Actualizado: 04/12/2022 4:31
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Cine, Arte 7

La relatividad de lo absoluto

Es la excesiva variedad de estilos y su indecisión en cuanto a adoptar una línea temática lo que lastra a The Fifth Estate

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A medio camino entre el thriller político y la caracterización biográfica, The Fifth Estate comienza en el momento en el año 2010 cuando Assange y su grupo de Wikileaks están a punto de hacer públicos una inmensa cantidad de cables diplomáticos esparcidos por Bradley (Chelsea) Manning y da un salto atrás al momento en que comienza la relación entre Daniel Domscheit-Berg, autor de uno de los dos libros en los cuales se basa el guión, y Julian Assange.

De una secuencia de tensión, se pasa a todo un segmento en el cual el joven Daniel queda hechizado por el idealismo carismático de Assange y desarrollan una relación de homosexualismo latente que el filme insinúa pero no se atreve a explorar. Luego se va haciendo una transición al desarrollo de Wikileaks, ese sitio de internet creado por Assange para que cualquier ciudadano pueda divulgar, protegido por el anonimato, cualquier secreto de importancia política.

El filme inmediatamente muestra una de las primeras acciones importantes de la organización, la revelación de corrupción y evasión de impuestos en el banco suizo Julius Baer, uno de los más importantes de Europa, ocurrida en 2008 y de la corrupción administrativa y la violación de derechos humanos, incluyendo asesinatos a opositores, acaecidas durante las elecciones de diciembre de 2007 que mantuvieron en el poder en Kenya al presidente Moi.

A partir de ahí, la película se mueve, con la aceleración de un thriller, entre diversos escenarios que van de Reykiavik a Londres, de Nairobi a Copenhaguen y de Washington a un submundo de Berlín poblado de aspirantes a artistas, marginales y anarquistas que nunca llega a realizarse completamente en la pantalla. Tiene también muchos momentos de lentitud, cuando trata de presentar un perfil de la personalidad de Assange y su relación con quienes le rodean. Es esa excesiva variedad de estilos y su indecisión en cuanto a adoptar una línea temática lo que lastra a The Fifth Estate. No es el hecho de que para ello apuesta al seguro con un lenguaje convencional de intenciones comerciales, sino su incapacidad de explorar con mayor profundidad los tópicos que esboza.

No hay dudas de que, independientemente de lo que uno piense de la organización y de su creador, Wikileaks ha cambiado la faz del actual flujo de información y de la relación de la prensa con la internet, así como del nuevo carácter que sostiene el intercambio entre las fuentes de información y las redes de prensa. Este es el punto más claro del filme, cuando presenta un momento de tensión en el cual chocan la presión que ejerce Assange al amenazar publicar, sin editar, una serie de informaciones que pueden exponer y poner en peligro las vida de cientos de espías, informantes y colaboradores del gobierno americano y la más mesurada pero no menos imperiosa necesidad de publicar, con edición, de medios tan importantes como The New York Times, Der Spiegel y The Guardian. Ese drama con conteo regresivo es uno de los mejores momentos de la película.

Si le creemos al filme, que está basado en dos libros escritos por individuos como Daniel Domescheit-Berg y David Leigh, quienes tuvieron una relación muy estrecha con él, pero que luego se distanciaron en malos términos, Assange es un narcisista sin modales a quien solo le interesa su agenda personal, sin importarle las repercusiones que pueda tener en la vida de otros. Un individuo para quien las amistades solamente tienen valor de uso, un cruzado en su propia imaginación. Un hombre informado a pedazos, que construye utopías basándose en datos parciales y que está dispuesto a correr riesgos porque en realidad no se da cuenta del peligro hasta que no lo tiene encima. Un hombre que crea una organización cuyos principios fundamentales son la transparencia de los gobiernos, la libertad de prensa, el derecho de los ciudadanos a informar y mantener su anonimato y el discurso democrático que desafíe a los poderosos, pero que no vacila en utilizar la decepción para conseguir notoriedad y promover una causa cuyo discurso rechaza esa táctica. Assange, en el filme, era el único miembro de Wikileaks en 2007, pero mediante la creación virtual de diferentes personajes, mantuvo engañado a Domscheit-Berg por mucho tiempo, haciéndole ver que era una organización que contaba con miles de colaboradores voluntarios.

