Actualizado: 04/12/2022 4:31
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Cine, Arte 7

El puritanismo y las agendas de Hollywood

A pesar de contar con un elenco excelente, los personajes están disfrazados de símbolos, cuyas motivaciones están apresadas en connotaciones sociales preconcebidas

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Linda Lovelace es un personaje de gran riqueza biográfica. Fue la estrella de Deep Throat (1972), la película que trajo el porno a los circuitos comerciales y que se convirtió en la cinta pornográfica más popular de todos los tiempos. Icónica al extremo de que el informante del caso Watergate adoptó como seudónimo el título de la película. Dirigida por el mediocre Gerard Damiano (1928-2008), un peluquero que aprovechó los chismes sexuales que oyó en sus horas de trabajo para construir los argumentos de las películas porno que luego realizó, Deep Throat se centra en la historia de una mujer que nace con un defecto genético: tiene el clítoris en la garganta y no entiende por qué nunca ha tenido orgasmo durante el acto sexual. Un ginecólogo descubre su problema y la convence de que su cura es dedicarse a la felación, empezando por él mismo y por ahí sigue la trama. La película es mala, pero es una de las primeras y pocas de su género en sostener un amago de trama y posee un sentido del humor que le impide tomarse en serio. La combinación de todos estos factores es quizá la explicación de su rotundo éxito de público y de que se haya convertido en un fenómeno social y de curiosidad intelectual.

La actriz y la película son la premisa en que se basa Lovelace, dirigida por el dúo compuesto por Rob Epstein y Jeffrey Friedman, un tándem de documentalistas que tienen en su haber The Times of Harvey Milk y la interesante The Celluloid Closet, que trata sobre las humillaciones que sufrieron y los secretos que mantuvieron los actores homosexuales en Hollywood. Su pedigrí de documentalistas se nota en Lovelace ya que son incapaces de imbuir de riqueza emocional y de dramatismo a sus personajes. A pesar de contar con un elenco excelente que incluye a Amanda Seyfried como Linda Lovelace, a Peter Sarsgard como su esposo Chuck Traynor y a James Franco como Hugh Hefner, los personajes están disfrazados de símbolos, cuyas motivaciones están apresadas en connotaciones sociales preconcebidas y a los cuales se les imposibilita tener transiciones dramáticas que les concedan credibilidad.

Lovelace comienza en la ciudad de Davie, en la Florida, a la cual han ido a parar, en 1970, los Boreman (el verdadero apellido de Linda) debido al bochorno que sufrieron en Yonkers, en el estado de Nueva York, una vez que Linda salió embarazada a los 19 años y tuvo que poner a su hijo para adopción. Los Boreman son representados como unos católicos extremistas y amargados. Los padres, Dorothy y John, en dos esperpénticas y encartonadas actuaciones de una Sharon Stone transformada por el maquillaje y Robert Patrick conteniendo emociones, son construidos más como representativos de una clase social, atada a la rigidez religiosa y a las apariencias sociales, incapaces de ofrecer apoyo y comprensión a la hija que los ha ridiculizado socialmente, y Linda, a sus veintiún años, aparece como demasiado ingenua, añorando lanzarse al atrevimiento sexual, pero siempre a media tinta, demasiado infantil, demasiado insegura.

La trama continua cuando Linda conoce a Chuck Traynor, en una de sus escapadas de nocturnidad audaz y este la va involucrando en su mundo, alejándola de la familia y conectándola con el mundo del cine porno. Luego se muestra todo el andamiaje detrás de la hechura de Deep Throat y el breve paso de Linda por el mundo del porno. Del cual rápidamente se arrepiente. Todo está pintado en tonos simples y brillantes. Hay una insinuación del lado sórdido que esconde Traynor. Incluso el mundo del porno inicialmente se muestra como un ambiente que mezcla una lascividad sucia con una camaradería festiva. Pero luego, en un recurso manido y que no aporta nada al desarrollo de un argumento que se hace más predecible por minuto, vuelve sobre sus pasos para recontar las mismas secuencias, pero esta vez mostrando los secretos sucesos ruines que fueron llevando a Linda al hastío por su profesión. Traynor la prostituyó, la obligó a entrar en la industria, y ella siempre reticente, siempre inocente.

