciones suyas, Humberto Solás procuró evitar la chabacanería de otras cintas cubanas. Decidido a perseverar en "un proyecto de cine genuinamente nacional" huyó de las coproducciones extranjeras, sorteó dificultosamente la filmación y postproducción de su obra. Quiso, por encima de todo, dar testimonio de la vida aquí y ahora.

Desprovisto en verdad de chabacanería y no obligado a exotismos, su último filme no alcanza, sin embargo, a cumplir a cabalidad ese propósito testimoniante. Pues para ello habría sido imprescindible una tercera ausencia: la del censor político. (Solás topó una vez con la censura política y aquel encontronazo cambió su trayectoria. Lo ha confesado a propósito de Días de noviembre: "tuve dificultades después de esa película porque no fue bien comprendida. Confieso que aquello me traumatizó y me hizo desviarme hacia el cine de corte histórico como un modo de mantenerme activo como cineasta". Desvío al que debió sacrificarle décadas y del que ahora busca recuperarse).

Falseada en una familia la cuestión política, el melodrama falsea los conflictos de las otras dos. Así, el rechazo después de una noche de amor cobra tal vehemencia en el viejo carpintero que éste destroza su guitarra, se entrega aún más a la bebida y abandona su empleo durante un año y medio. O hacen creer a un niño que es su padre lejano quien le escribe las cartas que una tía redacta, el niño deja de asistir a clases al saber la verdad, y la maestra lleva a toda el aula a convencerlo de que vuelva a sus estudios. (La escena, con un cake incluido, se diría sacada de Corazón, de Edmundo de Amicis).

El folletín regresa en Solás de modo inescondible. Lo folletinesco abarata la odisea de aquel esposo (Rafael Lahera) que juró no separarse de su mujer encinta. Su periplo hasta la aceptación de lo fatal, historia principal del filme, se deshace en un bohío que es la casita de chocolate de los cuentos infantiles, cabaña dispuesta fuera del mundo para que héroes folletinescos se curen y transformen. (Ocupada en favelas dentro de la ciudad, la fotografía de Carlos Rafael Solís consigue durante ese viaje unos paisajes del nordeste brasileño. El viaje provoca, además, la mejor actuación en un filme de buenos actores: Broselianda Hernández en un pequeño papel).

Falseamientos dramatúrgicos y políticos se juntan en Barrio Cuba. Mejor película que Miel para Ochún, queda ahora esperar por la conclusión de lo que su autor denomina Trilogía del Pueblo. Presidente de un festival de cine que aboga por el uso de tecnología digital, Humberto Solás acaba de anunciar la creación de un centro de enseñanza cinematográfica en La Habana Vieja. La escuela, afirma, estará "muy inspirada en la experiencia que para mí representó Barrio Cuba".


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