Actualizado: 29/06/2022 10:50
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Con ojos de lector

It's the global island, papi!

En su segundo disco, Yerba Buena hace una celebración polirrítmica de esa isla urbana y políglota que es Manhattan.

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Hace dos años y pico, la salida al mercado de President Alien significó el estreno de Yerba Buena, un colectivo que no se amoldaba a ninguna de las etiquetas hasta entonces reconocidas en la música popular latina. ¿Guajira? ¿Hip-hop? ¿Boogaloo? ¿Reggae? ¿Cumbia? ¿Ritmos afrocubanos? Esas y otras manifestaciones bailables estaban presentes en aquel variado cóctel, pero ninguna de ellas se ajustaba del todo a sus características primigenias. Aparecían integradas en una fascinante amalgama, que respondía a una estética creativa e inequívocamente contemporánea: la fusión elevada a su máxima expresión. Aquellos doce temas eran, para emplear las palabras de un crítico de The New York Times, el sueño de cualquier musicólogo.

Aquel brillante estreno, que algunos no vacilaron en calificar como la más importante revolución que la música latina hecha en Estados Unidos ha tenido desde la década de los setenta, se confirma de modo espléndido en Island Life (Razor & Tie, Nueva York, 2005). Al igual que President Alien, nos hallamos ante un variado mosaico de músicas propias y trasplantadas, pero en el cual el grupo no nos sirve más de lo mismo. En este segundo disco compacto, el peso de los ritmos cubanos se ha reducido, a favor de un sonido mucho más cosmopolita que, sin embargo, no hay que confundir con una búsqueda preconcebida y autoconsciente de globalización. Yerba Buena nos invita a emprender un viaje intercontinental que se inicia en el Caribe, incluye escalas en Colombia y España y finaliza en Manhattan .Island Life fue creado para celebrar la isla urbana y políglota que es Manhattan. Escritos casi todos por Andrés Levine (Ileana Padrón comparte con él la autoría de unas cuantas), la mayoría de sus temas vienen a recordar a sus habitantes que viven en una ínsula repleta de ritmos callejeros, expresiones musicales e idiomas llegados desde los cuatro puntos cardinales del planeta. Yerba Buena apuesta, pues, por una concepción de la música popular como sonido de una ciudad y una era. Y en ese aspecto no es arbitrario considerar su Island Life como un disco conceptual, que resulta complejo y sofisticado sin perder diafanidad ni frescura.

Por otro lado, este segundo disco se diferencia marcadamente del anterior por la nutrida presencia de invitados que en el mismo intervienen. O para decirlo en palabras del doctor Aneub Abrey, a quien presentaré en su momento, a caravan of exotic, super twinkling, internacional crew of friends. En Island Life hallamos colaboraciones del dúo francés de hip-hop Les Nubians, el rapero dominicano Fulanito, el actor colombiano John Leguizamo, el percusionista Ile Aiye, el cantaor Diego El Cigala, Rossy de Palma, la chica Almodóvar de nariz cubista, el grupo de rap Orishas y el músico neuyorkino Joe Bataan, pionero del boogaloo en el Harlem Hispano. Como se ve, el poder adictivo de la yerba (hablo de la buena, por supuesto) se ha extendido en muy poco tiempo y sus adictos forman (formamos) ya legión. Hay además homenajes a Celia Cruz, cuyo universalmente conocido ¡Azúcaaar! se escucha a modo de estribillo en Sugar Daddy; a Las Grecas, aquellas precursoras del rock gitano; a Juan Formell y Los Van Van; y a Peret, quien realiza una versión de El burrito de Yerba Buena a la cual incorpora su viejo éxito Saboreando.

Doce temas (trece, si contamos la versión de Sugar Daddy que se escucha al final en el Fairwell) componen este segundo compacto de Yerba Buena. En total son setenta y cuatro minutos, en los que aparte de las canciones se incluyen las intervenciones de diferentes personajes, muchos de ellos provenientes de la variopinta población de Manhattan. El primero que se presenta es el ya mencionado doctor Aneub Abrey, quien tiene un programa radial desde el cual brinda ayuda a las personas con problemas. Por ejemplo, el de eliminar el acento que tienen los inmigrantes de origen hispano. Está luego el típico latino caracterizado por Leguizamo, ese al que le gusta piropear a las mujeres que encuentra en la calle: "Psst, psst, mami, mami. Come with me, baby. I can be your sugar papi, baby. Your sugar pimp. I like it sweet and low, but I am no artificial sweetener, nah… ". Y el dominicano que vive en el Alto Manhattan, en el apartamento de un building que se está cayendo y que tiene un maldito liqueo sobre el televisor. Bla bla bla cuenta con una aparición especial del mismísimo presidente Bush, que ilustra su habitual torpeza para expresarse en inglés ( I hear these rumors on the internets). En este tema, dedicado a esas personas que hablan y hablan y al final no dicen nada, vamos, que hablan mierda, también tiene un hueco otro archiconocido personaje que es un consumado maestro en el arte del bla bla bla. Cuando lo escuchen de inmediato lo reconocerán, pues llevamos varias décadas soportando su galillo.


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