Actualizado: 27/01/2023 18:43
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CON OJOS DE LECTOR

La fuerza de la voz que advierte

A solicitud de un grupo de mujeres y patriotas cubanos, Víctor Hugo denunció en dos textos lo que para él era el horroroso e inexpresable suplicio que sufría la Isla.

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A Emeterio S. Santovenia (Mantua, 1889-Miami, 1968), uno de esos autores que hoy no digamos que nadie lee, sino que ni siquiera nadie recuerda (eso sin contar con que en la Isla existen ya varias generaciones que sencillamente no saben quién es), debo yo el haberme enterado de los vínculos que tuvo el poeta y novelista francés Víctor Hugo (1802-1885) con la primera de nuestras luchas independentistas. Santovenia se ocupó de ello en un artículo que, si no recuerdo mal, publicó en la revista Orbe (1931-1933; 1941-1942), un semanario gráfico e informativo de actualidad mundial que editaba el Diario de laMarina.

En aquel artículo, Santovenia se refería a un par de textos que Hugo redactó a solicitud de los cubanos que en 1868 se habían levantado en armas contra el dominio español. Sólo se pueden encontrar en las ediciones de sus obras completas, pues como ya dije, se trata de textos escritos por encargo, aunque en este caso para apoyar una causa patriótica. Yo los pude consultar en el grueso volumen de Œuvres Politiques Completes-Œuvres Diverses (compilación de Francis Bouvet, Jean-Jacques Pauvert Editeur, París, 1964, 1, 667 páginas), donde aparecen dentro de la sección Actes et Paroles pendantl'Éxile. El primero, titulado Aux femmes deCuba, está fechado en Hauteville-House, el 13 de enero de 1870. Del segundo, PourCuba, sólo se sabe, de acuerdo a la breve nota que lo presenta, que Hugo lo escribió al mismo tiempo que el otro.

Entre 1843 y 1851, la actividad literaria de Hugo se redujo a escribir poesía y a empezar una novela, pues en esos años dejó de publicar. Ello se debe a que se dedicó por completo a desarrollar una intensa labor política. En esa etapa fundó un periódico, L'Evénement (1848), favorable al nombramiento de Luis Napoleón Bonaparte para la presidencia de la República. Diputado por París a la Asamblea Legislativa, en 1849 pronunció un discurso sobre la miseria y la ley Falloux que lo distanció de su partido. En julio de 1852 hizo una violenta requisitoria contra los planes dictatoriales de Luis Napoleón, y trató, aunque en vano, de organizar la resistencia frente a su golpe de estado. Eso lo obligó a escapar hacia Bélgica, donde le llegó la noticia de que el déspota había firmado el decreto de expulsión correspondiente. Convertido en republicano ardiente y en oráculo de la oposición, Hugo denunció al nuevo régimen y rechazó la amnistía de 1859. Atacó al usurpador en el libelo Napoleón el Pequeño (1852) y en Los castigos (1853), una colección de poemas satíricos. Vivió con su familia en Bélgica, primero en Jersey y luego en Guernesey, y no fue hasta 1870 cuando regresó a Francia.

Fue en ese periodo en el exilio cuando Hugo recibió una carta firmada por trescientas mujeres cubanas, quienes le solicitaban expresara su solidaridad con la lucha que se estaba desarrollando en la Isla. La iniciativa de dirigirse a él fue de Emilia Casanova (1832-1897), la esposa del novelista Cirilo Villaverde, quien residía con éste en Estados Unidos. Apoyó activamente la causa de sus compatriotas: recogió fondos, vendió sus joyas, envió decenas de cartas para divulgar los ideales de los insurrectos y recabar apoyo, redactó numerosos artículos para el diario América Latina, que se editaba en Nueva York. A sus gestiones se debe además el haber logrado reunir a las cubanas que habían emigrado a Estados Unidos en dos organizaciones: la Sociedad de Señoras Cubanas para Socorros y la asociación Liga de las Hijas de Cuba. Esta última se proponía "dar a conocer la causa de su patria y solicitarle apoyo y simpatía en todas partes del mundo donde hubiese un corazón que palpitara al nombre de la Libertad". Con tal propósito y en calidad de secretaria de la Liga, Casanova envió una misiva a Víctor Hugo, para pedirle que expresara su opinión sobre las aspiraciones libertarias que defendían los cubanos.

Hugo contestó de inmediato con un texto dirigido "a las mujeres de Cuba", que empezaba así: "Mujeres de Cuba, comprendo vuestro gemido. Oh, desesperadas, vosotros os dirigís a mí. Fugitivas, mártires, viudas, huérfanas, demandáis socorro a un vencido. Proscriptas vosotras, os volvéis hacia un proscripto; las que no tienen hogar llaman en su ayuda a quien no tiene patria. Es cierto, estamos muy agobiados; vosotras no tenéis más que vuestra voz, y yo no tengo más que la mía; vuestra voz gime, la mía advierte. Esos dos hálitos, en vosotras el sollozo, en mí el consejo, he ahí todo lo que nos queda. ¿Qué somos? ¿La debilidad? No, nosotros somos la fuerza. Porque vosotros sois el derecho, y yo soy la conciencia.// La conciencia es la columna vertebral del alma; en tanto la conciencia es recta, el alma se mantiene en pie; yo sólo poseo esta fuerza, mas es suficiente. Y hacéis bien al dirigiros a mí".

