Actualizado: 09/12/2019 13:16
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Golem y utopía

El cortometraje 'Utopía', de Arturo Infante: ¿Un retrato real del Hombre Nuevo?

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En vísperas de ser visitada por delegación extranjera o de metodólogos, toda escuela pasa (como se sabe) por un ensayo general. Garantizados la limpieza y el orden, se hace preciso establecer un código secreto entre discípulos y maestros, determinar quién responderá a tal o más cual pregunta y quiénes levantarán la mano como puros comparsas.

En dependencia de la envergadura de los visitantes, podrá llegarse al trueque de alumnos de sexto grado por alumnos de cuarto. Y parte muy principal en esa comedia gogoliana de quienes aguardan a inspector suele ser la recitación de poesía.

Una niña se transforma en surtidor de plaza, de sus labios fluyen versos. Fabricados éstos para la ocasión (la actualidad política los dicta) o sacados del arsenal de los recitadores, embarga la emoción a quien los pronuncia, el furor poético sacude sus miembros, y algo que no sabríamos identificar atrae su mirada hacia un horizonte más allá del patio de la escuela. Gracias a la poesía se está en lo sagrado, en lo patriótico.

En la Escuela Especial "Martica Salazar" esperan por una importante visita. Para darle la bienvenida han preparado nada menos que la recitación de El Golem. Resulta inaudito que un poema de Jorge Luis Borges ocupe el lugar que correspondería mejor a los versos martianos, por ejemplo. Y, declamado ante criaturas de lento aprendizaje, es El Golem el menos recomendable de sus textos (¿acaso no sonarían demasiado alusivas las siguientes líneas: "Tal vez hubo un error en la grafía/o en la articulación del Sacro Nombre;/ a pesar de tan alta hechicería,/ no aprendió a hablar el aprendiz de hombre"?). Aunque no de otro modo marchan las cosas en el cortometraje Utopía (La Habana, 2004), de Arturo Infante.

El poema refiere la leyenda del rabino praguense que fabrica un homúnculo al que nombra Golem. El rabino intenta explicar el universo a la criatura, y al cabo de años sólo consigue que éste barra mal o bien la sinagoga. Ensaya la recitación del poema una alumna destacada de la Escuela "Martica Salazar". Un profesor la vigila y la corrige.

Dominó y barroco

La pionera declama con la misma pasión que acostumbra a ponerse en El duelo, en el Romance de la casada infiel, en Mi bandera, en el Poema Veinte... Un mural ostenta dos lemas: "Muerte al invasor", "Viva el Partido". Y un pizarrón reza en latín que el hombre es lobo del hombre.

Más que ocuparse del paralelo entre profesor-recitadora y rabino-homúnculo, Utopía parece apuntar a la equivalencia de la leyenda del Golem y la del Hombre Nuevo. Una partida de dominó inicia el cortometraje. Cuatro hombres juegan y beben, brindan por sus héroes de la música: Compay Segundo, Pello el Afrokán, Chucho Valdés.

Nada resulta incongruente hasta que alguien avisa que se ha hecho de las últimas grabaciones de Cecilia Bartoli ("Tremenda tortillera", le cuestionan), y averigua quién podría ayudarlo a copiarlas, quién quema discos en el barrio. "Alexander, el traductor de sumerio", le responden.


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