Actualizado: 25/09/2020 0:20
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Hablando y leyendo en inglés sobre Cuba y Venezuela

Resulta fácil, para el caso de artistas, cineastas, y académicos norteamericanos, sentirse impresionados por los nuevos caudillos de izquierda, especialmente cuando sólo pueden acceder a ellos en inglés y a través de un traductor

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Muchos artistas bastante conocidos en la llamada “cultura popular” de EEUU o de otros países, popularidad que otorga la cultura de masas a través del cine, la TV, la música, han tenido una atracción especial por Cuba. O por Venezuela desde que Chávez es presidente. Están seducidos por sus gobernantes. Los ven como especies de mesías revolucionarios, aparte de mirarlos con una gran dosis de romanticismo. Y entre ellos están, por ejemplo, los directores Michael Moore, Steven Soderbergh, los actores Benicio del Toro, Danny Glover, Kevin Spacey, el cantante Sting, el actor y director Sean Penn, o el director Oliver Stone que ha hecho varios documentales sobre Fidel Castro y en 2009 sobre Chávez (Al sur de la frontera).

Son artistas honestos que desean exista la justicia para los desamparados. Se solidarizan de verdad con las mayorías empobrecidas y abogan porque ellas tengan una vida humana digna, que implica buena alimentación, derechos a la salud, a vivienda decente, acceso a la educación. Son los que se identifican con la pobreza abrumadora tanto en su país como en otros más lejanos, queriéndola abolir, y sintiéndose culpables de que ellos mismos vivan con tanta opulencia en el primer mundo (es el síndrome de culpabilidad de ciertos intelectuales de izquierda por vivir en sociedades capitalistas). ¿Cuántos artistas norteamericanos no han adoptado niños pobres de África, por ejemplo, (Madonna es un caso) o viajado en grupos humanitarios a lejanos lugares del planeta? Son los que han vivido con una fama que les ha dado la cultura de la imagen, además de tener una muy buena cuenta bancaria en millones de dólares. Cada cual haga lo que desee y viaje a los más apartados rincones del planeta a ayudar a los necesitados, o adopten a quienes quieran, y mejor aún si pueden usar su propio dinero y su reputación mediática.

Sean Penn, actor bastante conocido en EEUU, publicó en diciembre de 2008 una extensa crónica en dos partes sobre su viaje a Venezuela donde se entrevistó con Hugo Chávez. Y luego, a través de la influencia de Chávez, pudo viajar a Habana para entrevistarse por varias horas con Raúl Castro (aquella entrevista puede leerse completa en la revista Huffingtonpost.com). Como liberales románticos de Estados Unidos, esos artistas progresistas ven a aquellos caudillos de izquierda del Tercer Mundo, especialmente de América Latina, parecidos a unos “Robin Hood”.

Y con esa imagen se quedan y bloquean otras. El desconocimiento del español entre muchos de ellos les impide leer los cientos de artículos y análisis que en esa lengua se publican cada día sobre Cuba o Venezuela. Así que sus primeras fuentes son únicamente en inglés. Por ejemplo, la desinformación de Sean Penn es abrumadora en el caso de Cuba, aunque él haya visto unos cuantos videos sobre la Isla y Venezuela (todo en inglés) antes de viajar a esos países. Y más específicamente el desconocimiento de Penn de voces disidentes. O las conoce, pero no le interesan.

Otro “cubanista” es Michael Moore con su documental de 2007, Sicko, donde intenta “mostrar” que el sistema de medicina socialista en Cuba es el mejor del planeta. O el cantante Sting quien fue un activista y dio a conocer al mundo, en los 80, a las esposas, madres, hijas de los desaparecidos en Chile con su famosa canción Ellas bailan solas. Pero en su viaje de enero de 2007 a Cuba ni siquiera le preocupó quiénes eran Las Damas de Blanco, que en nada se diferencian de Las Madres de la Plaza de Mayo o de las madres y esposas chilenas gritándole a la dictadura de entonces: “¿Dónde están?”

