Actualizado: 05/10/2022 21:23
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Cronenberg, Cine, Arte 7

La enfermedad como vehículo benefactor

Una vez más Cronenberg construye un ambiente único, visualmente arrobador, lleno de anacronismos entre los cuales época y periodo se desvanecen y confunden

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David Cronenberg (Toronto, 1943) ha producido una veintena de largometrajes desde 1975. Ha combinado ciencia ficción, con thrillers, con horror y con dramas convencionales, pero, ante todo, ha logrado establecer un universo peculiar. Ha evolucionado de filmes comerciales a obras excesivamente personales que lo han convertido en un director “de culto”.

Su estilo narrativo ha variado desde tramas lineales (Scanners, 1981, The Fly, 1986), pasando por argumentos llenos de meandros (Naked Lunch, 1991, Crash, 1996), a libretos controvertidos de múltiples espacios expositivos (A History of Violence, 2005, Cosmopolis, 2012). Pero a todos los une, más allá de su original montaje visual, el hecho de que todos sus personajes están enfermos. Cronenberg ha declarado que sus filmes deben ser vistos “desde el punto de vista de la enfermedad”, la cual ve como un elemento que puede transformar positivamente al ser humano, sin dejar de ver el horror que se sufre durante ese periodo transformativo. Cita entre sus influencias a Bambi, particularmente el momento de la muerte de la madre de Bambi como algo aterrorizador. Otras influencias son Un perro andaluz y Freaks. Su carrera ha tenido sus altas y sus bajas, pero siempre ha sido digna de consideración. Es un artista que constantemente se desafía a sí mismo.

Crimes of the Future es su primer largometraje en ocho años. En un mundo en el cual la evolución parece haber tomado el camino equivocado, quizá tras algún evento apocalíptico, o un lento proceso catastrófico (no queda claro), los seres humanos han perdido su capacidad de sentir dolor y, por implicación, de sentir ninguna pasión. Las personas crean órganos que pueden ser mortales y que deben ser extraídos.

Saul Tenser y Caprice son una pareja de artistas performáticos. Tenser sufre de “Síndrome de evolución acelerada”, su cuerpo es prolífero en la producción de órganos anómalos. Caprice fue cirujana. Su acto consiste en que ella públicamente le extirpe esos órganos y le tatúe otros. Para ello utilizan una serie de equipos biomecánicos que ella teledirige durante el show.

Se vuelven famosos y tienen contactos con otros artistas involucrados en actos similares, con una entidad llamada “Registro nacional de órganos” que se encarga de catalogar dichas anomalías, y, finalmente, con un grupo de evolucionistas radicales, que, entre otras cosas, tratan de convertir al ser humano para que pueda comer plástico (algo que explica la secuencia inicial del filme). Una agencia policíaca gubernamental contacta a Tenser y a Caprice para que infiltren al grupo radical. Estos continúan con sus cirugías artísticas y asisten a eventos similares. Tenser concluye que “la cirugía es el sexo del presente”, ya que los espectadores parecen tener sentimientos de orgasmo al observar los procesos quirúrgicos.

La trama es laberíntica y tiene muchas más complicaciones que no voy a contar. Cronenberg propone muchos planteamientos éticos a la sociedad moderna. En un mundo en el cual la mayoría de las personas ven lo que sucede en el mundo a través de una pantalla, es muy posible que ese elemento distanciador no haga perder la conexión emocional ante el sufrimiento ajeno y que incluso nos sintamos indiferentes ante las conmociones sociales. Ante el cada vez mayor aislamiento social, la falta de experiencias vitales, es posible que nos convirtamos en seres incapaces de sentir conmiseración, solidaridad, e incluso, odio y amor. Es un mundo pre-edénico que ve el horror y la decadencia como algo normal y al cual le vendrían bien muchas serpientes ofreciendo manzanas.

Una vez más Cronenberg construye un ambiente único, visualmente arrobador, lleno de anacronismos entre los cuales época y periodo se desvanecen y confunden. El momento resulta inubicable. Es una realidad que se acepta o se rechaza de plano. Pero si bien el filme es visualmente atractivo, un Cronenberg en plenas facultades a los 79 años, la narrativa no se conjuga bien. Cronenberg no parece saber a dónde va con su guion. Demasiadas elipsis, que en una trama tan complicada como esta, resultan en verdaderos baches que, aunque se enhebran al final, la convierten en algo incomprensible y a veces tedioso. No es un tedio intencional, sino algo que se le va de las manos al director y guionista.

Al ser exhibida en Cannes, mucha gente salió del cine mucho antes de la mitad de la película, debido a secuencias en las cuales se asesina a un niño, o se abre el cuerpo de Tenser para remover órganos con la cámara fija en el procedimiento. Se habla de gente que ha vomitado ante esto, pero confieso que a mí no me molestó en absoluto. Tras haber leído tantas quejas, fui dispuesto a cerrar los ojos si fuera necesario, pero quizá yo me incorporé a la pérdida de sensibilidad de los personajes y no me afectó en lo más mínimo. Admito que la secuencia de Scanners, en la cual le vuelan la cabeza a Louis Del Grande, me resulta más impactante que todo lo que vi en este filme.

Viggo Mortensen es un excelente actor que ha trabajado varias veces con Cronenberg (A Dangerous Method, Eastern Promises) y aquí está excelente en su rol de Saul Tenser, mostrando todas sus aptitudes dramáticas en un papel que tiene muchas restricciones físicas. Léa Seydoux ha demostrado que puede hacer cualquier papel con naturalidad, desde una joven y rebelde lesbiana, a una platónica amante de María Antonieta, a una cruel asesina, a una fantasiosa Emmanuelle. Aquí de nuevo despliega sus habilidades camaleónicas y resulta impecable en el rol de Caprice. Aunque en un rol menor, Kristen Stewart, una de las mejores actrices americanas de su generación, se roba la pantalla en los momentos en los cuales aparece.

Sin la fotografía de Douglas Koch (When Night Is Falling, The Republic of Love), quien extrañamente nunca ha trabajado con Cronenberg, el filme no sería lo que es. Utiliza los ángulos y tonalidades necesarios para trasmitir la visión del realizador.

Crimes of the Future no es lo mejor de Cronenberg, es una obra demasiado errática desde el punto de vista argumental, pero es un filme que merece atención y que deja una huella en el espectador.

Crimes of the Future (Canadá/Francia/Grecia/Reino Unido, 2022). Guion y dirección: David Cronenberg. Director de fotografía: Douglas Koch. Con: Viggo Mortensen, Léa Seydoux, Kristen Stewart y Scott Speedman. De estreno en las principales ciudades de Estados Unidos.


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