Actualizado: 17/09/2021 9:52
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El monstruo interior

A pesar de lo ambicioso de sus temas y de que en ella se dan discusiones sobre la existencia de Dios y del mal, Leviathan nunca adopta un tono de gravedad insufrible

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Es muy posible que en su filme Leviathan, el director, Andrei Zvyagintsev, se refiera tanto al monstruo marino mencionado en el Libro de Job, como al libro homónimo de Thomas Hobbes publicado en 1651 que sostiene la necesidad de un contrato social que responda a la autoridad total de un soberano para poder controlar la destrucción anárquica que de lo contrario se desataría entre los hombres. En el caso de Hobbes, si se le descontextualiza, tanto el problema como su solución son monstruos marinos incontrolables que es mejor dejar dormir en lo más profundo del océano.

Zvyagintsev (Novosibirsk 1964) es un sutil narrador de parábolas modernas que son paradigmáticas de la sociedad rusa actual. En su primer largometraje, The Return (2003) construye una metáfora casi bíblica y muy al estilo de Tarkovski, sobre el autoritarismo devastador, utilizando la figura de un padre exigente y violento que reaparece sin explicaciones en la vida de sus hijos en un lugar remoto de la estepa rusa. The Banishment (2007), parte de una obra de William Saroyan para crear una alegoría de la desintegración familiar y sucede también en un paraje rural de la Rusia profunda. Elena (2011), su filme más logrado, en el cual se zafa de la influencia de Tarkovski, es un agudo retrato de las contradicciones sociales de la Rusia moderna. Esta vez ubica su tema entre los suburbios de lujo y los barrios de bloques de concreto dejados por el comunismo y abandonados a su suerte por el capitalismo, en el Moscú de hoy.

Leviathan se desarrolla en un pequeño pueblo ártico de la península de Kola. Un provinciano lugar en donde todos los habitantes se conocen, pero no por ello existen menos odios y envidias que en los centros urbanos más grandes. El poder se concentra en las manos del alcalde, quien recibe el apoyo y el consejo de la autoridad eclesiástica. La iglesia ortodoxa rusa sustituye al Partido Comunista como orientador ideológico y moral.

Kolya vive cerca de la costa, en la ya desvencijada casa que ha pertenecido a su familia por generaciones. Vive junto a su joven esposa, Lilia y su hijo Roma, un adolescente que es producto de un matrimonio anterior. Aunque Kolya se siente unido a los dos, la relación entre Lilia y Roma es tensa. Vadim el alcalde, tiene como meta quitar la casa a Kolya y le hace una oferta por mucho menos dinero de lo que vale la propiedad. Kolya contrata a Dimitri, un amigo que trabaja como abogado en Moscú, para que lo ayude con sus apelaciones finales.

Dimitri parece desconocer el tipo de corrupción que existe en el pueblo pequeño, en el cual las relaciones de poder parecen ser un incesto burocrático. Acostumbrado a los trajines capitalinos, trata de utilizar dos medios, los recursos legales y el chantaje, pero choca con la prevalencia de la fuerza bruta.

Zvyaguintsev, quien es también co-guionista, va desarrollando la trama de su metáfora primero al estilo de un thriller social que luego se vuelve un drama familiar y resurge finalmente como una mezcla de ambos. En este microcosmos quiere reflejar los mecanismos que se ocultan tras el poder en la Rusia de Putin de una manera nada ambigua. Con frecuencia enfoca al alcalde bajo una inmensa foto del presidente ruso. Como índice de la depauperación moral y el vacío dejado por el totalitarismo anterior, en un momento dado el jefe de la policía presenta como el instante climático de una competencia de tiro al blanco, el utilizar como diana grandes fotos de Stalin, Lenin, Brezhnev, Andrópov y Gorbachov. Incluso llega a decir: “Tengo la de Yeltsin, pero ese fue un personaje menor”.

La película sorprendió al ganar el Globo de Oro por encima de la muy premiada y críticamente alabada Ida. En realidad, Leviathan es un filme muy bueno pero no bien logrado. Lo incisivo de su argumento se va perdiendo a veces en secuencias demasiado obvias y en soluciones narrativas simplistas. Complica las relaciones sentimentales entre los protagonistas para luego resolverlas apresuradamente. Pero, en general, tiene una gran intensidad dramática y mantiene un ritmo narrativo que no se rinde ante las exigencias del comercialismo a pesar de ser una película que utiliza muchos recursos convencionales.

Los tres protagonistas principales, Elena Lyadova como Lilia, Alexei Serebriakov como Kolya y Vladimir Vdovichenkov como Dimitri, están excelentes en unos roles que exigen gran intensidad dramática y repentinos cambios de ánimo. Lo logran sin excesos y dan la nota perfecta. Roman Madianov está muy bien en su papel como el alcalde Vadim, que aunque es un personaje más sencillo, provee un escape de humor negro a la tensión argumental.

La fotografía de Mijail Krichman, quien ha trabajado en todas las películas de Zvyagintsev, logra ambientar el aislamiento y la precariedad de la existencia en este remoto pueblo. Utiliza los tonos y los planos precisos para subrayar las intenciones dramáticas del director.

La película comienza y termina con unos planos de una curiosa belleza espeluznante, que retratan una desolación y una decadencia que en su silencio anticipan el peligro de despertar a la bestia que habita no solamente en el espíritu ruso, sino en todos nosotros. Hay un plano impresionante de unas embarcaciones carcomidas, al lado de la orilla, y entre ellas resalta el esqueleto de una ballena, como un oráculo ominoso.

A pesar de lo ambicioso de sus temas y de que en ella se dan discusiones sobre la existencia de Dios y del mal, la película nunca adopta un tono de gravedad insufrible. No hay mensaje, ni optimismo, ni inspiración. A pesar de mantener un ojo en la Rusia de hoy, los cuestionamientos de Zvyagintsev trascienden su entorno. Es una mirada escéptica al poder del Poder.

Leviathan (Rusia, 2014). Dirección: Andrei Zvyagintsev. Guión: Oleg Negin y Andei Zvyaginstev. Director de Fotografía: Mijail Krichman. Con: Alexei Serebriakov, Elena Lyadova, Vladimir Vdovichenkov y Roman Madianov. 140 minutos. De estreno limitado en ciudades selectas de los Estados Unidos.


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