Actualizado: 18/09/2019 12:17
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Cine, Pasolini, Arte 7

El paraíso no existe

Este filme queda lastrado por un fallo ya típico de su realizador: la falta total de ironía

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Desconozco las razones por las cuales le tomó cinco años a Abel Ferrara encontrar un distribuidor en Estados Unidos para su filme Pasolini. Estrenado en el festival de Venecia en septiembre de 2014, la película ha sido exhibida en toda Europa y en Canadá, tanto en festivales como en circuitos comerciales, sin embargo, aquí nadie se interesó por ella hasta que Kino Lorber, una distribuidora que se especializa en filmes extranjeros, compró los derechos de exhibición en enero de este año.

Realizar un filme sobre Pier Paolo Pasolini es una empresa bien riesgosa. Controversial y maldito en su momento, (homosexual, católico y marxista, no en ese orden y todo a la vez), sigue siendo un escritor y cineasta discutido, difícil de ubicar, criticado por muchos y apreciado por pocos. Un intelectual que sufría sus contradicciones y las exponía públicamente en su obra y en su vida.

Abel Ferrara (Nueva York, 1951), es también un artista maldito. Fue Tarantino antes que Tarantino. Su King of New York (1990) es una gran película, de fama efímera y ahora más bien olvidada, que antecedió a todo el cine neo-noir que se produjo a partir de ahí. En 1992 presentó la todavía mejor Bad Lieutenant, pero tuvo la mala suerte de que se estrenara en Cannes al mismo tiempo que Reservoir Dogs, el gran debut de Tarantino. Ferrara tiene el filo apocalíptico del primer Scorsese y el desparpajo de sus personajes similar a los de Tarantino, pero le falta el humor de este último. Mientras Tarantino, muy a lo Hitchcock, tiene una gracia natural para atraer la taquilla sin tener que hacer concesiones, Ferrara es sombrío y se concentra en la bajeza humana. Ferrara es un padre cuyos hijos no lo reconocen.

Aunque siguió realizando buenos filmes como The Funeral (1996), New Rose Hotel (1998) y 4:44 Last Day on Earth (2011), entre otros, cada vez le resultaba más difícil conseguir financiamiento. Para Pasolini tuvo que ir a Europa y recibir el apoyo de compañías en Bélgica, Francia e Italia. En este último país filmó toda la cinta. Le ha tomado también cinco años realizar su largometraje más reciente Tomasso (2019), filmado en Francia y aún sin distribución americana.

Pasolini repasa el último día de la vida de su personaje. Es el dos de noviembre de 1975 y vemos al director en el apartamento que comparte con su madre y su prima, escribiendo un guion, dando una entrevista y finalmente saliendo en su Alfa Romeo a navegar las zonas de Roma en la cual se ofrecen los jóvenes homosexuales, en este caso, en busca de un joven específico con el cual ya ha tenido una relación.

Ferrara evita la narrativa estrictamente lineal y expone fragmentos de Saló o las 120 jornadas de Sodoma, el último filme de Pasolini, estrenado después de su muerte y en el cual quería condensar su pensamiento artístico, político y social. Lo muestra editando y dirigiendo el filme. Luego salta a otros momentos en los cuales el realizador expresa sus preocupaciones sobre el estado actual de la sociedad italiana, sus razonamientos políticos y su visión de lo político, al extremo que, en un momento dado, decide interrumpir una entrevista que está concediendo en su casa porque el tema se vuelve muy denso.

También visualiza el filme que escribía Pasolini en ese momento. En un juego de apropiación y de identificación artística, Ferrara filma un filme dentro del filme. A pesar de usar a Ninetto Davoli, el actor italiano que debutó con Pasolini a los 16 años en su filme El evangelio según San Mateo, y de utilizar a otro actor, Riccardo Scamarcio, haciendo del propio Davoli en ese filme, como dos personajes en busca del paraíso, lo que resulta es un filme demasiado a lo Ferrara y muy poco a lo Pasolini.

Sobre la muerte de Pasolini hay muchas teorías, pero Ferrara decide concentrarse en el desenlace pasional, centrándose en el hombre y evitando connotaciones políticas. Hay un gran esfuerzo para evitar la contextualización histórica en el filme, lo cual podría dar pie a didactismo barato. El momento se nota en la ausencia de lo contemporáneo (celulares, computadoras, etc.). Mientras uno más conozca de la época de Pasolini y del personaje, más disfruta el filme y sus referencias, pero no hace falta conocimiento previo para poder entenderlo y apreciarlo.

Willem Dafoe, ese gran excéntrico del cine americano, desempeña un trabajo memorable. Ya ha actuado varias veces con Ferrara y se siente cómodo en ese mundo. Su Pasolini es un iconoclasta reservado, audaz y complicado, un hombre que sufre su realidad, pero la enfrenta. Todo esto lo logra Dafoe sin esfuerzo aparente.

De nuevo, el filme queda lastrado por un fallo ya típico de Ferrara, su falta total de ironía. De hecho, Pasolini es un director mucho más irónico y la mirada a su obra que hace Ferrara, se queda corta con respecto a su sujeto. Ambos buscan el paraíso sabiendo que no existe, en todos los lugares donde el sentido común diría que no se puede encontrar, uniendo cielo e infierno en el esfuerzo, para de todos modos no llegar a ninguna parte.

Pasolini es un filme interesante. Sus imágenes son directas, grotescas a veces, violentas sin apañamiento ni filtro. El sexo es crudo y explícito, quizá una de las razones por las cuales demoró en encontrar distribuidor en Estados Unidos. A pesar de una duración de solamente 84 minutos, a veces resulta un poco cargante, pero es siempre atrevida. Su pesimismo no tiene contrapeso.

Pasolini (Bélgica/Francia/Italia, 2014). Director: Abel Ferrara. Guion: Maurizio Braucci, Abel Ferrara y Nicola Tranquillino. Director de Fotografía: Stefani Falivene. Con: Willem Dafoe, Ninetto Davoli, Maria de Medeiros y Riccardo Scarmacio. De estreno limitado en las ciudades mas importantes de Estados Unidos.


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