Actualizado: 30/01/2023 18:55
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CON OJOS DE LECTOR

Guarachar al estilo vaquero (II)

Después de grabar 'Cowboy Rumba', Ned Sublette ha emprendido el proyecto de escribir una enciclopédica historia de nuestra música popular.

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Cowboy Rumba, el compacto de Ned Sublette, se abre con Ghost Riders in the Sky, un tema que Gene Autry estrenó en 1949 en una de sus películas. Unas semanas después la interpretó Vaugh Monroe, quien logró situarla en el primer puesto del hit parade norteamericano. A partir de entonces se sucedieron numerosas grabaciones: Bing Crosby, Spike Jones, Frankie Lane, Peggy Lee, Willie Nelson, The Shadows, Debbie Harry, Johny Cash, Tom Jones, R.E.M. A esa extensa lista de versiones, que van del jazz y el rock al dance/ techno y la música electrónica, Sublette aporta la suya, que consiste en una revisión caribeña del original de Stan Jones. Contó para ello con la complicidad del arreglista y productor dominicano Ramón Orlando, y el resultado es un Ghost Riders in the Sky metamorfoseado en un estupendo merengue.

La otra canción ajena que aparece en Cowboy Rumba es Not Fade Way, que popularizó el tempranamente desaparecido Buddy Holly (nacido también, por cierto, en Lubbock). Sublette es acompañado aquí por Los Muñequitos de Matanzas, con lo cual pienso que no hace falta aclarar que la interpreta como si se tratara de un guaguancó. Quienes duden de que esa combinación resulte algo que pueda sonar bien, deben concederle el beneficio de la duda y escucharla. Por su parte, Sublette explica así su poco ortodoxa revisitación de Not Fade Way: "Si Buddy no conoció la palabra guaguancó, es decir, una de las variedades de la rumba, yo digo que él escribió una rumba".

En ese sentido, cabe agregar que en más de una ocasión Sublette se ha referido a los nexos existentes entre la música cubana y la que hacía Buddy Holly ("el eslabón perdido entre Elvis Presley y los Beatles"). Y medio en broma, medio en serio, cuando le preguntan por qué se fue a Cuba, responde que… para entender mejor a Buddy. O por lo menos a Buddy como él lo siente, quien de vivir hoy disfrutaría del hip-hop y de NG La Banda, y seguramente se hubiera ido al Brasil y grabado un dúo con Chico Science. Un Buddy Holly que fue, en definitiva, quien le dio permiso a Sublette para hacer todo lo que está haciendo, por ejemplo, proyectos como este Cowboy Rumba.

En Something to lose, Sublette rinde homenaje a la música puertorriqueña y hace que a sus acompañantes habituales se sume Yomo Toro, brillante instrumentista e introductor del uso del cuatro en la salsa. El dobro que se escucha al inicio nos remite de inmediato al country, pero el tema adquiere una inconfundible sonoridad caribeña tan pronto se incorporan maracas, bongoes y claves. Esta fusión de esas dos corrientes musicales está presente en todos los temas compuestos por Sublette. La tradición del country de contar historias domina en las letras, que hablan de encuentros y desengaños amorosos, evocados en la soledad de una barra. Dos buenos ejemplos para ilustrar lo que anoto son Her Point of View y Feeling no Pain. En ambas canciones las suaves cadencias tejanas se encuentran con la modalidad más elegante del son, y de ello resultan dos de las mejores grabaciones del compacto. A modo de apunte, en la segunda de ellas Sublette es acompañado por NG La Banda.

El ritmo se acelera y se hace mucho más bailable en Ready to be, Cowboy Rumba, Cheater Motel, That Sad Love Song y Qué electricidad (en esta última, el tejano vuelve a contar con el respaldo musical del grupo que dirige José Luis Cortés). Éste figura también en la nómina de los arreglistas, junto a Jesús Alfonso, Oriente López, César Pedroso y el propio Sublette. Esas y otras contribuciones contribuyen, innegablemente, a que todo el disco tenga una sonoridad muy auténtica. Pero no resta méritos al trabajo del compositor, quien pone en evidencia conocer estupendamente los géneros en los cuales se desenvuelve. Más que camaleonismo o capacidad para copiar de modo mimético estilos que no son los suyos, en Cowboy Rumba hay talento y creatividad.

Además de haber realizado un buen disco, Cowboy Rumba posee el aliciente adicional de jugar con la ubicación genérica. Algo a lo cual Ned Sublette se refiere en el texto que acompaña al compacto. Allí apunta que la industria musical literalmente divide a los artistas, los ubica en segmentos: "El country en el segundo piso, cerca del jazz; el pop en la planta principal; la música latina junto con la world music. El español en esta emisora, el inglés en esta otra. Cuando escribo estas líneas, la compañía discográfica debe estar rompiendo el cerebro en dónde diablos ubicar mi disco. ¿En qué parte de las tiendas debe ir? ¿Cómo lo ubicamos en la radio? ".

Un erudito en traje de paisano

Aquellos amplios conocimientos de nuestros ritmos de los cuales Ned Sublette hacía gala en Cowboy Rumba no permitían suponer, sin embargo, el proyecto que después él acometió. De ahí que representó una sorpresa mayúscula la salida de su libro Cuba and its Music: From the First Drums to the Mambo (Chicago Review Press, Chicago, 2004, 672 páginas), una documentada historia de la música cubana hasta la década de los cincuenta.

Este asombro general con que fue recibido el libro de Sublette lo resume muy bien Cristóbal Díaz Ayala, en la reseña que le dedicó en el número 36 de la revista Encuentro de la Cultura Cubana. Allí recuerda que conoció al autor en Nueva York a fines de la década de los ochenta, cuando era un joven inquieto que indagaba ansiosamente sobre todo lo relacionado con la música cubana. Apunta luego: "Pero no lo tenía como investigador y escritor capaz de una obra como la que acaba de lanzar: ha resultado ser un erudito vestido de paisano". Y concluye afirmando que se trata de un libro que "va a dar que hablar" y del cual "hay mucho que ponderar y considerar".


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