Actualizado: 11/06/2021 18:59
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Literatura, Literatura cubana, Poesía

Elogio de la constancia fecunda

Tres nuevos libros se suman a la caudalosa bibliografía de Juana Rosa Pita, una escritora a quien hay que reconocerle siempre el rigor, la dedicación y la madurez con que crea su poesía

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Acerca de la labor literaria de Juana Rosa Pita, el escritor nicaragüense Pablo Antonio Cuadra comentó: “La poesía de Juana Rosa Pita posee la virtud original de resucitar la emoción y transformarla en mito en ella misma”. Y agregó: “Libro a libro viene levantando un misterioso dominio de amor y profecía: una isla de encantamiento donde la palabra sustituye todo lo que el odio hizo cenizas”.

Han transcurrido varios años desde que expresó esas palabras y la autora de Viajes de Penélope no ha hecho más que corroborarlas. Desde que se dio a conocer con Pan de sol (1976) se ha dedicado a crear su obra con una intensidad febril y sin tregua y con una admirable constancia. Un ejemplo de esto último es la regularidad con que últimamente viene compareciendo ante sus lectores. En 2019, dio a la imprenta el poemario Imaginando la verdad (Ediciones Deslinde) y la Editorial Verbum le publicó una Antología poética (1975-2018), preparada por Alexander Pérez-Heredia. Posteriormente, han visto la luz tres nuevos títulos suyos de los que quiero dar noticia: La Quinta Estación: Adivinanzas y motetes (El Zunzún Viajero, Boston, 2020, 83 páginas), La gracia en el tiempo (Ediciones Deslinde, Madrid, 2021, 75 páginas) y Claves de siglo nuevo (Aforismos) (El Zunzún Viajero, Boston, 2021, 79 páginas), todos en ediciones bilingües español-italiano.

Comienzo con La Quinta Estación. En la nota que encabeza el libro, su autora expresa que ese conjunto de textos “aporta claves esenciales de mi modo de ver y de sentir, dentro de una poética íntimo-universal en que verdad, bien y belleza son misteriosamente inseparables, así en la vida como en la lengua”. En ese poemario, recoge, como adelanta el subtítulo, adivinanzas y motetes.

Las adivinanzas están distribuidas en tres bloques que corresponden a las estaciones de invierno, primavera y otoño. No figuran las pertenecientes al verano porque fueron incluidas por Pita en un libro anterior, Bosque del corazón renaciente (2017). En lugar de las mismas, incorporó las pertenecientes a la que viene a ser una quinta estación. Con esos poemas creó la sección Adivinanzas fuera del calendario, que por estar “liberada del estado del tiempo” y ser, “en suma, profundamente humana, imprevisible”, puede darse en cualquier latitud y época del año.

El buen vino, la poesía, el vuelo, la dicha, la vida, el manantial, el abrazo, el sueño, la obra de arte, el timbre, la inquietud, el libro… Son algunos de los temas que la escritora somete a ese pasatiempo o juego mental y verbal, en el cual se describe de manera indirecta o enigmática algo que se debe descifrar. Sus adivinanzas, sin embargo, no se atienen del todo al patrón tradicional, aunque conservan la invitación a arribar a una respuesta:

“Si el misterio sonríe ella nace

y se derrama sobre quienes tengan

espacio de silencio en sí abierto

a fuente luminosa. Se la pierde

todo el que sobrestima los cerrojos

más en boga. Disgusta su carencia,

lo feo se embellece con su toque

y a quien nos hace un bien muchas le damos.

Nada tiene futuro sin LA GRACIA”.

Tampoco los motetes se ajustan canónicamente a las características de esa composición, que más que literaria es musical. Algunos, como “Mejor así”, “Verdad insuprimible”, “La tercera llama” y “Entre nosotros” participan de su brevedad. No así “Tapiz de agua”, “Semilla de signos” e “idioma encapsulado”. Y aunque como nota no deje de estar subyacente, no se puede decir que su temática sea religioso. Como escribe Pita en uno de esos textos, “no me consiente la poesía/ contarme otras verdades/ para olvidar lo que me importa,/ sensual y espiritual a un tiempo:/ amor en alto, flor de los caminos”. Acerca de esto, cito estas palabras de Félix Cruz-Álvarez acerca del libro: “En versos de impecable factura brinda un recorrido espiritual donde su realidad, el mundo, las emociones, el Dios permanente, testigo y creador, señor del alma, asoma su presencia en la poesía, revelación perpetua del destino inexorable, ámbito de la Verdad, dueña de su alma”.

