Actualizado: 08/08/2022 15:58
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La guerra favorita de Putin

Un ejemplo cinematográfico de lo que viene desarrollándose en la sociedad rusa desde la llegada de Putin al poder: el pasado como justificación de su conducta actual

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Lo singular de On the Road to Berlin (Doroga na Berlin), realizada por Sergei Popov en 2015, es que parece una película hecha en la URSS.

No en la Unión Soviética de Stalin y tampoco en la de Brézhnev, pero la ausencia de énfasis en una ideología comunista viene compensada por la clásica visión de la tierra rusa, invadida por un enemigo extranjero cruel y despiadado —la madre patria bajo la amenaza de ser destruida—, que es la visión sustentada por décadas hasta la desaparición de la URSS y la cual, tras un breve paréntesis, ha renacido desde hace años con el gobierno de Vladimir Putin.

Decir esto no niega lo ocurrido durante la invasión nazi, sino busca identificar el uso actual a la proyección y el recuerdo de los abusos y crímenes de entonces, junto con un enfoque simplista y gastado de la oficialidad y los soldados soviéticos, sus ideales y acciones durante el conflicto.

Tampoco se intenta acusar a la película de ser un simple panfleto o siquiera un instrumento ideológico que participe directamente de un objetivo político. Es señalar otro ejemplo de un ambiente que viene desarrollándose en la sociedad rusa por diversas vías y que forma parte del enfoque de lo ocurrido en el pasado como justificación de su conducta en las relaciones con las naciones vecinas y Europa en general.

Realizada en los estudios Mosfilm —los de entonces, a veces, siguen siendo los mismo— está basada en la novela Dos en la estepa del escritor ruso de origen judío y nacido en Ucrania Emmanuil Kazakevich y en el diario de guerra de Konstantin Simonov.

Además de cuestiones clásicas de este tipo de film, como el valor y la cobardía, el caos y los absurdos de una situación bélica, la película tiene como tema fundamental la relación que establecen un joven oficial ruso de comunicaciones que lleva la orden de reagrupamiento de la división, la cual no puede entregar por inexperiencia y vacilaciones, y por lo cual es degradado y condenado a muerte por cobardía. Prisionero y en espera de la ratificación de la sentencia, las fuerzas alemanas interrumpen en el campamento, del cual es sacado por un soldado kazajo analfabeto y que habla y entiende poco ruso, que es su guardián y se empeña en cumplir su encargo de velar por el detenido hasta el fallo del tribunal superior. Mientras ambos atraviesan y participan en combates para llegar al campamento donde se encuentra el estado mayor de la división, que decidirá sobre la vida del joven, ambos desarrollan una empatía más allá de las diferencias fundamentales. Todo ello ocurre en el frente Suroccidental, durante la “Operación Barbarroja” de invasión alemana, y en el territorio de lo que es hoy Ucrania.

Vale la pena añadir que no hay que confundir este argumento, como hace Wikipedia, con On the Way to Berlin (Na puti v Berlin), dirigida por Mikhail Yershov en 1969 y también de los estudios Mosfilm, como era de rigor en esa época, y que trata de los días finales de la Segunda Guerra Mundial en Europa y los intentos de un soldado por establecer un gobierno provisional en las afueras de Berlín, que aún no había sido tomada. La primera versión fílmica de la novela de la novela de Kazakevich es Two on the Steppes (Двое в степи), de igual nombre que la obra literaria y realizada en 1964 por Anatoly Efros.

Sin desconocer la importancia de la Segunda Guerra Mundial y la URSS —y la vigencia que aún mantiene el tema, incluso antes de la invasión de Ucrania—, el mantenimiento de un culto casi sagrado a recordar la victoria soviética es un instrumento utilizado por el gobierno de Putin para identificarse con una Rusia triunfante y siempre dispuesta a tomar las armas de nuevo. Una vez más —y por vías directas, indirectas y torcidas—, el cine se ha visto involucrado en ese frente.


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