Actualizado: 24/05/2024 14:27
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Oppenheimer, Cine, Arte 7

La ciencia, la guerra, el horror y la persecución

Esta es una buena película, de temas importantes, bien narrada y ágil. Es una lástima la falta de matices con la cual desarrolla la hora final

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La trama central del filme Oppenheimer, es la investigación senatorial a la que el eminente científico fue sujeto en 1954, ya a finales del Macartismo. Poco antes, en 1947, el presidente Harry Truman había ordenado que todos los empleados o contratistas del gobierno fueran investigados para asegurarse que no tuvieran vínculos con organizaciones “totalitarias, fascistas, comunistas o subversivas”. Esto dio lugar a una cacería de brujas sin precedentes en la historia americana, conocida como Macartismo (por el senador que dirigió los procedimientos) o como el Segundo Temor Rojo.

Mediante el uso de elipsis la película se mueve entre los primeros años de Oppenheimer como estudiante de ciencias, sus primeros trabajos científicos, su acercamiento al Partido Comunista de Estados Unidos, del cual su esposa y su hermano fueron militantes y a través del cual enviaba dinero para apoyar a las tropas republicanas en España, hasta su nombramiento, en 1943, como director de los laboratorios de Nuevo México del Proyecto Manhattan, para desarrollar la bomba atómica, y su posterior nombramiento, en 1947, como director del Instituto de Estudios Avanzados de la Universidad de Princeton.

Basado en el libro American Prometheus: The Triumph and Tragedy of J. Robert Oppenheimer, un excelente trabajo investigativo de Kai Bird y Martin Sherwin, ganador del premio Pulitzer de 2006 en la categoría de biografía, el filme se dice es bastante fiel al libro (que no he leído), con algunas licencias y algunas minucias que siempre son necesarias o inevitables en cualquier narración artística. Christopher Nolan, director y guionista, ha sido muy cuidadoso.

Durante las dos primeras horas es capaz de crear tensión, en una historia de la cual la mayoría del público conoce el final. A veces llega a tener el filo de un thriller. A su vez, se las arregla para tocar temas fundamentales, como el antisemitismo, el papel social de la ciencia, las contradicciones entre el poder político y el desarrollo científico y el papel del hombre en el universo, todo sin recargar ni confundir, ni aburrir, pero tampoco sin ceder al paternalismo o al didactismo.

Nolan logra dar el perfil de un hombre angustiado y complejo, obsesivo con el conocimiento científico, pero a la vez ilustrado en las humanidades, con simpatías de izquierda, pero de una mente independiente y curiosa. A través de una narrativa convencional, que se ajusta a lo mejor del cine comercial, es también capaz de presentar los debates científicos de la época sobre la fisión y la fusión del átomo y la física cuántica.

Por la pantalla desfilan numerosos científicos famosos que quizá no le son familiares a muchos espectadores, pero no importa, porque la narrativa está construida de una forma que hace entender la importancia de los personajes en ese momento histórico y no hay que estar informado de su relevancia, aunque por supuesto, mientras más informado esté el espectador más podrá disfrutar de los elementos históricos y de las doble entendidos con los cuales manipula a los personajes. El filme tiene múltiples niveles de lectura.

Oppenheimer parece un hombre motivado principalmente por su oposición al antisemitismo, de hecho, su prisa por desarrollar la bomba atómica es por dejarla caer encima de Hitler y de los alemanes. Se frustra cuando se va a usar contra los japoneses, una vez que los alemanes ya se han rendido. El filme muestra un encuentro con Truman en el cual el presidente termina despreciando al científico por su oposición de usar la bomba contra Japón. Oppenheimer también se muestra en contra de desarrollar la bomba termonuclear (de hidrógeno) por considerarla excesivamente devastadora y nos muestra su lucha contra el físico Edward Teller, con quien trabajó en el Proyecto Manhattan y quien después fuera conocido como “el padre de la bomba de hidrógeno”.

