Actualizado: 29/02/2024 16:32
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Lecturas para comenzar el año

Tres recomendaciones de obras dirigidas al público infantil y juvenil, pero que no defraudarán a quienes sigan siendo fieles a su infancia a través de los libros

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Mañana acaba, ¡por fin!, el desenfreno de consumismo y despilfarro en que se han convertido las fiestas navideñas. Terminarán estas con el Día de los Reyes Magos, una tradición que se celebra en países del mundo hispánico, así como en otros como Alemania, Bélgica, Polonia y Austria. Aunque Melchor, Gaspar y Baltasar no olvidan a los adultos, el 6 de enero es día particularmente especial para los niños y las niñas. Al levantarse, muchos de ellos encontrarán los regalos de toda la vida: muñecas, bicicletas, trenes, peluches, juegos de mesa…

Pero sin duda los que más abundarán han de ser los videojuegos, las consolas, los nintendos, los celulares y toda esa parafernalia tecnológica que ha invadido los hogares. Un ejemplo elocuente del cambio que en ese sentido ha tenido lugar, lo tuve hace unos días en el gimnasio. Una joven me contó la historia real de una niña de ocho años que pidió a los miembros de su familia que cada uno aportara una cantidad de dinero para que el Día de los Reyes Magos le regalasen… un iPhone. Y estoy casi seguro de que se refería al último modelo, pues es el que desde hace semanas se anuncia por todas partes. Vivimos bajo el dominio de las pantallas, y ni siquiera los niños se resisten a él.

Entre los adultos, aún se conserva la buena costumbre de regalar o recibir un libro el 6 de enero. Pero no creo que se les ocurra extenderla a sus hijos, sus sobrinos o sus nietos. Lo más probable es que ellos consideran que no apreciarán su gesto. Se trata, sin embargo, de una buena manera de que se inicien en el reconocimiento del valor que tienen los libros, así como de iniciarlos en ese impagable placer que proporciona la lectura. Significa abrirles las puertas a ese mundo maravilloso, algo que Harold Bloom resume admirablemente en el prólogo a su libro Relatos y poemas para niños extremadamente inteligentes de todas las edades. De ese texto he sacado estas palabras que a continuación reproduzco:

“Un niño, a solas con sus libros, es, para mí, la verdadera imagen de la felicidad potencial, de algo que siempre está a punto de ser. Un niño, solitario y con talento, utilizará una historia o un poema maravillosos para crearse un compañero. Ese amigo invisible no es una fantasmagoría malsana, sino una mente que aprende a ejercitar todas sus facultades. Quizás es también, ese momento misterioso en que nace un nuevo poeta o un nuevo narrador”.

Aporta nueva vida al concepto de los libros ilustrados

Había concebido este preámbulo para recomendar tres obras de literatura infantil y juvenil. Pero el título del libro de Bloom responde a su idea de que esa categoría tuvo alguna utilidad hará un siglo, pero hoy, cito sus palabras, “es más bien una máscara para la estupidización que está destruyendo nuestra cultura”. De acuerdo a él, “casi todo lo que ahora se ofrece comercialmente como literatura para niños, sería un menú insuficiente para cualquier lector de cualquier edad en nuestra época”. Y aunque pienso que esa generalización es injusta y se puede refutar, no quiero iniciar el año polemizando con Bloom ni con nadie. Así que paso a sugerir tres libros “para niños de todas las edades”.

El primero es de la escritora e ilustradora coreana Heena Baek (Seúl, 1971). Su obra es muy original y eso ha hecho que en 2020 fuera reconocida con el Astrid Lindgren Memorial Award, el más prestigioso premio que se da en el campo de la literatura infantil. El jurado justificó su decisión con estas palabras: “Con un sentido exquisito de los materiales, las miradas y los gestos, los libros cinematográficos ilustrados de Baek Heena escenifican historias sobre la soledad y la solidaridad. En sus evocadores mundos en miniatura convergen lunas de pan y sorbetes, animales, hadas del baño y personas. Su obra es una puerta a lo maravilloso: sensorial, vertiginosa y aguda”.

