Actualizado: 17/10/2017 10:31
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Cine, Arte 7

Laudatorio comedido

Parece que Oliver Stone ha descubierto al hombre unidimensional y aunque al principio no lo sabemos, se ha enamorado de él

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A estas alturas, casi todo el mundo está bastante bien informado acerca de Edward Snowden, el famoso soplón que reveló, hace un poco más de tres años, detalles sobre unos programas secretos del Gobierno de Estados Unidos, el PRISM y el Tempora, dedicados a recoger toda la información de tráfico de llamadas telefónicas y de la Internet, que incluyen los que reúnen las principales compañías de servicios de celulares, así como las maquinarias más importantes del mundo virtual como Google, Facebook y otras.

Por lo anteriormente dicho, no hay sorpresas en el filme Snowden, realizado por el hasta ahora siempre polémico cineasta Oliver Stone. Bajo la cubierta de un estudio caracterológico, la película se pudiera considerar una “making of” dramatizada del documental Citizenfour, dirigido en 2014 por Laura Poitras, en el cual la cineasta narraba cómo fue contactada por Snowden y el proceso que se llevó a cabo para finalmente revelar, junto con Glenn Greenwald, entonces columnista de The Guardian, la información sobre el ciberespionaje que llevaba a cabo el Gobierno americano con sus ciudadanos.

Stone, un hombre dado a utilizar el cine como vehículo catártico y psicoterapéutico para sus obsesiones personales, aquí se presenta carente de ferocidad y quizá hasta de entusiasmo. Siguiendo elípticamente el argumento del documental, Stone da saltos a momentos supuestamente claves en el desarrollo de la conciencia de Snowden. Su encuentro con quien sería su esposa, su guía “espiritual” en los laberintos del espionaje, sus primeras misiones y finalmente su incapacidad para seguir callando.

Afortunadamente, Stone evita la biografía psicoanalítica y no nos lleva a tratar de entender sus relaciones familiares. Este es el mayor mérito del filme, pero parece que Stone ha descubierto al hombre unidimensional y aunque al principio no lo sabemos, se ha enamorado de él. Snowden se presenta como un individuo frío, guiado exclusivamente por un exacerbado sentido del deber, carente de humanidad (quiere salvar al pueblo americano, pero no a los americanos) y que no siente ninguna culpabilidad por las posibles víctimas de sus acciones. Padece de un mesianismo crónico.

Todo esto se va desarrollando de la forma más convencional posible, algo a lo cual Stone no nos tuvo acostumbrados hasta que realizó W. en 2008. Quizá a sus setenta años, con su amigo Hugo Chávez muerto y su admirado Fidel Castro ya como un esperpento decrépito, el cineasta no tiene suficiente motivación para seguir polemizando o a lo mejor ya exorcizó todos los demonios que trajo de Viet Nam. Pero lo peor es que al final pierde toda coherencia y se convierte en un canto laudatorio, que pierde todo su comedimiento inicial y que convierte a su personaje en un ídolo de pancarta. La película a veces parece limitarse a pasearnos por escenarios atractivos o exóticos (Ginebra, Hong Kong, Hawái), en tono de postal turística, para finalmente no enseñarnos Moscú, donde todavía radica Snowden, junto a su novia, que se le unió y que allí trabaja de acróbata.

Oliver Stone (New York City, 1946), realizó algunos filmes interesantes como Platoon, The Doors, Natural Born Killers y aunque no comparto el entusiasmo, Wall Street, que, aunque no entiendo la razón, se ha convertido en un filme icónico. También ha realizado documentales de admiración sobre las figuras de Hugo Chávez y Fidel Castro. Pero al menos, en sus trabajos, mantenía una garra filosa, que provocaba el debate. En Snowden parece estar completamente perdido y anémico. La película interesa más por su tema y sus paisajes que por su realización. Aunque durante la mayor parte del filme no editorializa ni deja ver sus opiniones, al final se le salen su favoritismo por los caciquillos populistas latinoamericanos.

Las actuaciones son buenas, pero dramáticamente demasiado lineales y encartonadas. No hay nada que reprochar a Joseph Gordon-Levitt (50/50, Inception) en su papel de Snowden ni a Shailene Woodley (The Descendants, Insurgent) en su rol como Lindsay Mills, la audaz amante de Snowden. También eficaces están los siempre extraordinarios Melissa Leo, Rhys Ifans y Tom Wilkinson en sus respectivos papeles. Como parece que trabajar con Stone aun inspira respeto en el gremio, hay breves actuaciones especiales de Nicolas Cage, Ben Chaplin y Joely Richardson, que no aportan nada más allá de sus meras presencias inútiles.

Los verdaderos culpables de esta cinta hueca son Oliver Stone y su coguionista Kieran Fitzgerald (The Homesman). La fotografía de Anthony Dod Mantle (Slumdog Millionaire), no aporta nada y quedaría mejor en un filme de James Bond o de Jason Bourne. Stone termina presentándose como un fanático sin complejos de un individuo fanatizado con sus propios principios.

Snowden (Coproducción franco-alemana-americana, 2016). Dirección: Oliver Stone. Guion: Oliver Stone y Kieran Fitzgerald. Director de fotografía: Anthony Dod Mantle. Con: Joseph Gordon-Levitt, Shailene Woodley, Rhys Ifans, Melissa Leo y Tom Wilkinson. De estreno en todo Estados Unidos.


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