Mi problema es con la tercera hora del filme. No porque sobre, porque argumentalmente es necesaria y forma parte orgánica de la obra, sino porque el tono narrativo adopta un maniqueísmo insoportable que no tiene nada que ver con la forma en que presentó todo lo anterior. Aquí los macartistas y el manipulador de Lewis Strauss son presentados como individuos eminentemente malos, sin un ápice de humanidad, solo faltaba que los hubiera disfrazado con colmillos y uñas largas. Luego que los comunistas han sido presentados como individuos nobles, casi ingenuos.

El Macartismo fue algo imperdonable, inexcusable, innecesario y que debe ser siempre acusado y no olvidado, porque esta sociedad no debe repetir métodos de terrorismo autoritario bajo ninguna justificación. Pero lo cortés no quita lo valiente y no hay porque vindicar a la tendencia opuesta sin ninguna ponderación. No hace falta presentar a las víctimas del Macartismo meramente como víctimas ingenuas para resaltar la monstruosidad de las investigaciones senatoriales guiadas por McCarthy.

Por otra parte, el arte narrativo es un balance de ambigüedades, de medias verdades y medias mentiras, de imaginación sin límites, aunque esté arraigada a los hechos, es hacer creíble la ficción, no importa si está basada en hechos reales, lo que cuenta es la realidad que se presenta que, si bien debe respetar los hechos en los cuales se basa, debe trascenderlos y dejar las disputas planteadas, sin resolver. Lo demás es agitación y propaganda, monserga de púlpito. Acentúo esto porque me parece lastimoso lo que sucede en esa última hora después de dos excelentes primeras horas.

Christopher Nolan (Memento, The Dark Night, Dunkirk, Inception) es un director muy imaginativo, proclive a usar los efectos especiales en exceso. En este filme, cuya trama se presta para ello, ha mostrado una restricción admirable y los ha utilizado con precisión, solamente en los momentos necesarios. Su guion funciona muy bien como narrativa y como dramatización hasta que le da el ataque de maniqueísmo descrito más arriba.

Cillian Murphy se convierte completamente en Oppenheimer. Aparece en al menos el 90% de las secuencias, el filme descansa en su actuación y desarrolla su rol de una manera convincente y muy cinematográfica. Va a ser difícil que no lo premien con el Oscar. Robert Downey Jr., está muy bien en su rol como Lewis Strauss excepto al final en que el personaje se vuelve exagerado. El resto de los actores gira, eficientemente, alrededor de estos dos personajes.

La fotografía del suizo Hoyte van Hoytema, quien ha trabajado varias veces ya con Nolan, se ajusta bien a las necesidades dramáticas, pero no es lo más destacado del filme.

Esta es una buena película, de temas importantes, bien narrada y ágil. Es una lástima la falta de matices con la cual desarrolla la hora final. Cuando Oppenheimer murió en 1967, Orlando Alomá escribió un poema, inédito hasta ahora, que creo sirve de buen epitafio para este filme:

E=MC2

Se aquietan tus tristes manos de sujetar la pipa,

tus asombrados huesos de hijo de inmigrantes.

Ya no hablas de cosas cada vez más terribles

con voz suave,

ni eres un hombre tímido,

ni nada.

La guerra y la paz son para ti la misma cosa.

Podría decirse que has perdido

toda la energía.

Entre la vida y tú se ha levantado

un muro

y en el indivisible mundo de los muertos

ahora te desintegras para siempre.

Oppenheimer (EEUU/Gran Bretaña, 2023). Guion y dirección: Christopher Nolan, basado en la obra American Prometheus: The Triumph and Tragedy of J. Robert Oppenheimer escrita por Kai Bird y Martin Sherwin. Director de fotografía: Hoyte Van Hoytema. Con: Cillian Murphy, Robert Downey Jr., Emily Blunt y Kenneth Branagh. De estreno amplio en todas las ciudades de Estados Unidos.


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