Actualizado: 07/12/2022 17:02
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Con ojos de lector

Lorca que te quiero Lorca

Una selección de textos críticos y testimoniales refleja la huella que dejó en Cuba la breve pero intensa estancia del poeta y dramaturgo español.

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Desde la etapa de la colonia, nuestra isla ha sido visitada por celebridades y personajes famosos de numerosas nacionalidades y pertenecientes a disciplinas y campos muy diversos. No con el ánimo de hacer lista, sino sencillamente para ilustrar lo que digo, recuerdo que por allá pasaron e incluso en algunos casos residieron Sarah Bernhardt, Anaïs Nin, Enrico Caruso, Langston Hughes, Renata Tebaldi, Luis Cernuda, Lola Flores, Thomas Merton, Pablo Casals, Graham Greene, Pedro Henríquez Ureña, Serguei Prokofiev, Juan Ramón Jiménez. De su estancia entre nosotros han quedado registros escritos, unos firmados por ellos y otros por quienes fueron sus anfitriones o simples testigos de sus andanzas cubanas. Muy pocas visitas, sin embargo, pueden competir con la realizada en la primavera de 1930 por Federico García Lorca, en cuanto al cariño con que se le recuerda y a la cantidad de tinta que ha hecho correr.

Algunas de las páginas que durante y después de su estancia en la isla se publicaron han sido bastante divulgadas. Otras, por el contrario, permanecen olvidadas en los periódicos y revistas donde vieron la luz. El investigador Miguel Iturria Savón (La Habana, 1955) cuenta que entre 1996 y 1997 revisó minuciosamente diversas publicaciones cubanas, para rastrear lo escrito acerca de la visita a la isla del escritor español. Apunta que por sus manos pasaron decenas de artículos, ensayos, conferencias, discursos, testimonios y poemas. Pese a que la abundancia de ese material limitó y dificultó su labor, logró decantar un conjunto de textos de gran variedad y valor testimonial y literario. Eso lo llevó a concebir el proyecto de una antología, que recopilase "aquellos trabajos que ofrecieran las coordenadas cubanas de García Lorca y contribuyeran, a su vez, a una interpretación diferente de algunos aspectos de su vida y su obra". Fue ésa la génesis de Miradas cubanas sobre García Lorca (Editorial Renacimiento, Sevilla, 2006, 169 páginas).

En la presentación del libro, Iturria Savón también comenta que el libro debió aparecer en 1998 en Cuba, bajo el sello de la Editorial José Martí. Mas impidió su salida la inclusión de Lorca hace llover en La Habana, de Guillermo Cabrera Infante, "autor excomulgado en la Isla por su filiación política contraria a las autoridades que rigen la vida y la cultura". Paradójicamente, agrega, "el gran escritor exiliado me pedía desde Londres excluir su deliciosa disertación lorquiana de cualquier edición insular". Un ejemplo más, por si a alguien le hiciera falta, de la esquizofrenia a la que las discrepancias ideológicas son capaces de arrastrar a los cubanos.

La selección hecha por Iturria Savón incluye trabajos que, de acuerdo a él, se hallan a mitad de camino entre la evocación y el ensayo breve. Llevan las firmas de Juan Marinello, Emilio Roig de Leuchsenring, Emilio Ballagas, Lino Novás Calvo, José Lezama Lima, Raúl Roa García, Nicolás Guillén, Dulce María Loynaz, Cabrera Infante y José María Chacón y Calvo. En la antología se reproducen además las entrevistas de Cira Bianchi Ross a este último y de Ángel Rivero a Flor Loynaz. El compilador suma a esos textos uno suyo, La ruta cubana de Garía Lorca, que corresponde a la conferencia que leyó en abril de 1998 en el hoy difunto Centro Cultural de España de La Habana. En esas páginas, hace un sucinto pero exhaustivo resumen de las actividades realizadas por García Lorca en la Isla.

Varios de los textos recopilados por Iturria Savón habían aparecido ya en libros. Son los casos de los pertenecientes a Marinello, Lezama Lima, Cabrera Infante, Guillén y uno de los dos de Chacón y Calvo (el otro, en cambio, es inédito). Los restantes sólo se podían consultar en las publicaciones periódicas donde originalmente vieron la luz. Como es inevitable en una selección de estas características, la calidad oscila de unos trabajos a otros. Tampoco hay que olvidar que algunos son entrevistas o bien artículos periodísticos breves, mientras que otros poseen un vuelo más ensayístico y crítico.

En todo caso y como toda antología, Miradas cubanas sobre García Lorca tiene la ventaja de permitir a cada lector la búsqueda de aquellas páginas que resultan más afines a sus intereses. Quien redacta estas líneas, tras haber leído el libro completo, confiesa que disfrutó más los textos testimoniales, esto es, aquellos en los cuales sus autores comparten datos y vivencias de primera mano. Esto me permitió ir enhebrando de aquí y de allá la imagen humana de Federico García Lorca que éstos plasmaron. Así, Dulce María Loynaz resume con estas palabras lo que más le llamó la atención de él: "Los ojos y ese modo de estrechar la diestra ajena, fueron lo primero que en él me impresionó. Daba la mano como si diera con ella el corazón. // Los ojos eran lo único hermoso que había en su persona física, sin que por esta afirmación deba entenderse que el resto fuera desagradable. Simplemente no había en él otro rasgo digno de atención".

Por su parte, Juan Marinello expresa: "Un contacto breve con él dejaba la sensación que puede ofrecer un árbol lozano, un río encrespado, una mañana luminosa. Era, en verdad, una naturaleza alígera, de imprevisibles vuelos, ansiosa de todos los vientos, pero alimentada de los jugos más espesos y viejos de su tierra". Respecto a su carácter, escribe: "Un muchacho encantador, sí, campechano, rumbero, dispuesto siempre a tomar una copa, bailar un son y gastarle una broma al primer desconocido que se encuentre, y colarse en cualquier sitio donde suene una música popular.// No hace un mes que se encuentra en Cuba y ya está completamente aplatanado; conoce y sabe más cosas cubanas que muchos de sus amigos y nos puede servir perfectamente a los habaneros de cicerone y descubrirnos lugares y tipos netamente criollos, para nosotros desconocidos".


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