Actualizado: 07/12/2022 17:02
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Música

Fusiones de Pepe Rivero

Su nuevo disco, 'Friday Night in Spanish Harlem', marca un punto de inflexión en la madurez profesional del jazzista cubano.

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La escuela cubana de piano hunde sus raíces en la segunda mitad del siglo XIX, coincidiendo con la progresiva cristalización de la nación. Sus máximos exponentes fueron Ignacio Cervantes y Manuel Saumell, considerados los padres del nacionalismo musical cubano. El primero recibió una formación clásica en París, el segundo llevó una intensa vida musical en La Habana, tanto en salas de música de concierto, como en ambientes populares. El aporte de estos maestros a las células rítmicas de la música popular cubana, armonías y contrapuntos de una filiación romántica, adecuó los rasgos más significativos de esa manera de expresión al ser cubano.

Desde siempre, la tradición musical cubana, representada sobre todo por sus más talentosos pianistas, se ha interesado en vincular y fusionar la llamada música culta con la popular, empeñándose en tejer una polifonía exuberante y arrolladora que sintetiza los recursos armónicos provenientes del clasicismo con la fuerza expresiva y palpitante de la síncopa.

Pepe Rivero, proveniente de una acreditada familia de músicos, es un fiel exponente de este estilo de expresión pianística que él continúa enriqueciendo en la actualidad. Este músico posee la virtud de extrapolar un ritmo y en torno a él articular un nuevo cuerpo, engendrando una estructura sonora diferenciada, la cual le da pie para nuevas variaciones.

Como pianista de jazz latino, Rivero parte casi siempre de la estructura de algún género señero de la música cubana, como el guaguancó, el chachachá, la guajira, la conga, etcétera, y en torno a él incorpora una serie de imbricadas y complejas armonías que extrae de su amplio acervo como jazzista y compositor con una herencia clásica. La música que compone, que también integra otros géneros dentro del jazz latino, como el flamenco, la bossa-nova y el propio jazz clásico, es capaz de crear diversos ambientes en una misma composición, transitando con tal destreza de uno a otro, que da la impresión que la música es solo una: indivisible y universal.

Un hito importante

Friday Night in Spanish Harlem marca un punto de inflexión en la madurez profesional de Pepe Rivero, tanto en su faceta de compositor-arreglista, como de pianista de jazz latino. En ello tiene que ver su productor, el consagrado músico alemán Ben Lierhouse, quien con suspicacia supo apreciar en el cubano inspiración y talento para la creación musical, orientándolo acertadamente en el mundo de la producción.

Integran el disco diez composiciones, entre las cuales destaca Homage to Monk. A partir de un alegoría melódica del maestro Thelonious Monk y montado en la célula rítmica de un guaguancó recurrente, Rivero articula todo un discurso jazzístico en el que ejecuta con pleno dominio el piano Rhodes, respaldado por la guitarra eléctrica de René Toledo, la potente percusión de Georvis Pico y Yuri Nogueira, y un estelarísimo solo de Perico Sambeat en el saxo alto.

En este tema se constata un manido aforismo que reza que el jazz es básicamente improvisación, pues la manera percutiva en que el músico ejecuta el piano produce la impresión de que ni siquiera en un estudio de grabación se atiene a una partitura, sino que da rienda suelta a su capacidad repentista e improvisa sobre la marcha las complejas y atrevidas descargas que nos regala.

Sunshine in Leblon arranca con un acorde clásico de punto cubano o música campesina, que sirve de excusa a Rivero para volar sobre las teclas de su piano Rhodes y demostrarnos que hasta el zapateo de los guajiros de la Cuba rural es susceptible de servir no solamente como punto de partida, sino incluso yuxtaponerse de manera orgánica sobre una composición de jazz latino. Mención aparte para René Toledo, en la guitarra eléctrica, y el saxo soprano de Bobby Martínez.

El tercer tema, que da título al disco, demuestra el perfil universal que está adquiriendo el horizonte creativo de Pepe Rivero cuando, basándose en la guitarra flamenca del formidable instrumentista Gerardo Núñez, nos desgrana con elegancia un tema muy complejo en el cual fusiona diversos géneros, atacando cada uno de ellos como todo un consagrado, dejándonos una impresión de absoluta maestría.

En Lisa's dream se aprecia la mano del productor Ben Lierhouse, al aportar motivos sutiles del universo sonoro de Wagner. Especialmente notable es aquí la participación de Román Filiú en el saxo alto, el cual, con su sensibilidad extraordinaria, le aporta poesía a esta bella composición. En Meet the Bop la conga cubana sirve de pie forzado para dar lugar a una sabrosa descarga del brillante contrabajista Yelsy Heredia y el acreditado trompeta Manuel Machado, derivando en cu-bop de altos quilates.

Chopin on my mind descubre el legado clásico que atesora Pepe Rivero, el cual, aludiendo al estudio "revolucionario" no. 12 del compositor europeo, compone una sabrosa guajira/chachachá en la que despliega bellas armonías y un seductor lirismo para en la coda final evocar a otro grande cubano del piano y del jazz: Emiliano Salvador, en su recordado tema Puerto Padre.

Despedida es un tema con embrujo, misterio, que engancha por su estructura armónica y la cadencia de su ritmo. La voz de Gladston Galliza se desliza con sensualidad y calidez llevándonos a lugares remotos, poco explorados musicalmente, y por eso mismo llenos de atractivo tanto para los legos como para los más enterados.

La primera producción de Pepe Rivero, Tonight Latin, tuvo una considerable resonancia, aunque en Friday Night in Spanish Harlem se aprecia un enorme salto de calidad, sobre todo en la ampliación del horizonte musical del talentoso pianista cubano y su riguroso trabajo como arreglista. Estamos seguros del rotundo éxito de este disco. El mismo será un hito importante en la carrera de Rivero y propiciará su consolidación como músico de primera línea en la escena internacional del jazz.


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