Actualizado: 19/08/2022 18:27
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Con ojos de lector

It's the global island, papi!

En su segundo disco, Yerba Buena hace una celebración polirrítmica de esa isla urbana y políglota que es Manhattan.

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El bilingüismo, una marca registrada

El bilingüismo, que Yerba Buena convirtió en marca registrada en President Alien, aparece ahora mucho mejor integrado. Algo que, por otro lado, resulta inevitable, si se pretende hacer una sinfonía urbana de Manhattan, como en realidad es Island Life. Esa celebración del empleo del español y el inglés permea varios de los temas, pero tiene su expresión más explícita en Bilingual girl, donde se defiende que two tongues are better than one.

Aparte del bilingüismo, la otra marca registrada que caracteriza a la estética musical del grupo es la fusión, un término que en su caso es redefinido. Yerba Buena hace una música intercontinental, que cruza fronteras, que toma de aquí y de allá. Todo eso es conveniente e imaginativamente mezclado en un cóctel diaspórico, en un mosaico variado, que posee un sonido tan natural como ese spanglish que se escucha en las calles de Nueva York. Es, además, el sonido que mejor corresponde a una banda multiétnica y multirracial, cuyos integrantes proceden de Venezuela y de dos islas caribeñas, Cuba y Saint Thomas.

Abre esta fiesta tropical urbana que es Island Life una deliciosa cumbia agitanada, El burrito. En La candela (préndelo), el rap y el hip-hop se encuentran con los ritmos afrocubanos. En Sugar Daddy Yerba Buena incursiona en el reggaetón beat, pero afortunadamente y gracias al talento de Andrés Levin y su tropa (Xiomara Laugart, Cucu Diamantes, El Chino, Pedrito Martínez, Skoota Warner, Sebastián “El Tren” Steinberg), el resultado está a años luz de los temas programados y repetitivos de Daddy Yanke, Wisín y Yandel y sucedáneos. Precisamente, una de las preocupaciones que tuvo el grupo al acometer su segundo trabajo discográfico fue la de evitar de que las canciones tuviesen un sonido obviamente latino. De ahí el cuidado de no inscribirse a una modalidad tan comercial como el reggaetón, que debido a su pobreza musical disfruta de una popularidad que trae fecha de caducidad. Una novedad es la presencia en el compacto de los ritmos flamencos ( Corazón bandolero, Te estoy amando locamente), una ganancia con la cual Yerba Buena volvió tras su gira por Europa. Y en Island Life también hay, en fin, boogaloo ( Fever), samba ( Cityzen citysoy), merengue ( Belly dancer). No importa el tipo de música que a uno le guste: de casi todas Yerba Buena tiene al menos una pizca.

Mas dedicarse a la tarea de identificar por separado cada uno de esos componentes, implica perderse lo que de veras importa y cuenta: la calidad del conjunto, su poderosa unidad. Asimismo pienso que si nos referimos sólo al muestrario de ritmos y estilos que Yerba Buena es capaz de incorporar, significa reducir su labor a una simple compilación de ingredientes muy variados. En realidad, lo que más se admira en un disco como Island Life es precisamente la capacidad creativa del grupo para fundirlos y hacerlos sonar como si fuesen uno. En esa argamasa fresca, sorprendente y nueva, los ingredientes además se integran pero no se diluyen, lo cual denota el gran respeto con que han sido tratados.

Pero quiero insistir en que Island Life es, ante todo, un disco para ser disfrutado, y ante el cual no queda más remedio que bailar. A menos que tenga uno los pies cuadrados, resulta imposible escucharlo y lograr que nuestras caderas se comporten educadamente. El burrito, Sugar Daddy, No no no, La vida la life, Fever, son temas que una vez que nos entran por los oídos, siguen viajando hasta nuestros pies y nos trasmiten unos irreprimibles deseos de mover el esqueleto. Prueben ustedes a ver si consiguen resistirse a su energía contagiosa.

En algún sitio que ahora no recuerdo leí que un crítico escribió que si los de Yerba Buena son capaces de crear milagros como President Alien e Island Life, significa que la música popular se ha enriquecido con un proyecto realmente serio. Pero puesto a escoger un elogio con que cerrar esta reseña, prefiero citar y suscribir por completo estas palabras que expresa uno de los tantos personajes que hablan a lo largo del compacto: "Wow. I love this fucking band. So fucking funky". Pues eso.


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