Después salta seis años, cuando ya Linda ha cambiado su “carrera” y parece encontrar la felicidad como ama de casa y como autora de su biografía, Ordeal, en la cual denuncia las manipulaciones éticas y financieras del universo de la pornografía. Luego vuelve a saltar seis años más tarde, cuando ya se reconcilia con su familia y se ha presentado por todo el país y a través de todos los programas de televisión como un apóstol en defensa de las mujeres abusadas. Epstein y Friedman combinan inteligentemente pietaje documental con actores de su filme, pero aunque el recurso resulta ingenioso, ya está bastante trillado y mejor usado en filmes como Forrest Gump. Cinematográficamente, Lovelace está muy lejos de la película que mejor ha enfocado el tema de la industria porno: Boogie Nights.

Si uno se queda con lo que informa la cinta, uno se lleva la impresión de que Linda fue una pobre víctima de una familia de religiosidad fanática, a la que humilló embarazándose de muy joven y sin estar casada, cuya carencia afectiva y su ingenuidad la lleva a caer en las garras de un hombre vil que la prostituyó y la llevó a participar de un mundo de lujuria pecaminosa y de fama dudosa, del cual salió bastante intacta, haciendo solamente un largometraje porno, sin caer en ninguno de sus vicios, para terminar cobrando conciencia social, convertirse en defensora de las mujeres abusadas y alcanzando el perdón y la armonía familiar.

Lo cierto es que Epstein y Friedman, para contar una historia de reivindicación y de inspiración utópica, han eliminado muchos aspectos complejos y jugosos de la vida de su personaje. Linda Lovelace participó, de voluntad propia, en muchas películas porno filmadas en ocho milímetros, mucho antes de hacer la película que la llevara al estrellato, hizo una secuela de Deep Throat, la menos popular y más agotada Deep Throat II, en la cual es una enfermera que utiliza su defecto genético para reavivar a sus pacientes, y que colaboró en otros tres libros autobiográficos, asi como en la cinta Linda Lovelace for President, que si bien fue explotada y apenas vio dinero de su actuación más famosa, después recogió bastante con sus biografías y campañas políticas. También obviaron mencionar la adicción que Linda tuvo a las drogas y que le impidió participar en dos roles cinematográficos para los cuales había sido escogida. Ni siquiera contextualizan Deep Throat, ya que aparece como un fenómeno aislado y milagroso que llevó al cine porno exitosamente al dominio comercial tradicional, eludiendo mencionar a la película sueca I’m Curious Yellow (1967), que con mayores pretensiones artísticas, llevó la sexualidad explícita al extremo y fue incautada por las autoridades aduaneras americanas, que pospusieron su estreno en los cines del país por dos años.

No es que Linda Lovelace fuera un monstruo, al contrario, pero era una personalidad muy vital y compleja, que entró en contacto con muchas figuras importantes en el mundo del cine y la televisión, que daba para una trama mucho más variada y elaborada, que abriera interrogantes y trascendiera el panfleto políticamente correcto que han presentado los directores, con su agenda reivindicadora dentro de los cánones del peor puritanismo hollywoodense. El sexo siempre se presenta como algo sucio, prohibido. Tanto Traynor, como Harry Reems (la co-estrella de Deep Throat) merecían un tratamiento más profundo y menos sesgado. Al final tienen que acudir al gastado recurso de poner por escrito el destino de los protagonistas.

Las revelaciones de Linda, en la vida real, fueron recibidas con escepticismo por muchos. Algunos de lo que la conocieron incluso pintaron un cuadro muy diferente del que ella presentaba, mientras otros la apoyaron. Para presentar el coraje de una mujer, no se necesita edulcorar los detalles de su vida, ni omitir hechos relevantes y mucho menos huir de la contradicción. Linda murió en el 2002, a los 53 años a consecuencia de un accidente de tránsito. Traynor murió tres meses después. Lovelace es un desastre de película.

Lovelace (EEUU, 2013). Dirigida por: Rob Epstein y Jeffrey Friedman. Guión: Andy Bellin. Fotografía: Eric Edwards. Con: Amanda Seyfried, James Franco, Peter Sarsgaard, Sharon Stone, Bobby Cannavale, Hank Azaria, Jim Noth, Debi Mazar, Juno Temple y Robert Patrick. Des estreno amplio en todos Estados Unidos.


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