Actualizado: 18/10/2019 17:37
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Filin, Domínguez, Bolero, Música

Frank Domínguez: filin brotando de un piano en hojarascas

El compositor fue uno de los creadores más representativos del filin, movimiento al que aportó un gran número de obras de un valor singular y una cualidad muy personal

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Ha muerto uno de los más representativos integrantes del movimiento filin. Vivía, desde hace más de 20 años, en Mérida (Yucatán, México) con sus enseres y evocaciones, la presencia de sus hijos y esposa, atavíos sentimentales y un baúl atiborrado de consonancias antiguas. “Decidí vivir en estas tierras de Yucatán, porque el bolero desanda por estas moradas como en Santiago y en La Habana: cabalga en los reflejos del sol y se desnuda en la transparencia de la noche. En el crepúsculo, me paro en la playa y veo las luces de Pinar del Río desde aquí”, decía orgulloso de su exilio Frank Domínguez Padrón (San Francisco Javier y San Julián de los Güines, La Habana, Cuba, 9 de octubre, 1927 – Mérida, Yucatán, México, 29 de octubre, 2014).

Cuando este matancero por adopción se sentaba frente al piano una algarada afable inundaba las estancias. El bolero filin es lenitivamente efusivo: cima de la cancionística cubana, inicia en los años 40 en una casa del Callejón de Hammel del Centro de la capital cubana (Ángel Díaz, Ñico Rojas, José Antonio Méndez, César Portillo de la Luz, Marta Valdés, Piloto/Vera, Ela O’Farrill, Pablo Milanés…) y tiene innegables repercusiones en México (Mario Ruiz Armengol, Vicente Garrido, José Sabre Marroquín, María Grever…): Frank Domínguez fue uno de sus más connotados oficiantes.

Filin: particularidad del bolero en conjunciones con el jazz norteamericano. Conformes guitarrísticos de vanguardia que rompen con los esquemas del pasacalle español en 3 por 4 (presente en la canción yucateca) y la euritmia en 4 por 4 (trova de Santiago de Cuba). Modulación en frases fragmentadas, las cuales conciertan una suerte de intimidad susurrada en contrapunto con las pulsaciones de la guitarra. Blues habanero: slow de síncopas nostálgicas penetrando los olores húmedos de la noche y sus aduanas.

Mientras que los principales compositores del filin disciernen sus bocetos melódicos-armónicos con las cuerdas de la guitarra, el compositor de “No pidas imposibles” se refugiaba en el teclado. Los influjos del hijo consentido de Guanabacoa, Ignacio Villa (1911 – 1971), se vislumbran en sus gestos concertinos. “Necesito del piano para sentirme bien componiendo”, decía el músico cubano más cercano a los boleristas mexicanos Vicente Garrido, María Grever o Mario Ruiz Armengol.

Instrumentista de cualidad muy personal: seducía a los asistentes en sus recitales, en donde primaba una extasiada intimidad. Domínguez supo empalmar delicadas melodías con armonizaciones de sugerente prosodia: “Cómo te atreves”, “Me recordarás”, “Cuando pasen los años”, “Mi canción a La Habana”, “Cuando no te veo vida mía”, “La dulce razón”, “Si tú quisieras”, “El hombre que me gusta a mí”, “Página en blanco”, “El ángel que tú eres”, “Refúgiate en mí”, “Anoche fue”, “¿Qué piensas de mi amor?, “Llanto de luna”, “Vida, muchas gracias”, “Mi corazón lloró”…

Sus mejores intérpretes, las cubanas Elena Burke y Olga Guillot. Pero muchos vocalistas, no sólo de Cuba, han irrumpido en su cosmos: de Pacho Alonso a Andrea Boccelli, de Eugenia León a Gal Costa, de Caetano Veloso a Chucho Valdés, de Luis Miguel a María Bethania, de Los Tres Ases a Chavela Varga, de Benny Moré a Pedro Vargas, de Las D’Aida a Lola Flores, de María Dolores Pradera a Conjunto Casino, de Pablo Milanés a Sara Montiel, de Martirio a Willie Colón, de Bola de Nieve a Rubén Blades…: voceros de melódicos ardores sentimentales ribeteados con seductoras sinuosidades armónicas.

El más jazzista de todos los exponentes del filin, también incursionó en el slow (“Pedacito de cielo”), bolero afro (“Luna sobre Matanzas”), bossa nova (“La rosa ausente”) o el bolero rítmico (“Triste adiós de juventud”).

“Porque tú me acostumbraste”, su pieza más universal: la más modulada (“Tú me acostumbraste / a todas esas cosas / y tú me enseñaste / que son maravillosas // Sutil llegaste como la tentación / llenando de ansiedad mi corazón…”); pero, hay que detenerse en esa joya que es “Imágenes” (“Como en un sueño, sin yo esperarlo / te me acercaste. / Y aquella noche maravillosa / tú me besaste…”), que Pacho Alonso interpretaba, con sus privativas recitaciones, como nadie.

Rubén Blades, en el fonograma Bohemio y poeta (Fania Record, 1979), asume “Me recordarás” (“Me recordaras / cuando en la tarde muera el sol / tú me llamarás / en las horas secretas / de tu sensualidad…”) con sugerente sentido filinesco desde diseño vocal que recuerda a Pacho Alonso y a Fernando Álvarez. Benny Moré incursiona en “Mi corazón lloró” (“Mi corazón lloró / porque te ha visto partir…”) con arreglo de su Banda Gigante en tiempo de bolero mambo —puente y segunda parte— sencillamente, espléndido: las inflexiones del intérprete de “¡Oh, vida!” en esa fascinante conjunción instrumental confirman a un bolerista de estirpe.

Más de 200 temas: patrimonio ineludible de la canción hispanoamericana. Venezuela, Perú, México y Panamá fueron testigo de su arte. Recibió en Cuba diferentes reconocimientos: Trofeo CMQ, Medalla 25 Aniversario de la EGREM, Medalla 70 Años de Bellas Artes, Distinción por la Cultura Nacional. En el país azteca, la Sociedad de Autores y Compositores de México (SACM) —presidida por Armando Manzanero— le otorgó en 2011 el Reconocimiento Trayectoria por 50 Años en la Música.

Su familia decidió guardar las cenizas del pianista, cantante y compositor cubano en la Iglesia Maria Inmaculada de Mérida. “Vivo en total tranquilidad en este Estado de la república mexicana: playas, gastronomía con semejanzas con la cocina cubana, gente de carácter cercanos a nuestra psicología isleña. Mérida es mi tierra de adopción. Aquí quiero quedarme”, dijo hace unos años el pianista originario de Güines. Frank Domínguez nos regaló figuraciones anímicas de entrañable romanticismo: corazón sublimando ansias y exponiendo entresijos del alma: filin brotando de su piano en hojarascas.


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