Actualizado: 17/04/2024 23:20
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Cine, Arte 7

El placer: entre la culpa y el perdón

Estamos ante un director con mucho oficio y mano segura, que en esta película ha realizado una excelente labor

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De vez en cuando, solo muy de vez en cuando, aparece una película completamente convencional, hecha estrictamente bajo patrones comerciales y aparentemente sin ningunas pretensiones, que resulta no solamente amena y bien hecha, sino que se las arregla para de alguna manera tocar con ligereza, pero sin perder complejidad, temas de interés universal, a la vez que evita un didactismo barato y desenvuelve una trama bien narrada y con giros sorpresivos. Ese es el caso de Philomena.

Basado en una historia real, el filme trata sobre Philomena, una católica irlandesa que entró, a los 17 años en un noviciado en la abadía de Roscrea y durante una salida de fin de semana tiene un encuentro amoroso con un desconocido y queda embarazada. Es severamente castigada y segregada en la orden por su pecado, y tras tener el niño, este es vendido al cabo de poco más de un año a un matrimonio americano. A Philomena se le prohíbe todo contacto con su hijo, del cual guarda solamente una foto y cincuenta años de silencio. Es entonces que decide revelar el secreto a su hija. La hija, trabajando en un banquete social como camarera, escucha la conversación entre dos de los invitados y se da cuenta que uno de ellos es un antiguo periodista de la BBC que se convirtió en secretario de prensa de Tony Blair y fue defenestrado por unos comentarios que hizo durante el 11 de septiembre. El periodista, Martin Sixsmith (que así se llama en la vida real), está desocupado y buscando en que emplear su tiempo y finalmente se decide a abordar la historia, a pesar de ser del tipo de periodismo que él desprecia, del de “historias de interés humano”.

A partir de aquí comienza la pesquisa por el paradero del hijo de Philomena. La trama se vuelve una mezcla de road movie con elementos de comedia sagaz y un poco de thriller sentimental, pero todo dado en dosis apropiadas. Se establece un contrapunto entre una ingenua católica irlandesa, una mujer común con un secreto nada ordinario y un periodista escéptico, educado en las mejores instituciones de la clase alta inglesa, que ha caído en desgracia y se pasa el tiempo haciendo observaciones irónicas, que se convierten en un comentario sobre las relaciones de clase en Inglaterra y las distinciones entre la fe personal y la fe institucional.

Sixsmith no entiende por qué Philomena acepta su castigo con tanta resignación. El problema es que fue acusada de pecadora, pero lo peor y lo que la ha llenado de un gran sentido de culpa todos estos años, es el placer que sintió mientras cometía su pecado, placer que nunca ha olvidado. Por ello hasta ahora pensaba que la absolución no era posible. Aquí se introducen, con ligereza pero sin simplismo, discusiones sobre la religión, la existencia de Dios, la fe y el razonamiento. Seguir contando la trama sería estropear el disfrute de quien no ha visto el filme, pero baste decir que la trama sorprende varias veces con giros inesperados y que la película es mucho más compleja de lo que parece, solo que tiene el buen tino de evitar la solemnidad y de tocar los temas con humor.

La siempre extraordinaria Judi Dench, que ha sido nominada cuatro veces al Oscar por mejor actuación principal, puede que consiga su quinta nominación con este papel que hace como acostumbra, aparentemente sin esfuerzo pero siempre con el gesto preciso y con la dramatización necesaria, dominando a la cámara con la fuerza natural de su presencia. Hasta ahora solamente ha ganado el Oscar a la mejor actuación secundaria por su papel de la reina Isabel en Shakespeare in Love (1998). El subestimado pero siempre impecable Steve Coogan (What Maisie Knew, In the Loop, Tristram Shandy), se encarga de interpretar con sutileza y desenfado al personaje de Martin Sixsmith, balanceando perfectamente el culteranismo y la frustración del mismo. Es capaz de mantenerse dignamente en la pantalla junto a la protagonista, en lo que a veces resuelta un excelente duelo interpretativo entre iguales. Coogan es también uno de los guionistas del filme.

El director, Stephen Frears (Inglaterra 1941), tiene una larga y curiosa trayectoria. Tras muchos años dirigiendo películas, documentales y programas de televisión, comenzó a hacer cine en los años ochenta con películas que marcaron un nuevo cauce en la cinematografía británica (The Hit, My Beautiful Launderete y Prick Up Your Ears), con un estilo muy personal, agresivo y espinoso, un cine de minorías. De ahí pasó a un cine más comercial, pero muy oscuro, con excelentes películas como The Grifters y Mary Reilly, para últimamente realizar películas más convencionales, de gusto sofisticado y para consumo mayoritario, como Mrs. Henderson Presents, The Queen, Tamara Drewe y ahora Philomena. Es un director con mucho oficio y mano segura. Aquí conjuga sus experiencias en el cine comercial y el cine alternativo para conseguir una excelente labor como director, que es lo que le da su carácter distintivo a esta película.

El guión está basado en el libro de Martin Sixsmith, The Lost Child of Philomena Lee, y en él interviene, además de Coogan y el propio Sixsmith, Jeff Pope, un veterano de la televisión americana. La fotografía de Robbie Ryan (Ginger & Rosa) cumple con sobriedad sus objetivos, manipulando perfectamente la iluminación entre primeros planos y planos generales, entre distintas estaciones y entre distintas ciudades.

Philomena es una rareza: una película comercial hecha inteligentemente y sin mensajerismo. Un filme que expone, divierte y llama a pensar.

Philomena (Gran Bretaña/Estados Unidos/Francia, 2013). Dirigida por: Stephen Frears. Guión: Jeff Pope, Steve Coogan y Martin Sixsmith basado en el libro The Lost Child of Philomena Lee, del propio Sixsmith. Director de fotografía: Robbie Ryan. Con: Judi Dench, Steve Coogan y Anna Maxwell Martin.


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