Actualizado: 22/10/2021 20:51
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Los malabarismos del azar

Resolver un thriller es una de las tareas más difíciles que encara un guionista. Como aquí cargan la mano argumental, se pierde el ritmo y el filme tiene un final relativamente abrupto

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Un policía completamente borracho, pero desesperado por seguir tomando ya tarde en la madrugada, entra a un puticlub vacío y aunque la cantinera le dice que el sitio está cerrado, insiste en ser servido. Tras una escaramuza verbal entre el policía, la cantinera y un agresivo empleado del tugurio, aparece el dueño para apaciguar las cosas y le ofrece al policía su trago favorito, cortesía de la casa. Luego trata de congraciarse con él cuando Santos Trinidad, que después sabremos que es el nombre del agente de la ley, sintiéndose en inminente peligro se vuelve violento y acaba a tiros con los tres. La acción está bien filmada, la iluminación entre ocre y rojizo le da un tono orillero al ambiente y la violencia es cruda y sin afeites.

Así comienza No habrá paz para los malvados, el filme de Enrique Urbizu que arrasó en la reciente premiación de los Goya, ganando los premios de dirección (Urbizu), mejor guión (Michel Gaztambide), mejor actor (José Coronado), mejor montaje (Pablo Blanco), mejor música (Mario de Benito) y mejor película.

A partir de este prometedor comienzo, se desarrolla una investigación de los hechos en el cual los investigadores, a pesar de estar sobre las pistas correctas, no tienen idea de lo que están investigando y los investigados no saben exactamente quiénes los investigan. A sus ojos todo es lógicamente inexplicable y sus logros se consiguen a base de tropezones. El propio Trinidad, tras su azarosa explosión de agresividad alcohólica, se da de narices con unos hechos que de cierta manera están vinculados a su pasado y termina descubriendo una madeja que pasa del tráfico de drogas al terrorismo musulmán.

La trama fluye bien en un principio, pero a medida que avanza va tomando un tono de serial televisivo americano y aunque evita el didactismo típico de este para explicar las relaciones entre todas sus partes, que son los policías, la jueza, los narcos, los terroristas y las agencias de seguridad nacional, el filme se va enredando en su propio argumento, ya que una coincidencia sigue a la otra para resolver una situación y añadir otro protagonista hasta el punto que las coincidencias suman demasiadas y lo plausible se pierde.

José Coronado (Caja 507), un eficiente y veterano actor, interpreta muy bien a Santos Trinidad, un policía adicto al Cuba Libre (Cubata para los españoles), al cual apenas le echa unas gotas de Coca-Cola, altamente condecorado, quien de pertenecer a una distinguida sección de asuntos especiales es degradado a trabajar en “desaparecidos”. No hay mucha explicación para esto y por lo general solo intuimos las motivaciones del personaje, pero esto, que pudiera ser un defecto, se convierte en uno de los mejores aspectos del guión. Pero este tipo de policía tiene demasiados antecedentes en el cine americano. Coronado lo interpreta muy al estilo del Mike Franks de la serie NCIS que encarna Muse Watson con decrépita arrogancia y también recuerda en sus movimientos al detective Jack Mosley que hace Bruce Willis en 16 Blocks, pero Trinidad y Coronado se encuentran muy por debajo de otro antecesor de antología, el Matt Scudder de Jeff Bridges en Eight Million Ways to Die.

Los otros personajes se expresan de una manera más convencional. La jueza Chacón, protagonizada eficientemente por la casi debutante Helena Miquel, se vuelve a veces un estereotipo justiciero, de sobriedad y determinación sobrecargadas a quien se le concede un poco de humanidad presentándola como una Mater Familias amorosa, que interrumpe una reunión para atender una llamada de su hijo o su marido y darles las buenas noches. Juanjo Artero, veterano de la televisión española, está bien en su caracterización de Leiva, el suspicaz y acucioso detective, siempre poniendo la verdad y la honestidad inquisidora por delante, pero tiene muy poco que hacer con este personaje tan unidimensional. El Rachid de Younes Bachir (Ilegal) no es más que una repetición del tan visto personaje del delincuentico vuelto informante, siempre esquivo y desconfiable. Los terroristas son árabes de cliché. Los narcos son colombianos de bufonada.

La película tiene el mérito de tomarse su tiempo y no ser muy obvia. La fotografía empieza muy bien, creando un ambiente tórrido, pero a medida que avanza cobra una tonalidad y un encuadre que el Madrid marginal que quiere mostrar se convierte en un arrabal de postalita.

Resolver un thriller es una de las tareas más difíciles que encara un guionista. Como aquí cargan la mano argumental, se pierde el ritmo y el filme tiene un final relativamente abrupto. De repente una prisa recorre la trama. Se han agotado los repetidos malabarismos del azar y la narrativa se hace concluyente a la fuerza y se torna un eufemismo de si misma.

No habrá paz para los malvados (España 2011). Director: Enrique Urbizu. Guión: Michel Gatzambide y Enrique Urbizu. Director de Fotografía: Unax Mendía. Con: José Coronado, Helena Miquel, Juanjo Artero, Younes Bichir, Rodolfo Sancho y Pedro maría Sánchez. De próximo estreno en los cines de los Estados Unidos.


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