Píldoras poéticas que combinan emoción y conocimiento

En el colofón de Claves de siglo nuevo, se lee: “A caballo entre dos siglos, comenzó a escribirse en Miami de 1979 a 1983, y en 2001. Añejada su esencia y extendidos sus saberes ha continuado creciendo en Boston de 2017 a 2021, hasta convertirse en libro”. En ese sucinto resumen se describe el proceso que dio lugar al poemario, parte del cual vio antes la luz en libros y plegables de su autora. Los restantes aforismos que quedaron inéditos cayeron en el olvido, hasta que un día ella los encontró al buscar otro documento. Confiesa que se sorprendió con la colección, “al verla tan nutrida y deliberadamente estructurada desde principios del siglo XXI. Y que al parecer su momento no había llegado”. La enriqueció con nuevos aforismos surgidos de su encuentro con el libro The Beautiful Invisible y con su autor, el físico italonorteamericano Giovanni Vignale. Reunir esos textos en Claves de siglo nuevo, le hizo ver que conforman la piedra roseta de su obra.

Pita ha hecho de la concisión y la densidad simbólica unas de las principales señas de identidad de su escritura. En ese sentido, estos textos merecen un subrayado especial. En ellos esos dos atributos adquieren pleno sentido, pues la escritora adoptó como vehículo expresivo el aforismo. Este, como se sabe, consiste en una sentencia breve que resume un conocimiento que se da como regla. Y eso son estos aforismos: ideas fulminantes expresadas en un lenguaje telegráfico, píldoras poéticas que combinan emoción y conocimiento: “El ser humano se diferencia de los animales en que puede llevar paisajes a sus espaldas”; “La esperanza es una virtud que en el tiempo parece vicio de eternidad”; “La poesía es a la vida lo que la cadencia a la música: sin ella falta el ritmo y no hay sentido”; “Daño hace el desamor, pero no tanto como el amor en alma pequeña”; “La virtud de la poesía consiste en enseñarnos a detectar y ver con limpieza, poniéndolo por escrito, lo que no sabemos decir”.

Están animados esos textos por esa voluntad totalizante de vivir e interpretar la existencia, que Pietro Civitareale ha destacado en la poesía de Pita. El amor, la poesía, la libertad, la memoria, son algunos de los temas trascedentes que alumbra con sus visiones. Por otro lado, aquí la preocupación de raíz espiritual es más apasionada y evidente. Hay que apuntar, asimismo, la constante presencia de Dios, que se advierte ya desde el aforismo que abre el libro: “No consentir a Dios equivale a perderse lo inefable”. Constreñida por las limitaciones que impone el aforismo, la escritora emplea un lenguaje limpio y un lirismo controlado, de modo que el pensamiento y la entraña conceptual lleguen con claridad. Esos valores han llevado a Jorge de Arco a calificar Claves de siglo nuevo como “un verdadero compendio de lúcidas reflexiones, de sentidas cavilaciones, de bella poesía, en suma”.

La gracia en el tiempo reúne textos que pertenecen a la producción más reciente de su autora. Como se aclara en el colofón, fueron escritos entre el 25 de marzo de 2020 y el 3 de enero de 2021. El cuerpo central del libro lo componen 81 tankas, forma poética de origen japonés que consta de cinco versos. Van precedidos por los tres poemas que integran Umbral y que se inspiran en cuadros de Leonardo da Vinci (Anunciación, Madonna Litta) y Antonello da Messina (Annunziata). “Sin palabras” se titula este último y a continuación lo copio: “Ido el ángel, las manos tiemblan:/ el nido de la Luz/ custodia: hacen alto”. En esos textos, su autora, además de seguir el patrón del tanka, al tomar como punto de partida una obra pictórica probablemente aplica el otro significado que posee ese vocablo: el de una pintura realizada sobre lienzo que generalmente va encuadrada por telas bordadas.

Estamos, una vez más, ante unos textos que propician tanto el disfrute estético como la reflexión. Eso viene dado porque están escritos con tan fina sensibilidad como inteligencia: “La rosa deja/ que el otoño la desnude/ muerta de frío./ Y aroma intensamente/ para que no la olvide”; “Un niño ríe/ hasta el trance de lágrimas:/ ese es el juego./ Júbilo y padecer/ hasta sudar poesía”; “Todavía pocos/ saben que es la poesía/ el mejor bálsamo:/ velando armas y almas/ al dragón da la muerte”. Son páginas en las que anida mucha verdad poética y que constituyen un alarde de buen gusto y sutileza.

Estos tres poemarios se suman a la caudalosa bibliografía de una escritora que cuenta con una obra sin fisuras. A Pita hay que reconocerle siempre el rigor, la total entrega y la madurez con que crea su poesía. Merece, pues, el respeto y la admiración de los lectores sensibles y perspicaces a quienes se dirige.