Actualizado: 17/04/2024 1:24
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Cine, Arte 7

La inmanencia del mal

Reygadas es un director que no admite términos medios. O uno es un fanático ciego de su obra o lo detesta por completo

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Creo que hay muy pocas secuencias en la historia del cine con la fuerza terrorífica que posee la que inicia Post Tenebras Lux, el más reciente filme de Carlos Reygadas. Durante los primeros siete minutos que se extiende la secuencia una niña se mueve entre divertida y asustada en medio de un campo en el cual en el trasfondo aparecen vacas y luego caballos. La niña es protegida por una jauría de perros que los espanta. La iluminación del plano se oscurece a medida que aparecen nubes y relámpagos en un horizonte cercano. La secuencia la envuelve la amenaza de un peligro acechante. La niña no parece tener intención de ir a ninguna parte y no se ven ni se oyen adultos alrededor. La tensión crece hasta el punto de lo escalofriante.

Contar esta película, por muchas razones, carece de sentido. Parte de lo interesante del filme es la cantidad de giros sorpresivos que se dan en la narrativa. Por otro lado, Reygadas no tiene interés en respetar la linealidad argumental y tampoco la coherencia del discurso narrativo. Reygadas suscribe los postulados de Godard con respecto a las formas de contar una historia: inicio, intermedio y fin deben existir invariablemente siempre y cuando no estén necesariamente en ese orden. Este estilo le permite a Reygadas crear un universo muy personal a través del cual expresar sus inquietudes.

En Post Tenebras Lux, Juan (Adolfo Jiménez Castro) es un arquitecto que vive con su esposa Natalia (Nathalia Acevedo) y sus hijos Rut (la pequeña que se ve al principio de la película) y Eleazar, en una paradisíaca mansión en el campo mejicano. Es obvio que son una pareja urbana y no se sabe si huyen simplemente del bullicio de la ciudad, o de alguna circunstancia nefasta de su pasado inmediato, si tratan de encontrarse a sí mismos o si están tratando de arreglar su matrimonio alejados de todo. Los vemos relacionarse con los vecinos del pueblo y con los que les trabajan en la hacienda. De aquí comienzan a sucederse situaciones que conducen la trama a reuniones de alcohólicos anónimos, a playas y pueblos a dónde va la familia con sus niños que se observan en distintas etapas de crecimiento, a un indeterminado lugar en el cual asisten parejas para experimentar diferentes aspectos de sexualidad y erotismo. Aparentemente el argumento llega a una borrosa conclusión y en una segunda parte se repiten muchas de las secuencias vistas desde otro punto de vista para llegar a un final más abrupto y diferente.

Nunca sabremos cuál de las dos versiones representa la realidad y si acaso alguna de ellas es meramente de carácter onírico, pero llega un punto en el cual esto deja de tener importancia. Entre imágenes bellamente compuestas con mano de pintor maestro, diálogos y situaciones que expresan las contradicciones de clase y de raza que ocurren en México y conflictos familiares que exploran tanto la naturaleza íntima del matrimonio, como los sentimientos reprimidos y el cuestionamiento existencial del papel de la represión social sobre el destino de cada individuo, el espectador queda hipnotizado por la belleza visual de este filme que se mueve entre la apacibilidad cotidiana y la presencia del mal que habita en cada cual. Esa inmanencia del mal y su sugerida latencia es lo que más aterra. La constante posibilidad del mal cotidiano, dispuesto a irrumpir en la más normal de las situaciones.

Reygadas mueve a sus personajes entre estilos de actuación que van de un naturalismo minimalista a un manerismo bressoniano, sin que esta diferencia a veces se note o moleste. De encuadres aparentemente casuales a planos elaboradamente compuestos y llenos de referentes que pueden pasar desapercibidos para muchos de los espectadores.

Es por todo lo anterior que Reygadas es un director que no admite términos medios. O uno es un fanático ciego de su obra o lo detesta por completo. Comenzó dirigiendo largometrajes con la multipremiada Japón (2002), en la cual un pintor va al desierto decidido a morir y va cambiando de parecer a medida que establece una relación extrañamente erótica con una mujer mucho mayor que conoce en su camino. El filme ganó mención especial como ópera prima en los festivales de Cannes y de La Habana de ese año. A esta le siguió la controversial Batalla en el cielo (2005), que ganó tantos premios como denuestos. Luego realizó Stellet Licht (2007), que es el título original, aunque también se conoce como Luz silenciosa, que tiene lugar en una comunidad menonita en México, también ganadora de premios especiales en Cannes, del premio principal en el festival de Chicago y que arrasó con todos los corales importantes del festival de La Habana. Con su cuarto largometraje como realizador, Reygadas (Ciudad México, 1971), ganó la Palma de oro en Cannes en el año 2012. Mientras tanto, ha producido la obra del otro director mejicano más importante del momento, Amat Escalante, quien acaba de ganar el premio Coral en el recién finalizado festival de La Habana con Heli.

Los actores desempeñan sus papeles aptamente, aunque en los filmes de Reygadas no hay mucha exigencia interpretativa, debido al acento que pone en la composición de los planos. Más integrado al éxito del filme es el trabajo del fotógrafo Alex Zabe, quien también fotografió Stellet Licht, quien se encarga de dar el color, la iluminación y el encuadre adecuado a las elaboradas composiciones visuales del realizador.

Las películas de Reygadas siempre llaman a la meditación. Su sentido del humor es muy sutil y siempre se concentra en las aspiraciones más personales del individuo, el temor a la muerte y a la muerte en vida y la existencia del mal y de la violencia en todos los seres humanos. Con un título que de traducirse significa “Después de las tinieblas la luz” sería muy fácil simplificar y concluir que Reygadas postula la clásica idea de que para llegar al paraíso hay que pasar primero por el infierno, lo novedoso aquí es que la llegada al paraíso no está garantizada, aunque sí lo está el paso por el infierno.

Post Tenebras Lux (México, 2012). Dirección: Carlos Reygadas. Guión: Carlos Reygadas. Fotografía: Alex Zabe. Con: Adolfo Jiménez Castro, Nathalia Acevedo, Willebaldo Torres, Rut Reygadas y Eleazar Reygadas. La película se ha estrenado a cuentagotas en distintas ciudades de Estados Unidos en el año 2013 y ya se encuentra disponible en DVD o streaming.


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