Actualizado: 16/05/2022 14:14
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Losnitza, Cine, Arte 7

La guerra como espectáculo, el espectáculo como guerra

Aunque no es un filme didáctico, esta película cobra mucha actualidad para entender la invasión rusa a Ucrania

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En el mundo de la posverdad, nada es lo que parece ni parece lo que es, sin embargo, a veces las imágenes falsas son un buen recuento de la realidad, o quizá su imagen especular. Todo esto, que parece no ser más que un galimatías, queda perfectamente ilustrado en el filme ucraniano Donbass.

Con una serie de viñetas las cuales se conectan por la recurrente aparición de algunos de los personajes, el filme va narrando la escalada, a nivel local, de un conflicto con repercusiones y propósitos globales. Como su título indica, Donbass tiene lugar en la región del mismo nombre, (Donbás, en español) una parte de cuyo territorio, Donetsk y Lugansk, fueron invadidas por tropas rusas (según la interpretación rusa, tropas de su ejército y soldados voluntarios fueron en ayuda del alzamiento de los separatistas prorusos) en 2014. En esta zona hay una gran cantidad de habitantes de origen ruso que han expresado su deseo de separarse de Ucrania.

La película comienza en un improvisado y maltrecho camerino en el cual unos actores se maquillan para actuar en un filme, pero cuando salen del lugar, van a ser introducidos a un montaje de una situación de guerra para mostrar el sufrimiento de los habitantes locales debido a la contraofensiva del ejército ucraniano y su aviación.

A este primer segmento le siguen otras doce viñetas que se entrelazan de alguna manera no solamente porque algunos de los personajes pasan de una a otra y por el tema de la zona sometida a una guerra fratricida, sino porque también en todas ellas permanece el interés mediático de mostrar una realidad que no se ve, una especie de neolengua de la imagen. Todo el mundo, de una manera u otra, miente para su propio beneficio.

En otro segmento, un periodista alemán trata de llegar a la primera línea de combate y tras ser el objeto de burla de los soldados prorusos, termina siendo acusado de nazi, pues le dicen que como alemán, si el no lo fue, alguien en su familia tiene que haber sido. En esta viñeta se va generando una tremenda tensión solamente en base a la actitud autoritaria del jefe del grupo. Más adelante sacan a un prisionero ucraniano con un cartel de traidor colgado y, en el mejor estilo nazi, lo exhiben atado a un poste para provocar la indignación de algunos ciudadanos comunes de origen ruso que han sufrido pérdidas familiares en el conflicto. Además, hay profesionales que se dedican a instigar.

Lo grotesco se expone en una boda en la municipalidad, en medio del conflicto en donde no solamente la pareja dispareja y sus gestos son repulsivos, sino, además, muestran en toda su ridiculez el ritual instaurado por los rusos como ceremonia laica matrimonial. Estos son solo unos ejemplos. Pero en todas las viñetas aparece, mostrado con un humor sardónico seco, la idiotez del tribalismo y el poco valor que tiene la vida humana en medio de una situación catastrófica, que termina por sacar lo peor de cada cual.

En el filme no hay buenos ni malos, sino individuos manipulados que aceptan la mentira porque ya no saben donde está la verdad, se han acostumbrado a vivir en un mundo en el cual la realidad es solo lo que se percibe de ella a través de prejuicios, narrativas falsas y de imágenes fabricadas. Es la guerra como un espectáculo más y el espectáculo como una manera eficaz de pelear la guerra. En un giro genial, al final que no contaré, se viene a crear una ficción a partir de la ficción anteriormente creada.

Serguei Losnitza (Ucrania, 1964), había dirigido anteriormente dos excelentes largometrajes, My Joy (2010) y In the Fog (2012), que tratan sobre el desastre humano que dejó la dominación comunista en Ucrania, y varios documentales importantes, como Maidan (2014). Con este excelente filme logró el premio al mejor director en la sección Una Cierta Mirada, del festival de Cannes de 2018. Ha escrito y dirigido Donbass con un estilo que mezcla el neorrealismo italiano con la visión de Buster Keaton. La fotografía del rumano Oleg Mutu (Beyond the Hills), con quien Losnitza ha trabajado varias veces, maneja con excelencia la iluminación y las largas secuencias en las que la cámara deja que los sucesos lleguen a ella, como un espectador atemorizado, creando una tensión visual que atrapa al espectador. El dramatismo viene dado por la forma en que se monta la imagen.

No se puede hablar de actores principales, todos realizan una labor excelente para parecer gente ordinaria, para darle al filme un ropaje de documental, que con su experiencia en la ficción y en el documental, Losnitza ha sabido aprovechar a la perfección. Muchas secuencias resultarán familiares a quienes hemos sufrido mítines de repudio de manos de hordas manipuladas por el poder y hemos visto después las imágenes tergiversadas de nuestro propio sufrimiento.

Aunque no es un filme didáctico, cobra mucha actualidad para entender la invasión rusa a Ucrania. Fue filmada a unos 300 kilómetros de lo que es hoy la zona de combate en el este del país. A pesar de su magnificencia, el filme apenas ha sido exhibido más allá de festivales y de cinematecas de culto (en Estados Unidos se estrenó en el Museum of the Moving Image). Hasta ayer, no había llegado a recaudar ni $100.000 a nivel mundial.

Donbass (Ucrania/Alemania/Francia/Holanda/Polonia/Rumania, 2018). Guion y dirección: Serguei Losnitza. Director de fotografía: Oleg Mutu. Con: Tamara Yatsenko, Liumila Smorodina, Yevgueni Chepurniak y Thorsten Merten.


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