Actualizado: 22/03/2023 22:53
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Mil y una noches, Literatura, Narraciones

Las mil y una noches

A tantos siglos de su creación, sería superfluo reseñar esta obra, pero su agradable lectura motivó este escueto comentario

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Hay innumerables versiones y compilaciones de Las mil y una noches. Esta edición consta de 462 páginas y fue publicada en España por Edimat Libros, S. A.

A tantos siglos de su creación, sería superfluo reseñar esta obra, pero su agradable lectura motivó que escribiera un escueto comentario sobre su contenido.

Lo primero que me llamó la atención fue la diferencia entre la higiene de sus personajes y la de los que aparecen en los textos de Cervantes.

El baño (hammam) y la limpieza corporal son menciones comunes y frecuentes en este maravilloso libro.

Hay cuentos en que los protagonistas son animales. Fábulas como las de Esopo, pero mucho más elaboradas y extensas que las del escritor griego.

Algunas parecen haber sido escritas por el mismo autor, pues es evidente la similitud en el patrón y los ardides de la trama. Además de las historias más conocidas como la de los siete viajes del inquieto aventurero y perenne náufrago Simbad el Marino; la de Aladino o la lámpara maravillosa; y la de Alí-Babá y los cuarenta ladrones, hay de todo en este conjunto de ficciones orientales:

Comedia de enredos y travestismo, como en la Historia de Kamaralzamán y la princesa Budur.

Canibalismo: “Y en el tablón de las cabezas de carnero había tres cabezas humanas, desolladas, limpias y cocidas al horno para la venta”, en Historia del cuarto hermano del barbero.

De sumo interés son las profundas divagaciones sobre la religión islámica, sus leyes y costumbres, así como las preguntas y respuestas y los acertijos y adivinanzas en la Historia de la docta Simpatía. Véase esta definición sobre un fenómeno de tanta actualidad: “La guerra santa es la que se lleva a cabo contra los infieles cuando el islam está en peligro. No se debe hacer más que para defenderse y jamás debe tomarse la ofensiva. ¡Cuando el creyente se ha puesto ya sobre las armas debe ir contra el infiel sin volver sobre sus pasos nunca!”.

Las historias ocurren en países que en la época actual se mencionan diariamente en la prensa: Siria, Afganistán, Irak, Irán, Egipto. El nombre de las ciudades es usualmente adornado con algunas de sus características, por ejemplo: “Damasco, la ciudad de las flores y de las frutas y de las aguas dulces”. “Bagdad, morada de paz”. Descripciones que contrastan con el estado de violencia y terror en que se encuentran hoy en día.

Los esclavos negros son, en más de un relato, motivo del celo de sus amos, cuando sus esposas y concubinas satisfacen con ellos sus fantasías sexuales, en infidelidades privadas o en orgías.

Muchos de los personajes beben aguas perfumadas con almizcle o rosas y, también, a pesar de los mandamientos del Corán, son muy aficionados al vino.

Raras expresiones que se repiten:

“Besar la tierra entre las manos” (fórmula de cortesía y agradecimiento).

“Escucho y obedezco” (fórmula de avenencia a una orden o petición).

“Un día entre días” (frase con que comienzan los párrafos que narran lo que ha sucedido en un día especial).

La metáfora más usada (casi la única) para describir la belleza de la mujer, aunque también la del hombre, es la Luna.

Pongo fin a estas breves conjeturas y observaciones con una anécdota familiar.

Cuentan mis hermanas que, en Remedios, ciudad donde vivieron los primeros años de su niñez y adolescencia, había una tienda de ropa llamada La Bandera Cubana, cuyos dueños, Matilde y Vitalio, eran de un país del Medio Oriente.

Vitalio, al saludarlas, solía (para el asombro de ellas) decirles: «Mi ojo».

Pues resulta ser que en los cuentos de Las mil y una noches se emplea con frecuencia esa expresión, equivalente al “mi vida”, “mi cariño”, “mi corazón” de los cubanos. Después de tantos años, gracias a mi lectura, se reveló el misterio que tanto las intrigaba.


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