Muchos turistas revolucionarios, o esos socialistas norteamericanos, así como muchos académicos de universidades de EEUU expertos en América Latina, viajan a Cuba o a Venezuela, y he conocido a algunos que no hablan español y apenas lo leen, sin embargo son “especialistas” en esos dos países y dan clases de asuntos de América Latina… pero en inglés únicamente. No me imagino ser especialista en política norteamericana en una universidad chilena u otra de América Latina y no hablar ni leer ninguna palabra de inglés.

El conocido Noan Chomsky cuando viajó a Cuba o a Venezuela dio sólo charlas o entrevistas en inglés acompañado de un traductor. Y así lo hizo la última vez que fue invitado por Chávez en agosto de 2009. Son los que con una ceguera abrumadora siguen viajando a esos dos países y regresan a sus universidades de EEUU para seguir insistiendo que todas las dificultades económicas se deben únicamente al bloqueo norteamericano y “al Imperio”. Y que hay que seguir el ejemplo de Chávez en toda América Latina. Y un 95% de los estudiantes norteamericanos de sus clases toman apuntes y se lo tragan todo y luego escriben un “paper” reproduciendo exactamente la información de un Chomsky o de académicos norteamericanos “especialistas” en aquellos países al sur de la frontera de Estados Unidos.

Resulta fácil, para el caso de artistas, cineastas, y académicos norteamericanos, sentirse impresionados por aquellos nuevos caudillos de izquierda, especialmente cuando sólo se puede acceder a ellos en inglés y a través de un traductor. Y más aún, tomando como escrito en piedra lo que escucharon de aquellos nuevos mesías del socialismo del Siglo XXI. Felices e impresionados hasta las lágrimas regresan en avión hacia la seguridad y confort de su país sin siquiera saber qué ocurre dentro de las casas de millones de cubanos, por ejemplo. Once millones que viven en una Isla bloqueada desde dentro, que es mucho más fuerte que el embargo norteamericano desde fuera, como muy bien decía el poeta Raúl Rivero en un excelente artículo titulado Peras a Obama escrito en noviembre de 2008.

No deja de ser interesante que el nuevo presidente de El Salvador, Mauricio Funes, quien fue candidato del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN), el ex movimiento guerrillero que ahora participa como partido en el sistema democrático de aquel país, en 2009 haya dado su opinión sobre el socialismo del siglo XXI de Hugo Chávez. Funes dijo lo siguiente: “El modelo de Chávez corresponde a una coyuntura específica de Venezuela, pero no es viable en ningún otro país de América Latina… las izquierdas que llegan al poder en América Latina deben abrir las fronteras y estimular la integración, incluso con Estados Unidos… veo con mayor simpatía los ejemplos de gestión pública seguidos por otros Presidentes de la región, como Lula en Brasil, donde el Estado tiene un papel de planificador en la búsqueda de crecimiento económico, distribución de renta y combate a la pobreza… ya no tiene sentido mantener el discurso antiimperialista, que incluso el FMLN tenía en el pasado, cuando un tercio de la población salvadoreña vive en Estados Unidos.”

Volviendo a Oliver Stone, Chávez tiene a su lado aquel famoso director norteamericano que le hizo “su documental” (South of The Border, 2009) para vender en imágenes aquella utopía de Chávez y los países del ALBA. Stone, haciendo una sintética biografía de su relación con América Latina, ha hecho dos documentales con Fidel Castro. Luego de filmar el de 2003, la entrevista Looking for Fidel, emocionado declaró en otra: “Me encontré en Cuba con una situación de apertura y libertad que no he encontrado en ningún otro país de la zona, ni en el Caribe ni en Centroamérica”. Pero en la misma fecha que Oliver Stone declaraba eso sobre Cuba, ese 2003, el poeta Raúl Rivero era condenado junto a 74 personas más a 25 años por pensar y escribir diferente en diarios fuera de Cuba, aplicándoles la Ley 88 o Ley Mordaza. Cándidamente hablaba Oliver Stone sobre “la libertad” en Cuba, pero de los 75 presos no dijo ni una palabra. Menos le interesaría hacer un documental de Las Damas de Blanco allí en la Isla, aunque sí le interesaría hacer uno sobre Las Madres de la Plaza Mayo en Argentina.

