Actualizado: 01/12/2020 17:54
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CON OJOS DE LECTOR

El primer bolchevique español

Hostilidad de algunos periodistas, incidentes joviales y comentarios antimonárquicos caracterizaron la visita que Valle-Inclán realizó hace 85 años a Cuba.

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A diferencia de las que realizaron compatriotas suyos como Juan Ramón Jiménez, Luis Cernuda, Federico García Lorca y Vicente Blasco Ibáñez, la visita a Cuba de Ramón María del Valle-Inclán (1866-1936) ha sido escasamente comentada. Y no porque en su momento parase inadvertida, algo que difícilmente podía ocurrir con un personaje tan polémico y provocador como el autor de Divinas palabras, a quien Luis Araquistain bautizó como el último católico y el primer bocheviquista español (a Valle-Inclán, por cierto, le daba muchísima satisfacción que lo llamaran así).

Valle-Inclán arribó a La Habana a fines de noviembre de 1921. Iba de regreso a Europa tras haber estado en México, a donde había sido invitado por el presidente Álvaro Obregón, para que participara como embajador oficioso de los intelectuales españoles en los actos oficiales por el centenario de la independencia. Durante dos meses Valle-Inclán se dedicó a pronunciar conferencias y a recorrer el país en un vagón de tren cedido por el propio Presidente de la República. De ese modo hacía evidente su solidaridad con la política agraria y educativa de Obregón, así como su desacuerdo con las presiones del gobierno español para que México compensara económicamente a la corona, por haber expropiado sus bienes. En sus declaraciones a la prensa, el escritor arremetió contra los colonos españoles —los gachupines— y contra la política española de chantaje y boicot que se quería imponer a México.

El gobierno mexicano designó al poeta nicaragüense Salomón de la Selva para que acompañara a Valle-Inclán y lo introdujera en los medios literarios cubanos. A su llegada a La Habana, fue recibido con cierta hostilidad por un sector de los periodistas, a causa de unas declaraciones suyas divulgadas por los periódicos mexicanos y que se reprodujeron luego por toda Latinoamérica. Las frases que molestaron nada tenían que ver con Cuba, sino que se relacionaban con las ideas antimonárquicas del escritor gallego, algo que por lo demás todo el mundo conocía. Durante su estancia en la Isla (además de La Habana, parece ser que también viajó a Matanzas), Valle-Inclán aprovechó para matizar las opiniones suyas que tan mal recibieron algunos, entre ellos, faltaría más, los editores del ultraconservador Diario de la Marina. "Hablé, declaró entonces, en esa tan traída y llevada entrevista publicada en México a que aludimos, de España, de la revolución que creo inminente. '¿Y qué cree usted que haría el Rey en tal caso?', me preguntó el periodista. 'El Rey haría lo que hacen todos los reyes: huiría', le dije. De aquí aquel señor dedujo que yo quise decir que el Rey era un cobarde…".

Valle-Inclán se hospedó en La Habana en el Hotel Florida. Entre otras actividades, durante los días que permaneció en Cuba visitó las redacciones de las revistas El Fígaro y Social, paseó por la capital y sus alrededores y fue a ver una representación en el Teatro Alhambra (¿recogería alguien lo que comentó a la salida?). A pesar del malestar que produjeron sus declaraciones, una comisión del Centro Gallego fue a invitarlo para que visitara esa institución. Lo hicieron como algo de rigor, y cuando fueron a verlo no ocultaron su desagrado. Valle-Inclán prefirió pasarlo por alto, los recibió con mucha amabilidad y charló animadamente sobre Galicia y sobre la pesca de la sardina. Su inesperada actitud hizo que al final, aquellos señores saliesen encantados.

Esa misma noche asistió al Centro Gallego, donde halló reunida una gran cantidad de personas. Tras recorrer las dependencias de la institución, le trajeron el Libro de Oro para que estampara unas palabras. Muchos temblaban y temían lo peor, pero para sorpresa general esto fue lo que escribió: "Con una nueva y cordial espiritualidad, reúnen los gallegos en La Habana, el viejo lema de los antiguos Hermandiños: Deus Fratesque Galletia. Valle-Inclán. Habana, 20 noviembre, 1921". A solicitud de los asistentes, lo redactado por él fue leído por uno de los socios del Centro. Al finalizar, se escuchó una salva de aplausos, y como anotó un periodista que estaba presente, "todos los rostros perdieron el encogimiento que tenían hasta aquel momento".

De aquellos días que pasó Valle-Inclán en Cuba, quedan sobre todo, las opiniones suyas recogidas por la prensa. Ésta, por ejemplo, alude directamente a la Isla: "En países como Cuba, de sistema económico colonial, lo que deben hacer los espíritus revolucionarios es provocar conflictos entre las fuerzas capitalistas rivales. Ustedes deben provocar que Inglaterra invierta aquí cada vez más dinero". Interrogado sobre la revolución rusa, expresa: "Es la revolución más grandiosa que ha dado la humanidad; y Lenin es el más grande estadista de estos tiempos. Todo esto que se dice de calamidades del régimen sovietista (sic) es una vil calumnia que se hace para desprestigiar a la gran revolución y para impedir que se propague entre la clase obrera del mundo". En el caso de España, considera que la revolución es inevitable, "pero tiene un inconveniente peor que Rusia, y es que el bloqueo de las naciones europeas será mucho más efectivo, y, por consecuencia, la intervención, sobre todo de Francia, sería inminente".


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