Actualizado: 16/10/2018 10:01
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La pérdida, el dolor y el dilema de la esperanza

La realizadora Carla Simón debuta por todo lo alto con esta película

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Frida es una niña de seis años que acaba de perder a su madre, quien ha muerto de un “virus”. Su padre había muerto de la misma enfermedad tres años atrás. Su tío materno y su esposa la adoptan y se la llevan a vivir a Les Planes d’Hostoles, un pequeño villorrio en la Garrotxa catalana. Los tres meses del verano de 1993 serán definitorios en la vida de Frida. Tendrá que adaptarse a un cambio radical entre su vida en Barcelona y su nuevo hogar en pleno campo, a soportar el dolor y la confusión de haber perdido a su madre y a ajustarse a una nueva familia, de ser hija única a aprender a convivir con una “hermana” menor.

El párrafo anterior puede resumir la trama de Summer 1993 (Estiu 1993), el primer largometraje de Carla Simón, basada en su propia infancia, pero en realidad, no nos dice nada del filme porque Summer 1993 es inenarrable, es puro cine y solo se capta si se ve.

La trama está contada desde el punto de vista de Frida, por lo que solo vemos lo que ella ve y oímos lo que ella oye. Eso nos permite sentir sus angustias, sus confusiones y sus temores. Somos partícipes de su dolor, del vacío que siente y de su necesidad de atención. La única diferencia es que podemos intuir cosas que el personaje no puede intuir. Frida no entiende su situación ni puede proyectarse en el futuro. Es un ser fuerte, pero completamente indefenso. La narrativa está conformada por la elocuencia de las imágenes, que van soltando detalles con el ritmo de la vida, sin un in crescendo dramático, a paso lento para darle tiempo a pensar a Frida y al espectador.

Frida se agarra de cualquier cosa para nutrir sus esperanzas. Necesita cariño y desafía a sus nuevos padres para probar su compromiso. Su relación con Ana, su prima, es emocionalmente contradictoria. Pasa del celo al amor casi sin transición y sus estados sentimentales pueden hacer que actúe con crueldad, con indiferencia y con ternura. Es un monstruo ingenuo y angelical. El ambiente bucólico no está edulcorado y tiene una intensa belleza pero a la vez, las imágenes esbozan el acecho de algo terrible, cada plano es agorero.

La película encaja en la línea argumental de El espíritu de la colmena (1973), el extraordinario filme de Víctor Erice, y de El viaje de Carol (2002) la obra de Imanol Uribe, pero es muy superior a ambas. Carla Simón ha debutado por todo lo alto y lo único que debe preocuparle ahora es cómo repetir este logro. Aunque con este filme ya sería suficiente para tener un lugar destacado en la cinematografía española.

Trabajar con niños es una tarea muy difícil, sin embargo, Simón ha logrado que Laia Artigas, quien al momento del rodaje tendría unos ocho años, y Paula Robles, que no tendría cuatro años entonces, desempeñen con una naturalidad pasmosa sus personajes de Frida y Ana respectivamente. Sus interpretaciones fluyen tan bien, que a veces parece que uno está viendo un documental con cámara oculta. No parecen sentir la presencia del lente frente a ellas. Por su parte, los adultos también interpretan sus papeles con desenvoltura y aparente facilidad. Bruna Cusi, como la tía Marga, resulta inmejorable y su papel le ganó el Goya de 2018 por mejor actriz revelación. David Verdaguer, como el tío Esteve, quien a su vez lucha con su dolor por la pérdida de su hermana, está impecable en su minimalismo histriónico. No hay nada negativo que decir de ninguno de los que componen el resto del elenco.

Trabajando su propio guion, Carla Simón ha ganado con esta cinta, numerosos premios como guionista y directora, tanto en prestigiosos festivales, como de la crítica de varios países europeos. Su composición narrativa funciona en todos los sentidos. A través de datos salpicados entre imágenes, diálogos y gestos, es capaz de dar tono emocional, contexto histórico y proyección ambiental. Su ritmo lento jamás aburre y se siente como necesario. La fotografía de Santiago Racaj, quien trabaja mayormente en planos medios y primeros planos, utiliza su lente y el cromatismo que elige, para trasmitir las intenciones argumentales y subrayar sutilmente ese confuso peso ambiental que se cierne sobre Frida.

Summer 1993 se inscribe en la mejor tradición de cine con niños como personajes centrales, está al nivel de Cero en conducta de Jean Vigo y Los 400 golpes de Francois Truffaut. Es una pequeña obra maestra.

Summer 1993 (España, 2017) Guion y dirección: Carla Simón. Director de fotografía: Santiago Racaj. Con: Laia Artigas Paula Robles, Bruna Cusi y David Verdaguer, De estreno limitado en ciudades selectas de Estados Unidos.


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