Resulta igualmente curioso que Stone haya hecho este reciente documental donde los únicos entrevistados son los del ALBA. O más bien haya construido una clara apología del régimen de Chávez y su socialismo del siglo XXI. Ver el documental de Stone es ver lo que hacían en la Alemania Nazi o el estalinismo cuyo proselitismo ideológico es evidente. Y en esto no hay diferencias, sea proselitismo de izquierda o de derecha. Stone, en declaraciones en Italia en septiembre de 2009, cuando se presentó el documental, arremetió contra el imperio yanqui porque quiere aplastar a Chávez. La principal propuesta de su documental es que sólo Chávez puede sacar a América Latina del hambre y de la desigualdad y desligarse del imperio norteamericano.

A Stone no le interesó preguntar ni saber sobre el otro lado de la luna. No quiso conocer la opinión de los que piensan que aquel proyecto es un proyecto dogmático. Por eso en el documental no hay ninguna entrevista a alguien que en América Latina refute a Chávez. Para Stone un Vargas Llosa es un títere del imperio parecido a Carlos Fuentes, así que jamás estarían en su documental, ni menos les preguntaría a algunos de los más de dos millones de exiliados cubanos que viven por el mundo.

Si eso no es una propaganda abierta, entonces que alguien nos explique por qué en ese documental no se permite incluir a los jóvenes venezolanos, a los dirigentes que no son chavistas, a los directores de radios (más de 32) clausuradas y amordazadas, a colombianos en la misma Colombia. Entrevista a canales como Globovisión para que todos conociéramos su perspectiva. ¿Por qué Stone no habló con esos medios y periodistas perseguidos por opinar distinto? Ver el documental es escuchar únicamente a marxistas convencidos, entrevistados por un director que viene del Imperio pero que es el “yanqui bueno”.

Y como todo director que se precie, para que no se hable mal, también tenía su asesor intelectual, muy parecido a Chomsky, que sin hablar español como Stone, era sin embargo otro especialista en América Latina. Me refiero a su asesor, académico y escritor, paquistaní-inglés, Tariq Ali. Este era el que respondía todas las preguntas que hacían los periodistas en Italia (septiembre de 2009) al ser presentado el documental.

Cuando en la entrevista, en inglés claro, se le preguntó a Stone (la traducción es mía): “¿Por qué sólo mostró Ud. en su documental el lado de Chávez y no el de otros?”. Stone respondió tranquilamente: “Porque quería sólo mostrar la despiadada crítica a Chávez por el mundo y la que se hace en EEUU en sus medios dominantes. No entiendo por qué los medios en EEUU continúan atacando y odiando tanto a Chávez. De los horrores de Colombia ningún medio en EEUU habla, pero sí del odio a Chávez”.

Y a otra pregunta que le hizo la periodista: “En Venezuela se cerró Radio Caracas y 32 estaciones de radio y están en proceso de cerrar Globovisión (julio de 2009). ¿Ud. piensa que eso es democracia donde las personas no pueden decir lo que piensan?”, Stone no tardó dos segundos en responder: “Sí, ellos dicen lo que piensan, hay una democracia permisiva en Venezuela. En EEUU si tú dices lo que dicen en Venezuela les cerrarán sus estaciones y les harán un juicio… en Venezuela hay mucha tolerancia que no hay en EEUU… (Aquí Stone no responde más a la pregunta y salta a otra cosa) …recientemente pusimos siete bases militares en Colombia, entonces Colombia será otro Afganistán y eso me preocupa…”

Curiosa manera de responder de Stone, “la técnica por comparación” y así evadir la pregunta y llevar al interlocutor para otro lado. Es una técnica muy frecuente que usa la izquierda más dogmática para responder ese tipo de preguntas que le hicieron a Stone donde Chávez o los Castro son maestros. Pero que cada lector saque sus propias conclusiones cuando vea ese documental y las respuestas de Stone que le fueron sugeridas por el asesor intelectual de su película, el especialista en América Latina Tariq Ali, que no lee ni entiende una palabra de español, sin menospreciar su especialidad en el mundo árabe cuya lengua conoce perfectamente.



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El cineasta norteamericano Oliver Stone y el presidente de Venezuela, Hugo Chávez.Foto

El cineasta norteamericano Oliver Stone y el presidente de Venezuela, Hugo Chávez.