Quiero llamar la atención sobre el verbo escenifica empleado por el jurado. Dado que se trata de historias llevadas a la letra impresa, lo lógico sería decir narra o cuenta. Pero sucede que Baek usa una técnica original para crear sus libros. Empezó a hacerlo cuando nació su hija y tras haber laborado en publicidad y multimedia dirigida al público infantil. Con sus soluciones artísticas ha aportado nueva vida al concepto de los libros ilustrados, al enriquecerlo con innovadores modos de expresión visual.

Baek trabaja con maquetas y figuras elaboradas con diferentes materiales. Uno de estos procede de lo que en Corea del Sur se conoce como Hanji. Consiste en un papel hecho a mano, que se fabrica con la corteza del dak, un árbol que crece en las montañas rocosas de ese país asiático. La creación de cada nuevo libro significa para la escritora un proceso que le exige mucho tiempo y dedicación. Lo inicia con la elaboración de una maqueta, que luego es trasladada al papel. Hace los personajes con materiales como papel maché, luego los fotografía e integra al escenario. Al hacer esto, logra un maravilloso contraste entre el mundo plano y el tridimensional. Para los textos, Heena utiliza un tipo de letra redonda y sencilla, que facilita la lectura.

Historia entrañable y llena de encanto

Ganadora de unos cuantos premios tanto en Corea del Sur como en otros países, sus libros se han traducido a numerosos idiomas. Varios de ellos están publicados en español. Doy una breve información sobre algunos. Caramelos mágicos tiene como protagonista a un niño solitario que se entretiene jugando con canicas. Un día se encuentra unas que resultan ser caramelos que poseen poderes mágicos. La extraña mamá es un cuento de hadas moderno, que narra cómo la madre de un niño que se halla con fiebre halla quien lo cuide mientras ella trabaja. En Una visita muy rara, a la casa de dos hermanos llega un gracioso personajillo que provoca truenos y lluvia cuando se enfada, cae nieve cuando llora y se tira pedos cuando come pan. Y en Helado de luna, una noche de sofocante calor en la que los vecinos de un edificio no pueden dormir, de pronto la luna comienza ¡a derretirse! Una abuelita muy ingeniosa recoge las gotitas y prepara helados para todos.

El libro de Baek que forma parte de mi trilogía de recomendaciones es Pan de nube (Editorial Kókinos, Madrid, 2022, traducción de Seong Cholin y Kwon Eunbee). Está recomendado para niños a partir de 3 años, pero en este caso coincido con Bloom en que es un libro que disfrutarán lectores de cualquier edad. Cuenta una historia entrañable y llena de encanto, que empieza así: “Era una mañana de lluvia. Al otro lado de la ventana todo estaba mojado”.

Esa mañana lluviosa, dos gatitos traviesos y con ganas de jugar se ponen sus chubasqueros y salen fuera. Se quedan un buen rato mirando al cielo y, como afirma el que sirve de narrador, “parecía que ese día fuera a pasar algo fabuloso”. Y así fue. Se encontraron una pequeña nube enganchada en la rama de un árbol. No pesaba nada, era suave y ligera, y sujetándola con mucho cuidado para que no se rompiera se la llevan a su mamá. La mamá amasa la nube, la divide en redondos bollitos y los mete en el horno. A los 45 minutos, sacó los apetitosos panecillos de nube, que flotaron por la cocina y la inundaron de un dulce olor.

¿Qué pasa cuando comes pan de nube? Eso deben haberse preguntado la madre y sus dos hijos, así que los probaron, y en cuanto lo hicieron comenzaron a flotar como los panecillos. Los dos gatitos salieron de la casa y ayudaron a su padre para que no llegase tarade al trabajo. Dejó de llover y como flotaron mucho, aterrizaron en el tejado de su casa. Tenían mucha hambre, de modo que se comieron otro panecillo de nube bajo las nubes blancas que aún quedaban en el cielo.

