Actualizado: 27/01/2022 17:36
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Habana 'pinteresca'

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Harold Pinter (Londres, 1930) acaba de ganar el Premio Nobel de Literatura, pero esta hazaña palidece ante la ola de simpatía oficial que levantó en Cuba, donde casi nadie ha leído al dramaturgo y poeta británico, ni se ha percatado de que su nombre corre junto con John Fowles en los créditos de la película La mujer del teniente francés (1981).

Los medios de prensa oficiales exaltaron a Pinter como autor "brillante por su obra dramática y comprometido con la lucha por la justicia social", que ejemplificaron con su oposición al embargo estadounidense, al golpe de Estado en Chile y a la guerra de Estados Unidos contra Irak.

Así y todo, Pinter no podrá tener arrastre entre cubanos tras cinco años y pico de mesas redondas informativas e instructivas. Sus piezas de teatro no dan explicaciones racionales acerca de la conducta de los personajes y casi siempre forjan situaciones de amenaza, que enmascaran los conflictos y riesgos presentes. Sus juegos lingüísticos (a menudo contradictorios) esconden intimidaciones y advertencias. En La Habana no habría pasado de aburrido columnista inmerso en la "batalla de ideas".

Sin embargo, el intelectual cubano Lisandro Otero desfogó su vieja pasión por los premios literarios de otros para sentar que con Pinter se "restablece de golpe el prestigio del Nobel y es un indicador de que la Academia Sueca ha recobrado su buen tino".

La lista (es)otérica de desatinos va desde "un racista colonizado y reaccionario como Vidia Naipaul", pasando por "integristas del inmovilismo social o del retroceso público como han sido Paz, Brodsky, Canetti, Milosz, Singer, Eliot, Gide y Bunin"; hasta el "soplón de la policía española en tiempos de Franco", Camilo José Cela.

Es como impugnar a Günter Grass, por recluta nazi y enemigo de los valores occidentales; a José Saramago, por haber sido censor comunista; a su predecesor inmediato, Darío Fo, por anti-religioso; a Pablo Neruda, por estalinista ferviente y agente soviético. O a la ganadora de la pasada edición, Elfriede Jelinek, que muchos consideran oscura pornógrafa, pero echó salsita contra la invasión a Irak.

Este año el académico Knut Ahnlund no sólo dimitió en protesta por el veredicto a su favor, sino que denunció en Svenska Dagbladet (Estocolmo) a los demás miembros de la Academia Sueca por conceder el galardón sin haber leído ninguna de las obras de Jelinek.

Al parecer, Otero y la prensa oficial cubana no han oteado qué hay detrás de la relación entre vida y obra de Pinter, quien dijo a la BBC: "He escrito 29 obras; creo que ya es bastante". A partir de ahora piensa engolfarse en la "preocupante situación política".

Pinter ha tachado de "idiota taimado" a Tony Blair. Al enterarse del premio, el gobierno británico cursó este mensaje oficial: "Felicitamos a Harold Pinter por el reconocimiento que ha recibido". Esto nos lleva a su pieza teatral Ashes to ashes (1996), donde puso en boca de la desconsolada protagonista (Rebeca) esta metáfora: "Al mismo tiempo que el sonido de la sirena de la policía se iba desvaneciendo en mis oídos, yo sabía que cada vez sonaba más alto para alguna otra persona". Quizás en La Habana.