Actualizado: 20/08/2019 5:32
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Pintura cubana, Pintura, Fidel Castro

Estas ruinas que ves

Sobre las pinturas recientes de Dayron González

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En el otoño de 2012 tuve el placer de escribir unas líneas que acompañaron la primera exposición individual de Dayron González en la galería Cernuda Arte. El título de la muestra era “Los niños de mi clase,” y su tema era los pioneros. En ese entonces me gusto su soltura pictórica y su temática política, y me preocupó que su paleta fuera muy limitada (aunque deliberadamente) y que algunas composiciones fueran un poco repetitivas y hasta amaneradas. Pero hace cuatro años vi suficiente fuerza y originalidad en su obra para ser optimista sobre su desarrollo. Dayron González nació en 1982, es decir es un artista joven, cuyo desarrollo y evolución debe de ser constante. Su reciente serie de pinturas prueba que es un creador que hay que tomar en serio, que tiene cosas que decir y que se las juega muy corajudamente con el campo de la pintura.

González me escribe que “Esta serie comenzó a principios del año 2015. Surgió porque siempre me intereso hacer algo con la figura de Fidel por lo controversial de su imagen en diferentes ámbitos, tanto político como social. La serie de Pioneros es un punto de enlace muy fuerte porque ambas series son de alguna manera, a partir de mis vivencias, mi pasado. Ambas son como una especie de análisis interno a partir de como mi pasado repercuta en la persona que soy ahora”. Hasta el momento la serie consiste de nueve lienzos, de grandes dimensiones y pintados al óleo. Los pigmentos están aplicados en capas bien gruesas. El artista ha titulado la serie “Camaleón,” enfatizando el cambio y contraste entre la imagen de un Fidel joven “heroico” —es decir, la imagen del mito— y el actual anciano que parece que se está cayendo en pedazos. El Fidel del “mito” aparece vestido de militar, mientras que el Fidel actual siempre esta vestido con ese traje de corredor que se hiso muy popular en la serie de televisión “The Sopranos” (parece que los gánsteres tienen los mismos gustos en materia de ropa).

Con títulos como “Anciano”, “El cuidador del parque”, “Momento de gloria”, “El viejo” y “La última entrevista” González utiliza las palabras para enmarcar la imagen en su contexto. “Momento de gloria” representa el brutal contraste entre una foto mural del joven caudillo (al fondo, en la pared) y el anciano (con hombros caídos y la cabeza cabizbaja) sentado al frente tras un enorme escritorio ceremonial. La foto mural es monocromática, reflejando el distante pasado, mientras que el anciano en primer plano es “a todo color”. El tiempo pasa para todos, pero sin duda ese pasar se nota más en los “poderosos” que siempre o casi siempre fueron presentados en momentos de gloria. En esta tela y en las otras ocho, encontramos un pintor a quien le gusta la tensión creada en la superficie del cuadro —con sus pinceles él empuja y hala el pigmento logrando efectos que van, desde la sutileza hasta la violencia—. Sus estrategias pictóricas muestran un artista que ha absorbido inteligentemente la mancha y el chorro del expresionismo abstracto; pero estos en sus cuadros son maneras de captar una realidad borrosa, cambiante, en decadencia. Su dibujo es riguroso y para nada mecánico; conoce la figura con su compleja estructura y articulaciones. González sabe utilizar la fotografía de prensa como punto de partida para representar al viejo caudillo. Debo de hacer hincapié en que no cae en nada parecido a la ilustración, ya que el expresa, no describe.

“El cuidador del parque” es un extraño paisaje donde Fidel está sentado entre las hierbas. Su figura evoca un momento de senilidad —parece que no sabe dónde está—. La historia lo ha dejado atrás. En “El viejo” el antiguo alumno de los jesuitas se encuentra sentado en un banco dentro de una capilla. Vemos al ateo, el seguro marxista-leninista, el perseguidor de la iglesia, derrotado frente al silencio de Dios. “La última entrevista” nos presenta esa escena tan típica: el dictador da acceso al periodista, con el que comparte sabias anécdotas. Pero esta imagen es la cruda realidad —el viejo frágil y senil esta acostado en lo que parece una cama de hospital—. Y mientras el periodista gesticula su pregunta, el viejo lo ignora y mira hacia la pared.

Estos cuadros son pintura buena y pintura de contenido —cosa rara en estos tiempos de ironía pos-modernista—.

Desde sus comienzos, el arte de Latinoamérica ha poseído una actitud crítica y resistente, la cual siempre cuestiona las manifestaciones de lo que Theodor Adorno llamó “la propaganda del mundo”. Esta propaganda refleja la ideología de la clase dominante, con su Estado, sus instituciones, costumbres sociales y mecanismos represivos. Desde Orozco en el México de la década de 1920 hasta la “Otra figuración” argentina y la obra de Antonia Eiriz en la Cuba de los años 60, y las instalaciones del brasilero Cildo Meireles en nuestros días, nos encontramos un arte que en sus mejores momentos cuestiona, critica y subvierte el status quo. Me atrevo a decir que Dayron González ya ha probado que pertenece a esta familia crítica y resistente.

Sus recientes pinturas nos dicen: “Miren estas ruinas.”


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