Descubrir una isla no da el derecho a martirizarla

Hugo expresa que hablará por Cuba, como antes habló por Creta. Y afirma que "ninguna nación tiene el derecho de poner su garra sobre otra, no más España sobre Cuba que Inglaterra sobre Gibraltar". En su opinión, ampliar la forma de la esclavitud significa aumentar la indignidad. Pueblos que tiranizan a otros pueblos, razas que oprimen a otras razas, tal es para él uno de los hechos terribles del siglo XIX: "Por todas partes, las venas abiertas y los vampiros sobre los cadáveres.// Cadáveres no. Borro la palabra. Lo he dicho ya, las naciones sangran pero no mueren. Cuba tiene toda su vida".

Reconoce que España es una nación noble y admirable a la cual ama, aunque no más que ama a Francia. Y agrega: "Si Francia aún tuviese a Haití, así como le digo a España: ¡Redimid a Cuba!, le diría a Francia: ¡Redimid a Haití!". Ése sería, apunta Hugo, el modo de probarle a su patria su veneración, pues "el respeto se compone de consejos justos. Decir la verdad es amor".

En el párrafo con el cual concluye su texto, Hugo expresa: "Mujeres de Cuba, que me habláis tan elocuentemente de tantas angustias y tantos sufrimientos, me prosterno ante vosotras y beso vuestros pies adoloridos. No lo dudéis: vuestra perseverante patria será recompensada por su pena, tanta sangre no se derramará en vano, y la magnífica Cuba se emergerá un día libre y soberana entre sus hermanas augustas, las repúblicas de América. En lo que a mí concierne, puesto que me pedís mi pensamiento, os envío mi convicción (…) Poseer por intuición el porvenir es suficiente para el vencido. Mirar hoy lo que el mundo verá mañana es una alegría. En un instante determinado, cualquiera que sea la negrura del momento presente, la justicia, la verdad y la libertad surgirán y harán su entrada espléndida sobre el horizonte. Doy gracias a Dios por concederme esta certeza: la dicha que le queda al proscripto en las tinieblas es ver levantarse la aurora en el fondo de su alma".

Por Cuba, el otro texto escrito por el autor de Los miserables, surgió de la petición que le hizo llegar un grupo de patriotas camagüeyanos. A eso se refiere en las líneas con que lo inicia: "Esos a quienes llaman insurgentes de Cuba me piden una declaración, hela aquí.// En este conflicto entre España y Cuba, la insurgente es España.// Del mismo modo que en la lucha de diciembre de 1851, el insurgente era Bonaparte.// No miro hacia donde está la fuerza, miro hacia donde está la justicia".

Reconoce que la madre patria tiene derechos, entre otros, el de ser madre. No tiene, en cambio, el derecho de ser verdugo. Asimismo se pregunta si dentro de civilización no hay pueblos mayores y pueblos menores; y si a los mayores no les corresponde la tutela de los menores. Eso lo lleva a comentar: "Descubrir una isla no da el derecho a martirizarla, ésa es la historia de cuba, no es menester partir de Cristóbal Colón para llegar a Tacón.// Que la civilización implica la colonización, que la colonización implica la tutela, sea; pero la colonización no es la explotación, la tutela no es la esclavitud.// La tutela cesa de pleno derecho cuando el menor arriba a la mayoría de edad, ya sea el menor un adolescente o un pueblo. Toda tutela prolongada más allá de la minoridad es una usurpación. La usurpación que se hace aceptar por hábito o tolerancia es un abuso; la usurpación que se impone por la fuerza es un crimen.// Este crimen, en cualquier parte donde yo lo vea, lo denuncio".

Se refiere después a la situación de la Isla y escribe: "Cuba es mayor de edad.// Cuba no pertenece más que a Cuba.// Cuba, en esta hora, sufre un horroroso e inexpresable suplicio. Es acosada y maltratada en sus bosques, en sus valles, en sus montañas. Pasa por todas las agonías del esclavo fugitivo.// Cuba lucha, espantada, soberbia y ensangrentada, contra todas las ferocidades de la opresión. ¿Vencerá? Sí. Entre tanto, sangra y sufre. Y, como si la ironía tuviera siempre que estar unida a la tortura, parece entreverse no sé qué burla en esa suerte feroz que, en la serie de sus diferentes gobernadores, le da siempre el mismo verdugo, sin apenas cambiarle el nombre, y que, después de Tacón, le envía a Concha, como un saltimbanqui que vuelve al revés su disfraz".

Opina Víctor Hugo que cuando se trata de la esclavitud, se gana con aquello que se pierde: "Cuba emancipada engrandece a España, porque crecer en gloria es crecer. El pueblo español tendrá esa gloria de ser libre en el interior y grande en el exterior". Asimismo distingue al pueblo español de su gobierno. Por eso es a este último al que denuncia como culpable del suplicio que sufre Cuba. Al pueblo español, por el contrario, lo considera magnánimo, bueno. Ha colonizado, es cierto, a otros pueblos, pero lo ha hecho como el río Nilo, que cuando desborda y sale de su cauce es para fecundar. Y por último, afirma, que el día que sea dueño de sí mismo recuperará Gibraltar y devolverá Cuba.