Aunque la historia es sencilla, Baek sabe narrarla con mucha gracia y con una buena dosis de ternura. El suyo es además un libro que se disfruta visualmente. Los integrantes de la familia gatuna —la madre, el padre y los dos hijos— están hechos con papel y cartón y la escritora los incorporó en escenarios que, en algunas ocasiones, son fotos de espacios reales. Lo son la cocina y el cuenco que la mamá usa al preparar los panecillos, y también el tejado de la casa donde se sientan a descansar los dos gatitos. Ese juego con las fotos que dan un ambiente realista y la fantasía de las situaciones, aportan al libro una atmósfera singular. Pan de nube es un libro muy recomendable para los que tienen la cabeza en las nubes, para los que se aburren los días lluviosos y para todos aquellos que disfrutan la buena literatura.

Reelaboró la novela durante diez años

Los otros libros que he escogido como sugerencias de lectura están firmados por autores cubanos. Ambos cuentan con una destacada trayectoria, en la cual han acumulado una extensa bibliografía, y su trabajo ha sido reconocido con numerosos premios. El primero es Joel Franz Rosell (Cienfuegos, 1954), cuyo catálogo reúne una treintena de títulos de libros para niños y adolescentes. Unos cuantos están traducidos a una decena de idiomas, y por algunos de ellos ha recibido galardones en Cuba, España, Alemania y Francia, país donde reside. Tras trabajar allí como periodista en Radio France International e impartir clases en la Universidad de Marne la Vallée, desde 2004 se dedica por completo a su actividad como escritor, ilustrador y animador literario.

Su más reciente publicación en nuestro idioma es Mi tesoro te espera en Cuba (Editorial Verbum, Madrid, 2023, 152 páginas). Con la versión original en francés, Cuba, destination trésor, su autor se alzó con el Premio de la Ville de Cherbourg-Octeville y quedó finalista en el Prix de Jeunes Lecteurs. Se trata de una novela de aventuras para jóvenes, que cuenta el descubrimiento de un doble tesoro que hace en Cuba una adolescente española. Fue en Brasil donde Franz Rosell la empezó a escribirla, y luego la reelaboró durante diez años, buscando seguir la realidad cambiante de Cuba tras la caída del Muro.

Su protagonista se llama Paloma. Tiene doce años y aunque nació en España, sus familiares son de origen cubano. De la isla caribeña ella apenas sabe lo que le ha contado su tío bisabuelo, a quien llama Tisabuelo. Este nunca pronuncia el nombre de su país natal, pero todo el tiempo habla de él y se refiere al mismo como “Allá”. Catalina, una de las tías de Paloma, es arquitecta y está construyendo un hotel en Cuba. Y le propone a su sobrina ir a pasarse allá la Semana Santa.

En la familia todos habían escuchado al Tisabuelo hablar de un tesoro que dejó escondido en la Isla. Fue antes de haber salido clandestinamente, cuando se sintió en peligro por haber tenido buenos amigos en el derrocado gobierno de Batista. Su mujer se quedó y nunca más volvió a verla. Cuando se decidió que Paloma haría el viaje, el anciano le habló del tesoro, le encargó que lo buscara y le dio instrucciones de cómo dar con él. Tras pensárselo, Paloma se dijo: “¡Pues ya que voy a Cuba, buscaré el tesoro! Y si no lo encuentro, por lo menos descubriré el misterio de la tía bisabuela”.

Al llegar al aeropuerto, la aguardaba su tía Catalina. La acompañaban un colega y su hijo Jorge. Se dirigieron directamente a Varadero, donde Paloma no tardó en descubrir con asombro que los cubanos que no vivían ni trabajaban allí tienen el acceso limitado a esa famosa playa. También le llamó la atención que un variopinto grupo de personas se amontonaban frente a una cafetería de aspecto desaliñado. Quiso saber qué hacían ahí y, como si fuera lo más natural del mundo, Jorge le contestó que esperaban en la cola para merendar. Pero Paloma también tuvo ojos para disfrutar de las bellezas de Varadero: “¡Qué arena tan fina! ¡Qué color turquesa el del agua!”.

