Actualizado: 07/12/2022 17:02
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¿La música bailable del futuro?

'Siete Rayo', el nuevo álbum de Descemer Bueno: Razones para bailar.

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Cuando amenaza con convertirse en una leyenda de la música cubana; una leyenda como todas, luminosa y, al mismo tiempo, inasible y difusa, con su nuevo disco, Siete Rayo (la incorrección gramatical es en realidad fidelidad religiosa), el talento múltiple de Descemer Bueno puede ser apreciado de un modo más tangible y global.

Músico de culto para los creadores de su generación, ha intervenido en unos cuantos discos que, o han tenido que resignarse a la circulación en copias piratas, escasas y cotizadas, o cuando el éxito comercial fue rotundo, se les ha regateado el peso de la participación de Bueno, cuya presencia se sospecha decisiva.

Descemer Bueno, a quien muchos conocimos al filo de los años noventa, simplemente como bajista de Santiago Feliú y luego del grupo Estado de Ánimo (y de paso, como el músico con más swing de la escena habanera en aquellos días), comenzó a finales de la década a revelarse como compositor, arreglista y productor musical. De estas facetas dio muestras en un disco alucinante donde el viejo bolerista Fernando Álvarez, con el hilo de voz que le quedaba, grabó un generoso puñado de boleros postmodernos y hermosísimos, firmados y arreglados por Bueno. El disco nunca circuló comercialmente, pero sí sus copias piratas y con ellas la leyenda de su creador.

Luego vendría su colaboración en President Alien, el primer disco de la banda latina Yerba Buena, radicada en Nueva York. A poco de grabarse este álbum, en el que aparece la firma de Descemer Bueno en casi todas las composiciones, el músico se separó de la banda, al parecer en no muy buenos términos. Desde entonces y tras el éxito de esa grabación, en los corrillos musicales o melómanos se ha discutido bastante sobre a quién correspondía la paternidad de un disco tan renovador para la música bailable latina.

De ahí que la aparición del primer disco de Descemer Bueno con su propio grupo, Siete Rayo (que coincidió con Haydeé, en el que Haydeé Milanés interpreta piezas compuestas y producidas por Bueno), trajera no sólo la expectativa de escuchar el resultado de la conjunción de su talento múltiple como cantante, músico, compositor, arreglista y productor, también existía algo de morbo a la espera de una especie de revancha musical entre el segundo disco de Yerba Buena y el primero de Bueno en solitario.

Luego de oír los dos discos, la comparación sin embargo no procede. Island Life, el segundo CD de Yerba Buena, perdido entre una muy cargada atmósfera tecno, la falta de melodías reconocibles (cuando no se trata de algún remake de viejas canciones) y una abrumadora lista de colaboradores (la poderosa voz de Xiomara Laugart —parte de la plantilla fija de la banda— apenas aparece), tiene poco que ofrecer frente al de Bueno.

Si Siete Rayo venciera en un hipotético enfrentamiento, sería más bien por no presentación (lo cual es lamentable porque en tiempos en que la música está cada vez más ausente de las grabaciones bailables se aprecia doblemente el ejercicio de la imaginación).

Pese a la distancia musical que guarda con respecto al primer disco de Yerba Buena, President Alien, el disco de Bueno es de algún modo la continuación de este proyecto por otros medios. Sería, y no es poca cosa, la creación de una nueva música bailable con bases latinas (y dentro de estas un suave predominio de las raíces caribeñas) y al mismo tiempo abierta a todo tipo de tradiciones e influencias y dominada por una visión creativa persistentemente renovadora, sin olvidar sus obligaciones para con los bailadores. No es música que busque estar a la moda, más bien trata de imponerla.


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