Actualizado: 23/10/2017 19:18
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Cine, Arte 7

La trama enhebrada

En esta cinta su realizador lleva a la pantalla una idea que se le había quedado en el tintero, pero el crítico cinematográfico de CUBAENCUENTRO afirma que lo mejor hubiera sido el olvido

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Gerardo Chijona es probablemente uno de los directores de cine más inteligentes con los que cuenta Cuba. No solamente como persona (quiero aclarar que soy su amigo desde la adolescencia y aunque no he hablado con él por décadas, aun me considero como tal), sino en la forma en que acomete su oficio de cineasta. A diferencia de la gran mayoría, su cine carece de pretenciosidad, sus temas son aparentemente menores y su estilo es muy cercano al del cine americano de los años 50, con obvias influencias de Hawks, Walsh y Wilder. Esto lo hace un ave rara en el panorama del cine de la Isla. En una entrevista reciente, concedida a Cuba Contemporánea, confiesa que los de su grupo decían que era el más colonizado, ya que los demás se inclinaban por el cine europeo.

Adorables mentiras (1992) y Perfecto amor equivocado (2004) son dos buenas comedias de enredos que muestran sus influencias en forma positiva. Son ese tipo de películas aparentemente inocentes, en las cuales bajo el disfraz de la comedia costumbrista, el autor se burla de la doble moral de la sociedad. En estos filmes, Chijona sutilmente se burló de la hipocresía, la altanería y el fariseísmo de dirigentes e intelectuales en la sociedad cubana. Son películas que revelan mucho más los aspectos tenebrosos de esa sociedad que cualquier tipo de cine militante. Además, ambos son buenos filmes, sin rebuscamientos, son cine convencional sin arrepentimiento. Se ajustan a la máxima del personaje del Príncipe Pablo en la obra Los nihilistas de Oscar Wilde: “La vida es muy importante para hablar de ella con seriedad”.

Boleto al paraíso (2010), su película más “seria”, es un intenso drama sobre la juventud que tiene altas y bajas narrativas, pero en general es aceptable. Como nadie es perfecto, Un paraíso bajo las estrellas (2000) y Esther en alguna parte (2013) quedan muy por debajo del resto de su producción y son bastante malas. Con su sexto largometraje, La cosa humana, Chijona finalmente realiza una idea que surgió incluso antes de Boleto al paraíso pero que se había quedado en el tintero. Mejor hubiera sido que se hubiera mantenido ahí.

Maikel y su hermano Sandokan son dos delincuentes de poca monta que cuando comienza la película, roban para pagar una deuda que tienen con El Suave, un “padrino” local de una mafia que nunca se ve. Sin darse cuenta han entrado en la casa de Justo, un escritor famoso que hace tiempo no publica nada que valga la pena. Se llevan una laptop en la cual está un cuento que Justo acaba de concebir y que piensa lo llevará de nuevo a la gloria literaria nacional.

Lo que sigue es una típica comedia de enredos con matices de thriller, que tiene algunos momentos felices pero que por lo general falla en su ejecución. Es un filme lleno de referentes, pero la mayoría se expresan en los diálogos y la visualidad es pobre. Hay guiños y homenajes a El padrino, a Woody Allen, a Stanley Kubrick y al propio Chijona (particularmente al personaje del escritor en Perfecto amor equivocado), pero los chistes se ahogan en sus propios calembours, que a la larga se desarrollan de forma cansina. El argumento sufre de exceso de alusiones.

La historia está basada en un hecho real ocurrido al coguionista Francisco García, que lo plasmó en un cuento también titulado La cosa humana, que fue también el título de una colección de relatos premiada en Cuba en 2009, del cual formó parte. Después de haber dejado el proyecto a un lado, Chijona y García lo retomaron en 2014, cuando ya García residía desde hacía un tiempo en Canadá y trabajaron el libreto a través de correos electrónicos. Quizá a eso se deba el hecho de que la trama quede enhebrada y nunca cuaje. García (Caimito, 1963), ha sido guionista de filmes como Páginas del diario de Mauricio y Lisanka. No sé cuánto es responsabilidad suya y cuánto es de Chijona, pero lo cierto es que lo peor del filme es el guion.

Héctor Medina, un actor que debutó con Chijona en Boleto al paraíso y que se ha convertido en el actor joven más destacado del momento por sus actuaciones en Camionero, Viva y El rey de La Habana, se desempeña muy bien en el papel de Maykel, que le permite exhibir una vez más su alcance histriónico, ya que corría el riesgo de convertirse en el transgénero oficial del cine cubano, que aunque lo ha hecho muy bien, lo limita. Es el centro de la película.

El resto de los actores, que incluye a Enrique Molina, a Carlos Enrique Almirante y a Vladimr Cruz, están bien en sus respectivos papeles, lo que sucede es que los personajes carecen de identidad y parecen limitados a repetir chistes alusivos que a veces resultan difíciles de espetar. La única excepción es Miriel Cejas, que ha estado muy bien anteriormente en Boleto al paraíso y en Conducta, pero que aquí parece perdida en su personaje de Shatila, una policía que es a la vez una dominatrix sexual, pero que nunca se ve espontánea como comediante.

Es obvio que Chijona gusta de trabajar con un equipo de gente conocida. El director de fotografía, Raúl Pérez Ureta, de larga trayectoria en el cine cubano, ya trabajó con él en Boleto al paraíso y la fotografía es uno de los mejores aspectos del filme, aunque a la larga no aporta mucho debido al vacío visual del guion, que descansa demasiado en la verborrea.

Es una lástima que esta película, con un tema promisorio, termine siendo un filme desarticulado, que resulta incapaz de enredarnos en sus enredos y pierde rapacidad en su mordida artística.

La cosa humana (Cuba, 2015). Dirección: Gerardo Chijona. Guion: Gerardo Chijona y Francisco García, basado en la idea y el cuento originales de Garcia. Director de fotografía: Raúl Pérez Ureta. Con: Héctor Medina, Carlos Enrique Almirante, Enrique Molina y Miriel Cejas. La película se estrenó en Cuba a principios de año y se ha estrenado en los festivales Havana-New York y Tribeca en abril y mayo de 2016.


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