Desde la naturalidad de la vida cotidiana

La primera excursión que hacen tía y sobrina es a los cayos, a donde van con Jorge y su padre. El chico comenta a su nueva amiga que es la primera vez que monta en yate y visita un lugar como aquel, un comentario ante el cual Paloma le expresa su asombro:

“—¡No te creo! ¿Cómo puedes desaprovechar este paraíso, tú que lo tienes, como quien dice, al alcance de la mano?

“Jorge demoró un poco en responder.

“—No es tan fácil como piensas. Si estamos aquí ahora es porque mi papá es amigo del jefe de las excursiones para turistas y porque tu tía pagó nuestras plazas en dólares.

“—¿Y por qué no vienes en otro barco? Los habrá que no sean para turistas extranjeros y que se paguen en dinero cubano.

“—Pues no, no los hay”.

Aquella excursión le reportó a Paloma una inesperada alegría. Jorge vive en una ciudad pequeña que, de acuerdo al plano que le dibujó su Tisabuelo, era el mismo lugar donde él había pasado los mejores años de su vida y que se vio obligado a abandonar con dolor. Era, pues, la ciudad donde a su nieta la esperaban a un tesoro y un misterio.

Mi tesoro te espera en Cuba, ya lo apunté, es una novela de aventuras. Y aunque Paloma no puede cerrar los ojos a la dura realidad que para los cubanos es la vida cotidiana, Franz Rosell se centra en narrar las experiencias que acumuló en la Isla. Ella y su amigo Jorge ven películas en video, prueban todos los videojuegos electrónicos, comparten lecturas y, sobre todo, pasan mucho tiempo en la piscina. Paloma conoce además a Carbó, Kilito y Maruchi, amigos de Jorge, y como resultan muy “majos”, decide revelarles el verdadero motivo de su búsqueda de la casa que perteneció a su Tisabuelo. Y que, vaya coincidencia, resulta ser hoy el colegio donde los chicos estudian.

Desde ya varios años, la literatura dirigida al público infantil y juvenil ha pasado a incorporar asuntos que forman parte del mundo en el cual viven hoy los chicos. Se les habla así de la diversidad sexual, de la violencia, del racismo, la emigración, la muerte… Al igual que los adultos, están bombardeados por la información y tienen acceso a las nuevas tecnologías. Eso hace que los adolescentes lo sean cada vez más temprano, y los autores no pueden estar de espaldas a eso.

En su novela, Franz Rosell refleja sin eufemismos la compleja situación social del país al cual Paloma va de vacaciones. Pero lo hace desde la naturalidad de la vida cotidiana, sin forzar el relato. Las cosas que a la chica le parecen injustas las va descubriendo por sí misma durante sus andanzas. Por otro lado, es un aspecto que no se adueña del libro, que ante todo narra una historia interesante, bien hilvanada y contada con una escritura en la que no faltan toques de humor. Acierta también el autor de la novela al no dar cabida a los tópicos costumbristas y folclóricos más manidos, que solo dan una imagen superficial de lo que es Cuba.

Recordar con pies ligeros, porque el olvido huraño y terco

El tercer libro que voy a recomendar es un poemario del pinareño Nelson Simón (1965): Canciones de ida y vuelta (Ediciones Matanzas, 2018, 109 páginas). Y para los escépticos que piensen que la poesía no gusta a los niños —estos, aseguran, prefieren los cuentos— y que no sirve para nada práctico, voy a dar como argumento lo que opinan dos autores que además son reconocidos especialistas en la literatura para niños y jóvenes, Sergio Andricaín y Antonio Orlando Rodríguez. De acuerdo a ellos, la poesía es deliciosamente útil, y aparte del ritmo y la armonía de unos sonidos, da la posibilidad de una sonrisa, una sugerencia, una pregunta o un montón de impresiones y sensaciones. En otras palabras, humaniza, enriquece las capacidades expresivas y propicia el placer estético.

