Actualizado: 17/10/2017 10:31
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El solar de Mongo Fiera

Personajes muy caricaturescos entraban y salían del escenario en un musical que pareció complacer a la mayor parte del escaso público

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El pasado viernes 25 de noviembre a las 8:30 de la noche iniciaba la función en el Teatro América de la calle Galiano en Centro Habana.

Personajes muy caricaturescos entraban y salían del escenario en un musical que pareció complacer a la mayoría del escaso público.

La jinetera, el travesti, el tartamudo, el borracho, el delincuente, la cubana visitante, el estudiante, la peluquera y así varios personajes más.

En aquel solar, como en todos, había de todo.

Quizás hubiera podido conformarme con lo visto y oído sino hubiera disfrutado en la década de los 70 de las obras vernáculas del Teatro Martí y de los musicales del Teatro Musical de La Habana. Sacando cuentas me asusto al ver que han pasado 40 años.

Referencias no nos faltan, pero aprecio un salto al vacío entre aquel nivel y este.

Demasiado recurrir a la burla humillante hacia la homosexualidad y los defectos físicos.

Si bien tenemos una cultura de abundante pachangueo creo conveniente que reflexionemos si debemos seguir haciendo ese tipo de humor y en general conviviendo con ese tipo de conductas hacia el prójimo.

Estoy segura de que la intención no es humillar ni al homosexual ni al tartamudo. Quizás incluso las personas del público con esas características no se sientan humilladas.

Pero precisamente es eso lo que me preocupa, que veamos normal ese tipo de humor. Que se espere y se consiga que nos riamos usando esos recursos.

Veo con tristeza que un actor aletee como un pájaro para referirse a una persona homosexual.

Considero de poca educación que se nombre a una persona por el color de su piel. Ya sé que se puede decir con cariño, pero que estemos acostumbrados no significa que es una buena costumbre.

Siento pena por la risotada que desata un tartamudo.

Animo a la reflexión sobre estos temas que no son ajenos a la realidad de nuestro pueblo.

Pero si bien esta obra es un reflejo de nuestra cultura, o de una faceta, no por ello debemos conformarnos.

Los romanos se divertían con su despiadado circo y la historia lo superó.

Salvando las distancias, creo que deberíamos aspirar a divertirnos en el teatro de una manera más elevada.

Si la humillación al otro dentro del teatro o fuera de él nos complace deberíamos reflexionar un poco.

El público aplaudió y el teatro quedó solo esperando otra oportunidad.

Poco más tarde, en El Sarao, negros, blancos, homosexuales y heterosexuales sintieron como se detenía la música y se instalaba el silencio. El Comandante había fallecido.


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