A pesar de que el personaje de Assange , excelentemente actuado por el magnífico actor inglés Benedict Cumberbatch (Atonement, Tinker Tailor Soldier Spy y la aclamada serie de televisión Parade’s End), está delineado de forma maniquea y estereotipada, las propias declaraciones de Assange, en una carta a Cumberbatch, le ofrecen credibilidad a la forma negativa en la que se muestra al personaje. Assange, con solamente leer el guión, le advierte al actor que no debe hacer este filme, porque de ahora en adelante, ambos van a estar unidos por la imagen y este filme “está basado en un libro lleno de engaños, escrito por alguien que tiene una vendetta en contra mía y de mi organización” (se refiere al libro de Domscheit-Berg) y en otro que es un “libro tóxico y parcializado. Escrito y publicado por gente con quienes tenemos disputas sobre contratos” (se refiere al libro de David Leigh) y que ignora “muchos autores independientes que han publicado cosas positivas sobre nosotros”. Se comporta como el tiranuelo que no tolera la crítica. Todo esto puede leerse en su sitio www.Wikileaks.org.

En el filme, sus utopías están construidas con retazos de medias verdades y de mentiras prolongadamente repetidas. Al defender la posible grandeza de su cruzada, para la cual en ese momento solamente cuenta con la ayuda de Domscheit-Berg, le dice: “Castro empezó con 82 hombres y mira lo que logró”. Para ser un individuo que aboga por la libre expresión, sus afinidades se sitúan con los individuos erróneos, Castro, Correa, Chávez y todo represor de la libertad de prensa. Recientemente tuvo una videoconferencia con los blogueros cubanos oficiales y expresó su apoyo por los cuatro espías detenidos en Estados Unidos. Aunque ha denunciado violaciones de diversos grupos ideológicos, su mayor enemigo es el gobierno americano. Para acentuar lo anterior, ya salió su respuesta cinematográfica a esta cinta, Mediastan, un documental dirigido por uno de sus empleados, Johannes Wahlstrom, sin experiencia anterior y que se alega es hijo de otro colaborador de Assange que ha sido repetidamente acusado de antisemitismo.

Bill Condon es un director desigual. Trabaja dentro de los parámetros del cine comercial, pero ha hecho películas muy logradas como Gods and Monsters y es también responsable por dos filmes de la saga Twilight y uno de la serie de Candyman, así como obras tan disímiles como Kinsey y Dreamgirls. Esta vez no se muestra en control de la dirección, permite que la trama se replete de argumentos secundarios que no conducen a nada sino a confundir al espectador, y si no se tiene buena información sobre los hechos que se presentan, uno puede desubicarse fácilmente en las bifurcaciones narrativas.

Daniel Brühl (Good Bye Lenin, The Edukators, Inglorious Basterds y 7 días en La Habana) actúa mejor en cada pelicula que pasa y se está convirtiendo en uno de los mejores actores jóvenes del momento. En este filme está muy bien en su papel de Daniel Domscheit-Berg. David Thewlis como David Leigh (en la película llamado Nick Davies), el periodista de The Guardian y autor del otro libro en el cual se basa el filme, está impecable. La fotografía de Tobias Schliessler (Dreamgirls), se ajusta perfectamente a los diferentes matices que Condon quiere utilizar para ambientar y sugerir un clima de persecución. Las imágenes captan lo mejor de las diferentes localidades en las cuales se desarrolla. La edición mantiene una agilidad que no permite el aburrimiento aunque a veces promueve el desconcierto. Es una lástima que no se haya explotado más el atractivo ambiente del submundo de la cultura marginal berlinesa.

Los temas de la manipulación de la verdad, del control de la información y de la arbitrariedad de quienes deciden lanzarse a proyectos quijotescos, quedan a nivel superficial. El thriller nunca se consuma. El drama personal de un narcisista solitario con un pasado ambiguo, se resume en un freudianismo de caricatura. Este quinto poder entretiene y provoca, pero carece de fuerza y de concentración. Parece la obra de alguien que sufre de un desorden de atención que la dirige a quienes lo padecen.

The Fifth Estate (EEUU, 2013). Dirección: Bill Condon. Guión: Josh Singer, basado en Inside Wikileaks: My Time with Julian Assange at the World’s Most Dangerous Website de Daniel Domscheit-Berg y Inside Julian Assange’s War on Secrecy, de David Leigh y Luke Harding. Director de forografía: Tobias Schliessler. Con: Benedict Cumberbatch, Daniel Brühl, David Thewlis y Alicia Vikander. De estreno amplio en todas las ciudades de Estados Unidos.


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