Actualizado: 30/01/2023 18:55
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Cine, Arte 7

La puerilidad de la experiencia

Lo más interesante de esta película es el cruce de personajes y los saltos de los diálogos

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No hay mucho que narrar en cuanto a trama sobre Youth, el filme más reciente del director italiano Paolo Sorrentino. Fred Ballinger es un octogenario director de orquesta ya retirado quien junto a su hija, se encuentra de reposo médico en un balneario curativo en los Alpes suizos. Por allí también anda su amigo y consuegro, Mick Boyle, un septuagenario tardío, director de cine, quien rodeado de su grupo de trabajo está desarrollando los toques finales del filme que será, según él, su testamento artístico.

Un emisario de la Reina de Inglaterra llega al balneario con la misión de convencer a Ballinger para que dé un concierto de sus “Simple Songs”, en el cual dirigirá a la orquesta de la BBC y en el cual cantará una conocida soprano. Ballinger se niega porque considera que esa pieza solamente la puede cantar su esposa, para quien fue compuesta, y ella ya no puede cantar. Lo dice en ademán de viudo luctuoso. El emisario (más bien la Reina) no se da por vencido y regresa al balneario una y otra vez insistiendo en su propuesta.

La hija de Ballinger le anuncia que su esposo la ha dejado por una cantante “pop”. Está desconsolada porque no entiende la razón. El esposo, quien es hijo de Boyle, llega al balneario y suegro y padre lo confrontan, pues no entienden por qué abandona a su esposa por quien a ellos les parece una mujer insignificante y él responde que la razón es “porque es buena en la cama”.

A partir de estos hechos los personajes se involucran en conversaciones que van de la sublimidad del arte a la banalidad de la cantidad de orina a edad avanzada. Preocupaciones existenciales se alternan con nimiedades de la vida cotidiana, lo que es en fin, la suma cultural de la experiencia humana. Lo más interesante de esta película es el cruce de personajes y los saltos de los diálogos.

El balneario es un circo en el cual no solamente se ofrecen espectáculos a diario, sino que la propia tarea de los empleados alcanza rutinas y ensoñaciones dignas de ferias pueblerinas. Uno de los huéspedes es un actor que se debate entre la necesidad de entender intelectualmente a los personajes que interpreta o alcanzar a sentir sus emociones para expresar verdaderamente su esencia. El propio personaje es una caricaturización de Johnny Depp, o al menos de lo que conocemos de Johnny Depp. Otro de los huéspedes es un futbolista retirado, ahora extremadamente obeso, necesitado de un balón de oxígeno para moverse, que tiene un busto de Marx tatuado en su espalda inmensa. Si hay dudas de que es una alusión a Maradona, hay un momento en el cual en la piscina se habla de los zurdos y el futbolista llega con timidez y dice: “Yo soy zurdo”, a lo cual el actor le replica: “El mundo entero sabe que eres zurdo”.

Las alusiones llegan a ser oscuras. Una Miss Universo se pasea desnuda por la piscina y una empleada, masajista de profesión, quien cree que la verdadera expresión de los sentimientos está en el tacto y la expresión corporal, pasa sus momentos libres frente a un Wiii, repitiendo rutinas danzarías con esa trascendencia que conceden las aspiraciones remotas. Los empleados asumen sus prácticas diarias con la disciplina monódica de los habitantes de un mundo totalitario.

Resulta asombroso ver como Paolo Sorrentino (The Great Beauty, Il Divo, This Must Be the Place, The Consequences of Love), a pesar de que muestra sin escrúpulos la influencia de Fellini, ha sido capaz de crear un estilo muy personal. Esto se notaba en The Great Beauty y se confirma en este filme. Pudiera pensarse que es un Fellini actualizado, pero hay un poco más que eso. Sorrentino se atreve un algo más que su maestro a realizar observaciones ideológicas y políticas, sin por ello caer en la pedantería del didactismo y sin perder el ojo por el humor que subyace en el espectáculo que es la vida corriente.

Michael Caine desempeña su papel de Fred Ballinger con una naturalidad impresionante, como si no hubiera diferencia entre el personaje y el actor. A sus 82 años está todavía en pleno control de sus facultades histriónicas y demuestra una vez más por qué debe ser considerado un grande entre los grandes. Harvey Keitel, en el rol de Mick Boyle, se ve cómodo y seguro en un personaje repetido hasta el cansancio sin que lo haga parecer cansón o abúlico.

Paul Dano (There Will Be Blood, Meek’s Cutoff) aprovecha su tiempo en la pantalla y realiza una excelente interpretación de Jimmy Tree, el personaje basado en Johnny Depp, llegando su clímax en el momento que decide interpretar a Hitler para sorpresa de todos los huéspedes y empleados, en un tour-de-force que se mueve entre la pasión y la locura. Rachel Weisz (ganadora del Oscar por su trabajo en The Constant Gardener), sin embargo, a pesar de ser una gran actriz, no convence en su papel de la hija de Ballinger, pero quizá se deba a que este es el único elemento flojo del guión, la única pieza que parece no caber en el engranaje.

La fotografía de Luca Bigazzi (Il Divo, Certified Copy) es excelente y añade un atractivo especial al elemento poético que contiene la imagen en este filme. La película captura y cautiva la imaginación del espectador por la fuerza de sus encuadres y los ángulos de sus tomas. Este es un filme que puede disfrutarse con los oídos tapados.

Sorrentino escribió su propio guión, que está lleno de inteligencia sutil, de sarcasmo y de un cinismo sobrecogedor. Al final, expresa, la experiencia no vale de mucho si no sirve para aceptar con inocencia infantil, la necesidad de ajustarse, una vez más, a otro avatar cotidiano, no importa si es el último o si faltan muchos más. Nunca se sabe cómo va a ser el final y en la propia película, abundan las sorpresas.

Youth (Italia/Francia/Suiza/Gran Bretaña, 2015). Guión y Dirección: Paolo Sorrentino. Director de fotografía: Luca Bigazzi. Con: Michael Caine, Harvey Keitel, Rachel Weisz, Paul Dano y Jane Fonda. De estreno limitado en las ciudades más grandes de Estados Unidos.


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