En Canciones de ida y vuelta, Simón demuestra toda la experiencia que ha adquirido en los muchos años que lleva dedicado al quehacer poético, tanto para el público infantil como para los adultos. El suyo es un libro que combina oficio y talento, y desde el primer texto destila talento, sensibilidad y un gran conocimiento de las que constituyen sus herramientas esenciales: el lenguaje y las formas poéticas.

A partir de lo que conserva su memoria, Simón emprende un viaje por distintas geografías, en su mayoría de España, visitadas por él. En una especie de epílogo con el cual cierra el libro, expresa que por sus manos “pasaron muchos inviernos, países inventados, países ciertos, estaciones y amores, ciudades, pueblos…”. Y al cabo de los años, cuando se ha sentado a recordar aquellos lugares amados por él, le han salido estos poemas, en los que quiere valerse de su memoria “con pies ligeros, porque el olvido huraño y terco, es como un zapato que queda estrecho”.

Empieza Simón su periplo en Andalucía, y luego lo prosigue por Madrid, Castilla, Galicia, Barcelona, para después darse un salto a Francia, Portugal e Italia. Varios de los sitios sobre los que escribe son muy conocidos por los turistas: el Parque del Buen Retiro, la Torre de Pisa, el Puente de los Suspiros, la Fontana di Trevi, las Ramblas barcelonesas. Pero en el libro aparecen recreados desde la ensoñación, el lirismo y la evocación teñida de nostalgia. De la tierra donde nació su abuelo, quien luego se fue a Cuba, expresa: “Galicia,/ ¿aún regresan las sirenas/ a tus costas a cantar,/ y los duendes, al hogar;/ cambian por amor las penas?/ ¿Hay brujas malas y buenas/ soplando brasas y leños?/ ¿En tus bosques/ hay pequeños elfos,/ gnomos,/ trasgos,/ hadas?/ ¿Aún son tus tierras/ almohadas/ para los sueños?”.

La visita a Granada lleva a Simón a rendir tributo a un escritor muy asociado a esa ciudad andaluza en su “Luna para Lorca”: “La luna pasa temblando/ envuelta en su manto frío./ La luna pasa y el río/ se va callando.// La luna es un toro rojo/ en el centro de la plaza./ La luna sobre tu casa/ es como un ojo.// La luna es mirlo y amapola,/ es calandria y sicomoro,/ es la daga y el tesoro/ de tu alma sola”.

En el libro hallamos algunos textos que poseen un tono más juguetón y risueño. Dos ejemplos de ello son el que Simón dedica a los monos de Gibraltar, que “saltan de rama en rama/ sobre el peñón,/ chillan con voz de trueno/ como un cañón”; y el otro que por ser breve reproduzco íntegramente: “¿Será tan vieja la Torre de Pisa/ que se inclina sobre el suelo/ como abuelita?// Buscadle un bastón o muletilla,/ le duele la columna/ a la pobrecilla.// Enderezadla, por favor,/ o denle algún calmante/ para el dolor.// Si se sigue inclinando se va a caer,/ y hecha polvos/ nadie la va a querer”.

En esos cuarenta y tantos poemas, Simón despliega todo un muestrario de métricas, rimas y combinación de registros, que evidencian el cabal dominio que tiene de ellas. En las líneas reproducidas en la contraportada del libro, Yanira Marimón comenta: “Ingenio y belleza se respiran en estas canciones de ir y volver, canciones iluminadas, entrañables y sinceras”. Son unos elogios que hacen plena justicia a un libro que es un excelente y maduro ejemplo de seriedad y rigor en el decir poético.

No quiero concluir sin dedicar unas líneas a la cuidada y hermosa edición que da más realce a los méritos literarios de Canciones de ida y vuelta. Los poemas de Simón tienen un complemento artístico adecuado en las ilustraciones de Erick Tápanez. Otro acierto a resaltar lo constituye la original idea del diseñador Joahnn E. Trujillo de que las páginas de cada uno de los seis bloques —estaciones, los llama su autor— sean de un color diferente. El libro posee además una tipografía elegante y con un puntaje que uno, como lector, agradece. En resumen, hablo de cualidades que son el sello característico de los libros que salen bajo el sello de Ediciones Matanzas.