Actualizado: 29/11/2022 11:37
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Todd Field, Cine, Arte 7

Idolos, cultura y cancelación

Esta es una película cuidadosamente realizada, sin mucha experimentación, pero sin mucha convencionalidad tampoco, que invita a reflexionar y no impone ninguna visión

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Todd Field dirigió su primer largometraje, In the Bedroom, en 2001, tras una larga carrera como actor. El filme era un cuadro complejo de una familia de clase media enfrentando un drama de implicaciones criminales. La realización es impactante y es una película muy bien construida, que es difícil de olvidar. Cinco años después dirigió Little Children, una disección de los prejuicios y represiones sexuales que se esconden tras la apariencia dócil y homogeneizada de los suburbios americanos. Tras quince años de ausencia, Field se aparece ahora con Tár, un filme que enfrenta con toda la complejidad necesaria, las contradicciones y los nuevos tabúes impuestos por la cultura de cancelación, la posverdad y los medios sociales.

Lydia Tár es un ídolo en el mundo de la música clásica. El icono cultural se nos introduce en la primera secuencia, durante una entrevista con Andrew Gropnik, escritor y periodista de The New Yorker, en el marco de un festival organizado por dicha publicación y en donde se nos informa que Tár tiene un doctorado de Harvard, ha publicado libros, es discípula de Leonard Bernstein, especialista en Mahler y además es un EGOT (se nombran así a los artistas que han ganado Emmy, Grammy, Oscar y Tony). Es la primera mujer conductora de la Orquesta Filarmónica de Berlín (antes de seguir, debo aclarar que Tár es un personaje ficticio).

Antes de regresar a su apartamento en Berlín, Lydia ofrece una clase para estudiantes de conducción de la prestigiosa academia Juilliard. Durante la clase se enfrenta a un joven estudiante afroamericano que confiesa no escuchar, ni desear conducir obras de Bach, porque éste era un misógino que tuvo muchos hijos. Tár se enfurece y le lanza una monserga bien informada sobre la historia de la música clásica, las apropiaciones culturales en el mundo del jazz y la hipocresía del joven que ha venido a estudiar en una institución como Juilliard solamente para beneficiarse de su prestigio. El joven queda sin respuesta, aparentemente humillado delante de sus condiscípulos.

El resto del filme nos va a mostrar las complejidades del ser humano que existe tras la máscara de la leyenda. Lydia viaja constantemente, reside en Berlin junto con su esposa Sharon, quien es la violinista principal de la orquesta de Berlín que Tár conduce, y Petra, su hija adoptiva. Siempre tiene a su lado a su asistente Francesca, a quien quiere nombrar sustituta de su viejo asistente de conducción.

Lydia también utiliza su posición de prestigio y poder para obtener favores sexuales y promover a sus favoritas. En un momento dado recibe un ejemplar de un libro que le envía Krista, una antigua alumna y amante y luego se entera que Krista se ha suicidado y ha dejado una carta implicándola a ella. Por otra parte Lydia conoce a Olga, una celista que hace una audición para la orquesta y la convierte en su objeto de deseo y la promueve.

Pero dados los tiempos que corren, muchas cosas regresan con efecto boomerang. El joven afroamericano sube a las redes un video editado de la monserga de Lydia, los padres de Krista amenazan con demandarla y Francesca abandona su puesto. El mundo profesional y personal de Tár se va haciendo pedazos, su relación casi asexuada con Sharon va de mal en peor y Tár se va convirtiendo en un personaje que nadie quiere ayudar.

Field ha enfrentado este tema tan actual, con toda la minuciosidad requerida. Ha creado en Tár un personaje muy vivo, de gran complejidad, en el cual la persona y la leyenda se cruzan y la ha ubicado en una situación muy familiar en nuestros días, donde la envidia, los reclamos justos y los extremismos de la nueva militancia cultural se mezclan y utilizan a su conveniencia los medios digitales, en posesión de cualquiera, con la virtud de presentar en el espacio virtual una realidad deseada y no necesariamente real. Un mundo en el cual es casi imposible señalar las fuentes de la credibilidad, donde víctimas y culpables se intercambian y lo único que parece importar es el punto de vista de cada cual.

En las condiciones actuales, prácticamente se le pide al arte que deje a un lado su papel transgresor. Se confunde la obra con el autor y el juicio a uno resulta irrevocable contra el otro. Son temas que requieren analizarse en su contexto, sin maniqueísmo, sin paternalismo, algo que Field ha logrado en este filme.

Cate Blanchett, como Lydia Tár, está simplemente perfecta. En un rol que bien se puede prestar a la sobreactuación, Blanchett no hace ni un gesto de más. Sus movimientos, su voz, sus miradas, llevan el dramatismo necesario. Esta actuación le valió la Copa Volpi a la Mejor Actriz en el Festival de Venecia, de este año, donde fue estrenado el filme. Se apoya en la riqueza del personaje creado por Field. El resto del elenco palidece ante esta actuación. La extraordinaria Nina Hoss (Barbara) está un poco subutilizada en su papel de Sharon

La fotografía del alemán Florian Hoffmeister (The Deep Blue Sea) se ajusta muy bien al tono de tragedia, utilizando una iluminación de poco contraste.

El único defecto que le encuentro al filme es que sus momentos de ironía se pierden en un montaje excesivamente sombrío, pero por lo demás, es un filme cuidadosamente realizado, sin mucha experimentación, pero sin mucha convencionalidad tampoco, que invita a reflexionar y no impone ninguna visión. Es un análisis artístico más que clínico del malestar en la cultura contemporánea.

Tár (EEUU, 2022). Guion y dirección: Todd Field. Dirección de fotografía: Florian Hoffmeister. Con: Cate Blanchett, Nina Hoss, Noemie Merlant y Sophie Kauer. De estreno limitado en todas las ciudades de Estados Unidos.


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